martes, 30 de abril de 2013

domingo, 28 de abril de 2013

PIERROT





Foto de Maria João ( Blog O Falcão de Jade)



"El amor no es solo un sentimiento, también es un arte"
 ( H. de Balzac)

Pierrot tenía un corazón muy blanco, de poeta y soñador. Necesitaba darse, darse hasta no ser él, encontrar una salida para el ansia de amar, de querer a otra persona más que a sí mismo, de regalarle su vida si fuese necesario.
Se enamoró de Colombina y creyó que sus corazones latían al compás, que ella sentía lo mismo, que era igual de sincera y pura. Como en los cuentos.
Pero de la mano de Arlequín le tocó aprender que la vida nunca es como soñamos, que nada es lo que parece, que hay otra función, más fea y más difícil, donde el cielo no es tan azul.
Entonces Pierrot recogió los trozos de su alma rota, la recompuso como pudo y siguió adelante lamiéndose unas heridas que al cicatrizar le dejaron la enseñanza de como estar solo por dentro, de compartir soledades y amar solo lo que que no hace daño.
Un frío día de invierno Colombina volvió a él, aterida y desengañada, intentando recuperar lo que había desechado, pero ya ni Pierrot era el mismo, ni ella esa persona a la que había amado tanto.

       Pour peindre vos grâces fines
       Votre taille de roseau
       Je saurai prendre à Watteau
       Son âme, ô ma Colombine.
       Un vieil air de mandoline,
       L´évoquera du tombeau.
       Pour peindre vos grâces fines
       Votre taille de roseau...


obra de William Zorach



miércoles, 24 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

EL HOMBRE GRIS







El hombre gris tecleaba con soltura buscándome un avión y un hotel acorde a mi bolsillo, y mientras tanto yo le hacía una radiografía, impactada por la grisura que había detrás de aquél impecable traje negro de entretiempo, por la impresión que me causaba su elegancia tan pulcra y tan fría. Tenía unos cuarenta años que podían ser cien, podía haber nacido viejo o haber envejecido delante del ordenador, sin risas y sin caricias, sin haber sufrido ni haber amado, no ter mujer ni hijos ni gastarse en la barra de un bar con amigos arreglando el mundo, como hacemos todos. Podía. Parecía. Inspiraba rechazo pese a estar arreglado como un novio, con su camisa impoluta y corbata de raso muy combinada, pelo impecable, todo perfecto y sin embargo insuficiente, porque la mirada del hombre gris era plana como el encefalograma de un muerto, y su voz monocorde como una sola nota del pentagrama, sonando como la de un robot, sin expresión ni vida propia.
Mientras le veía tan ausente de sí mismo me preguntaba cuando habría perdido la imaginación, si antes o después de tener papada y almohadillas en las manos lechosas, si tendría algún problema o ninguno, si sencillamente se habría diluido por dentro viendo la vida pasar sin rozarla, moviendo solo los dedos, como quien ve los toros desde la barrera, sin mojarse nunca, sin atreverse, sin romper la envoltura, la redoma, la prisión.
Cualquier cosa es preferible al mar muerto de la fría insulsez.

"Quiero salir de este muerto que me asesina el alma. Tengo otras cosas que decir. Salte de mí. Déjame tranquilo. Pido otro nombre, otro payaso. Mucho bufón, mucho enano muerto. Yo quiero un gigante. No me quites al muerto, déjalo que camine. Muévete por los trapecios, deslízate. Hazme zapato e híncame la suela. Hazte media y cálzame. Tengo cinco centavos para el baile y la comedia. Mátame si quieres, pero hazme lo blanco, hazme lo negro, hazme lo vacío. Ausencia, como si fuera la muerte de la ausencia. Como si la ausencia se quedara muerta, muerta."
( Giannina Braschi, El imperio de los sueños.)


