martes, 31 de julio de 2012

sábado, 28 de julio de 2012

LA VIDA SIGUE







COBI





En 1992 los Juegos Olímpicos nos tocaron en Barcelona y hoy miramos con nostalgia y asombro todo lo que llevamos pasado desde aquello, personal y colectivamente, las alegrías, los fracasos, las esperanzas, los desengaños.
Los que entonces teníamos cuarenta y tantos nos metimos en los sesenta, pasamos de la edad en que la juventud aun casi se podía rozar a la resignación de verla alejarse definitivamente.
Entonces los españoles nos sentíamos orgullosos, seguros, llevábamos la cabeza alta, optimistas y confiados: en la ceremonia de apertura lloraron de emoción deportistas e infantas, organizadores y voluntarios. Monserrat Caballé y Freddy Mercury cantaron una canción de antología que nos llegó muy dentro.
Parece que haya sido ayer, que "veinte años no es nada", y sin embargo aún no había móviles ni ordenadores en nuestras vidas e Internet terminaba de nacer, con la tecnología world-wide-web, todo el umbral de un mundo nuevo, insospechado, de iPhones, Blackberries, tabletas, e-mails, redes sociales, y todo lo que eso trajo consigo.
Entonces SIDA era sinónimo de devastación y muerte segura que ha dejado muchas ausencias.  Entonces, y esto sí es grave, aun creíamos en la política, en el Tribunal Supremo y en muchas instituciones que nos han defraudado completamente y hoy están en tela de juicio.
Hay muchas cosas en crisis, pero no todas, y la fiesta del deporte nos recuerda cada cuatro años que es posible un mundo más hermoso y solidario, cuando atletas de cientos de países desfilan ilusionados, queriendo solo poner a prueba su capacidad de superación, aunque sean de países tan pobres que a veces no tengan ni para comprarse unas buenas botas.
Dice Rosa Montero (El País Semanal) que desde el noventa y dos hemos perdido la inocencia, por desgracia siempre se pierde la inocencia cuando se tiene la edad suficiente — con crisis y sin ella — pero no la fe y la esperanza en que el mundo mañana siempre sea un poco mejor que hoy.
Dentro de otros veinte años, que volverán a no ser nada como el tango, los que sigan aquí echarán la vista atrás para volver a asombrarse de lo que lleven visto y vivido.
Y la vida seguirá, como siempre.




Torre de Calatrava

PARA UNA CHICA ESPECIAL




.

miércoles, 25 de julio de 2012

sábado, 21 de julio de 2012

EL CAMPING







óleo de Fernando Botero

En 1978 compramos una caravana y nos instalamos en el camping Paraíso, cerca de Valencia, porque mi marido tenía las vacaciones solo en Agosto (para poder darnos a la fuga...). Nos instalamos todavía en junio, locos de ilusión, y fue sin duda una experiencia a recordar con todos sus ingredientes.
Al principio estábamos rodeados prácticamente de extranjeros de paso, gente que montaba y desmontaba sus chiringuitos sin que el vecino se enterase, por muy al lado que estuviese. Yo alucinaba con aquella eficiencia, la disciplina de los niños, como se descalzaban siempre para entrar, como no había una voz fuera de tono o una sonora risotada. Era como si  hablasen para adentro o se entendiesen con la mirada, todo estaba bajo el más estricto control.
A mediados de julio la cosa cambió no obstante, debido al aterrizaje de los autóctonos, españoles de pata negra en pleno veraneo puro y duro, ¡un fiestorro, un salero! como para grabarlo de fondo de una película de Berlanga.
Aterrizaban en coches enormes, uno o varios, cargados hasta la bandera, cuando no se hacían acompañar de alguna furgoneta, ojo. Ahí había de tó, como por ejemplo alfombras para poner encima de la arena y bajo las sillas y mesa plegables, tal como salones bajo enormes toldos que mujeres diligentes se afanaban en mantener impolutos, barre que te barre. Ahí se lucían también las macetas, los televisores de los de entonces, bien fornidos, las jaulas con pájaros variados, y se sentaba el personal de convivencia, con el perro, el gato, los niños y los ancianos.
Vi llegar neveras de 2 metros, cajas de bebidas, sacos de comestibles y jamones enteros. Vi muchos juegos, un bingo incluido, y juguetes de todos los colores. Vi cocinas complementarias "para no engrasar las caravanas", vi barbacoas, vi cortinas de encaje y cojines de ganchillo.
Pero por encima de todo oí, oí hablar y hablar, chillar, cantar, reír a carcajadas, discutir a gritos, vi y oí el gozo de la gente en ebullición, liberada y alegre, tan contenta con su vida, con su gente, con la aventura tantos meses soñada de las vacaciones, con el verano, con las moscas y con todo. Corrían otros tiempos, no sé como estarán ahora.
Sin embargo en mi caravana reinaba la austeridad, solo había lo imprescindible. Los niños iban siempre en bañador y yo también, la comida era sencillísima y comprada diariamente en el Súper del camping, por cierto caro. Servidora pasaba horas jugando al ajedrez con un tablero electrónico, y un ojo siempre en los chavales, a la sazón muy pequeños, cuatro y siete años, que hicieron amiguitos y alguna vez se metían en su territorio para ver la tele. 
No me integré, no se me pasó por la cabeza hacerlo, solo sonreía para dentro con todo lo que llegaba a mis ojos y orejas: animación, ganas de pasarlo bien, y porque no decirlo, un cierto desparpajo. Me verían como un animal solitario y gris, y no les faltaba razón, porque lo absurdo y contradictorio es que en el fondo les tenía envidia y me gustaría vivir en manada como ellos, cosa que no me iría a ocurrir nunca, para mi desgracia.
Ernest Hemingway descubrió la fiesta y se enamoró de España en Pamplona, se empapó de adrenalina en los San Fermines y sus encierros antológicos, a los que tuvo que volver hasta el final para reencontrarse con esa pasión, ese viento intenso y breve de muerte y desafío.
Lo entiendo perfectamente.

óleo de Francisco de Goya

miércoles, 18 de julio de 2012

sábado, 14 de julio de 2012

GIOVANNA LA BELLA






óleo de Tiziano


Cuando le dijeron que ella se había marchado supo que aún la quería, le vino por momentos un frío desconsuelo mientras recordaba esa sonrisa tan blanca, el brillo tan verde de sus ojos, esa espléndida madurez adornada de una exuberante melena rubia. Era encantadora, simpática, alegre, inteligente, glamurosa, aterrizó en la vida de Elisa un invierno en que andaba más perdida que un barco sin GPS. No hablaba nada de español, pero tenía un entusiasmo contagioso y unas armas suficientes para "llegar y besar el santo" si supiese lo que quería, que por lo visto era un proyecto sólido de vida al lado de un hombre con estilo y con posibles.  
Anduvo de amores con un don Juan local interesante, ya entrado en años pero con el sex appeal intacto, culto, ex- rico y de muy buena familia, que se volvió loco con su encanto pero terminó por dejarla, como todos, sin que por eso se le borrase la sonrisa tan blanca ni el brillo tan verde de sus ojos: renacía de cada desengaño tal ave Fénix, más incoherente si cabe, como si en lugar de aprender desaprendiese.
Aportó a la vida de Elisa lo suficiente para que ella pagara gustosa el tributo de una relación tóxica en que solo existía la otra, solo importaba la otra, solo la otra lo sabía todo. Era consciente de sus fallos, de sus delirios, de sus contradicciones, del contraste entre su vida imaginaria y la real, pero aún así y reconociendo desde el primer día que Giovanna no era su amiga ni de nadie, aceptó complacida el papel de gilipollas a cambio de no perderla. 
Eso sí, ha aprendido a no embarcarse más en nada parecido, se quedó tan harta de narcisismos que no volvería a querer a quien no la quiera, a encandilarse con alguien que no tenga para ofrecer más que su inmenso ego.

"y en el hermoso cielo de verano,
sobre nosotros, contemplé una nube.
Era una nube altísima, muy blanca.
Cuando volví a mirarla, ya no estaba."

Bertold Brecht



obra de Federico Andreotti





miércoles, 11 de julio de 2012

martes, 10 de julio de 2012

VOLVERÉ










Tengo veinticinco años, dos carreras y tres idiomas, porque mis padres se partieron el pecho para que fuese posible esta meta, este sueño, esta esperanza en un futuro. Pero ahora van diciendo que soy de una "generación perdida" — como se atreverán (??)— porque soy de un país intervenido, rescatado, jorobado, puteado, espoleado, un país que "se deja", un país capaz de sufrir esto en silencio como las hemorroides y de meter la cabeza en la arena como las avestruces.
Pero tú no te preocupes por mí, madre, que dentro de poco tiempo esta gente que habla o roba, habla y roba o calla y roba, esta "generación ganadora" estará toda criando malvas y será la mía la que estará sacando España adelante. Y no, no se van a salvar solo sus cachorros o sus siervos, no madre, yo te prometo que entre todos los que valemos para algo vamos a ser capaces de acabar con esta basura, con los activos tóxicos y con los pasivos inconfesables. Al final el mundo siempre termina por avanzar.
De momento voy correr mundo con mi chica, trabajando para sobrevivir mientras respiro hondo, vuelo, conozco, aprendo, me enriquezco por dentro.
Pero volveré, madre, tendré aquí mi trabajo, mi casa y mis hijos, porque la generación perdida es el único futuro y ellos el presente podrido por su podrida gestión.
Dentro de pocos años llamaremos todos a la puerta de la casa que ellos hicieron solo suya, nos abrirán por las buenas o por las malas, y podrás ver por fin que España es de todos, que siempre acabará siendo de todos o de nadie, madre, para lo bueno y para lo malo: de TODOS.