óleo de Emilio Petorutti

miércoles, 17 de abril de 2013

domingo, 14 de abril de 2013

EL BESO
















Ayer, además de que fue el primer día de primavera alegre y luminoso, verde y azul, en que la gente se echó a la calle con más ganas de vivir que de pensar, fue también "el día del beso".
No soy mucho de acordarme de las cosas en su día, pero en el caso del beso me pareció una forma muy hermosa de reivindicar algo que siempre estuvo en un segundo plano — el beso se ve poco, no hace ruido, no molesta a nadie, y sin embargo es parte imprescindible de cada historia personal, por activa o por pasiva: se podrían escribir biografías enteras a través de los besos, del primero al último, al prohibido, al que nunca se ha dado, al que nunca se ha olvidado, al que sobró o al que supo a poco, al de la inocencia o al de Judas, al robado, al interesado, al vendido o comprado, al que nos redime, al que nos hace esclavos, al que nos despierta como el del príncipe o nos humilla como el beso al leproso de Mauriac. Los mejores son sin duda los que nos reconfortan, nos quitan el frío o el miedo o la soledad y los peores son los de las despedidas. Como cuando al besar a mi madre muerta, porque llegué tarde para besarla viva, me pareció que volvía a respirar y que sabía que era yo. 
Pero entre los besos que nunca se olvidan, hoy me quiero quedar con la última hornada, caliente como los grandes amores correspondidos: los que dí a mi nieto las navidades pasadas, con ocho mesitos él, esa edad irrepetible en que se "dejan comer a besos" porque aún no quieren suelo.
Cuando le cogí de la cuna eran las siete de la mañana, me senté en el sofá y nos tapamos con una manta. Solo la luna iluminaba el salón, y la criatura, que apenas me había visto una docena de veces, me miraba fijamente con curiosidad, luego me sonreía y volvía a chupar sosegado el dedo pulgar acurrucándose contra mi pecho. Mientras tanto yo le cubría de besos la cabecita delicada que olía a bebé y a algo mío, sabedora de que me había tocado todo un banquete de ternura para mi hambre.
El cielo se puso azul oscuro anunciando la madrugada, pero antes de que llegara el día y el bullicio, yo ya tenía en mi haber la mejor fiesta navideña con que podía soñar.
Los grandes regalos que hace la vida siempre acontecen cuando menos se espera.


óleo de Kees van Dongen

miércoles, 10 de abril de 2013

lunes, 8 de abril de 2013

DE TREPAS Y LACAYOS






óleo de Natalya Nesterova


Todos soñamos o alguna vez hemos soñado con el éxito, con llegar lejos, con mirar al mundo desde la cima. Los que tienen la suerte de encontrarse con la escalera que lleva directamente a la gloria, suben los escalones de dos en dos, que es lo propio de la humana condición. Pero ojo, una cosa es ascender por la conjunción propicia de los astros, dígase talento + esfuerzo + suerte, y otra muy distinta querer hacerlo a base de pisotones, zancadillas y otras malas artes.
Como ahora todo se define y se cataloga, al trepa vulgaris se le considera portador de una psicopatía subclínica y se le denomina "autopromotor aberrante", se dice que la gente servil y rastrera practica lo que dio en llamarse alpinismo laboral...
Se trata de un deporte bajuno, bastante de moda en el trabajo por cuenta ajena, público o privado, lo mismo da, así como en el ámbito político, artístico e incluso en el social y familiar. No es necesario entrenamiento, es una vocación que se tiene o no se tiene, solo hace falta una doble cara, ser falso por naturaleza, convincente, manejar con soltura la auto propaganda, la mentira y la calumnia, ser desmedidamente ambicioso y competitivo, hacer suyas las ideas y los éxitos de otros, presentarse como voluntario para servicios inmorales a cambio de recompensa, y un largo etc. Camaleónicos e insensibles, pueden pasar de seductores baratos a amenazantes, traidores o hasta bufones de feria, llegado el caso, pues con tal de lograr sus ambiciosos fines les van todas las vestiduras. Les conocen hasta los que les utilizan, por lo que suelen terminar muy solos.
Cuando no logran sus metas y no alcanzan el reconocimiento que esperaban, suelen auto convencerse de que eso se debe exclusivamente a la envidia ajena — la ambición y la auto complacencia suelen ir de la mano. Si por el contrario llegan a conseguir alguna cuota de poder, se convierten automáticamente en un peligro social.
El "auto promotor aberrante" puede sufrir enfermedades psicosomáticas causadas por la frustración prolongada del abismo que se abre entre las expectativas que tiene sobre si mismo y la pobre realidad que cosecha.
Algún día los especímenes más tóxicos de la tribu tendrán que abandonar este deporte, porque algún día todos los ascensos se ganarán a pulso y el vampirismo laboral y emocional ya no servirá de nada, ni en las oficinas ni en los corazones.

"Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida" ( D. Quijote)


témpera del siglo XVI, autor desconhecido ( Yale Art Gallery)

martes, 2 de abril de 2013