Espérame con el fuego encendido.


Día Raro ( autor desconocido)

sábado, 7 de julio de 2012

miércoles, 4 de julio de 2012

martes, 3 de julio de 2012

¿QUIÉN ES MÁS FELIZ?








pintura chilena anónima



En la más reciente etapa de desmadre capitalista, los nuevos ricachones afirmaban sin bochorno que el dinero lo era todo, mientras los medios audiovisuales les hacían la ola, repasando a todas horas como era el lujo y el desenfreno; quedaba muy clarito que el que no se subía a ese carro era porque le era imposible.
Ahora han cambiado los vientos, los nubarrones de la crisis han encogido los humos a los ricos sin fundamento, los de la sonrisa blanco nuclear que ya no se estila tan blancahechos aprisa y corriendo, a golpe de cara dura. Sin embargo a los otros, los de toda la vida, también bajo sospecha y amenaza, les da por la discreción y la humildad, y ahora los medios se preocupan mucho en vendernos el pescado de que el mundo está lleno de gente rica y egoísta que no es feliz para nada y no consigue afrontar cada día sin "colocarse" antes con ayudas artificiales.
Se dice, se rumorea – eso sí, con base en psiquiatras de peso como puede ser Barry Schwartz u otros– que tener más dinero del que se puede gastar es una enorme desgracia, que las necesidades totalmente satisfechas no generan comportamiento alguno, que una persona sin ninguna motivación para la lucha diaria moriría de hastío,  bla, bla, bla...
Intento poner orden en mi propia cabeza, que si no tengo las ideas medianamente claras no puedo ser feliz yo. A saber:
– ¿Me gustaría ser muy rica?
– Supongo que sí.
– ¿ Me gustaría ser muy bella?
– Rotundamente sí.
– ¿ Me gustaría haber triunfado en la vida en algo, a ser posible interesante?
– Pues sí.
– Me gustaría tener una vida de novela, unos amores de novela, una familia de novela, una casa de novela, unos amigos de...
– ¡¡ Sí, sí, sí,!!
Una vez llegada a este punto de sinceridad y clarificados estos conceptos básicos, hay que desmenuzarlos con el sano propósito de conseguir una indispensable cordura:
Parece ser que no existen ni la felicidad completa ni la infelicidad eterna, con dinero o sin dinero, y que eso pasa porque las emociones están hechas para fluctuar como la aguja de una brújula, e igual que ella termina indicando siempre el norte, nuestras emociones siempre vuelven a lo que los científicos llaman el "estado basal" del cerebro de cada uno, y la razón de que así sea es que disponemos de un sistema llamado "inmunológico sicológico" que tiene la función de protegernos del dolor. Así pues, cuando el infortunio se nos hace insoportable, el cerebro activa los mecanismos de recuperación del bienestar necesario para seguir viviendo. Curiosamente los trastornos de poca monta, las cotidianas contrariedades de la vida, no tienen la fuerza suficiente para disparar esa reacción mental, donde entra en juego el mismísimo instinto de supervivencia. De ahí la paradoja de que a veces nos quejamos y sufrimos mucho con los problemas pequeños y sin embargo nos enfrentamos con una gran entereza a un revés serio, para sorpresa muchas veces de propios y extraños (¿les suena eso de que "lo poco cansa y lo mucho amansa"? ).
Y sí, es cierto, hay miles de estudios que lo corroboran: la gente sin dinero puede ser mucho más feliz que la que lo tiene, el triunfo lleva a algunos, no todos, claro, a la infelicidad y a la autodestrucción. Igual que dice el refrán que "la suerte de la fea la guapa la desea", el dinero es un medio, jamás un fin en sí mismo, soluciona algunas cosas, pero quedan otras muchas, esenciales y fuera de su ámbito.
Las personas con una mente sana aman la vida lo bastante para ser capaces de renacer y ser tal como eran después de cada mazazo, la aguja de su brújula interior, si el cerebro les funciona bien, siempre volverá a apuntarles la Luz y la Esperanza.

"He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido
feliz". ( Jorge Luis Borges)




Foto marroquí anónima