viernes, 28 de junio de 2013

EL VASO





óleo de Alexandre Chantron


Con cincuenta años perdió a su única hija en un accidente con una moto que le había regalado la madre, pues era la ilusión de su vida, aunque él hubiese preferido un cochecito. El día que se cumplió un año de la tragedia, su amada compañera, su amante, su amiga, se cortó las venas, incapaz de ver salida a tanto dolor y sentimiento de culpa.
El hombre pasó de tenerlo todo a quedarse sin nada, de tener sueños a tener recuerdos, de las risas a los silencios interminables, de la dulce ternura a la más cruel soledad.
Por suerte vivía en el campo, en contacto permanente con la naturaleza, con su perro, su jardín, su huerto, su sol y su luna, sus pájaros, sus libros, y lo más preciado, sus fotos, el rastro de ellas en todas las cosas, además de en su corazón.
Pero un día le agobiaron tanto las ausencias que se enfrentó a sí mismo dispuesto a poner remedio a tan doloroso existir: o se apeaba de la vida como su mujer, o seguía viviendo con coherencia y resignación. Miró el viejo vaso, compañero de los buenos y los malos tragos y se preguntó con qué llenarlo: ¿ con alcohol, hasta embotar el cerebro y anestesiar el alma, con cicuta, con hiel, con amargura, con nada? 
Entonces tomó la determinación de reinventarse con sabiduría, mientras afuera llovía mansamente como aquella tarde en que vio marchar su niña alegre por el sendero para no volver más.
Llenó el vaso de lluvia y la bebió con la sana intención de lavarse por dentro, de hacer de la vida un lugar habitable — con lo que quedaba, no con lo que había perdido. Sin ataduras ni perspectivas, libre como un halcón.


óleo de Duncan Grant

lunes, 24 de junio de 2013

jueves, 20 de junio de 2013

MUJERES







óleo de Anthony Frederick Sandys


Las mujeres han estado siempre ahí, parieron al primer hombre, (si fue antes la gallina que el huevo, cosa que nunca se supo). Lo que pasa es que la hembra por lo general es más frágil fisicamente que el macho, lo que asociado a la prepotencia provoca una burbuja de estupidez que le viene estallando en la cara y condicionando su destino.
Ahora que una nueva era está en marcha ya, es tiempo de revisar el papel femenino en la Historia desde la noche de los tiempos. La Odisea por ejemplo, no sería el canto a las pasiones universales sin la omnipresencia de la mujer, la sabiduría de Atenea, la pasión de Calipso, la entrega de Nausicaa y Leucotea, la magia de Circe, la atracción fatal del canto de Las Sirenas, la dulzura bondadosa y resignada del ama Euriclea que protagoniza una escena de inmensa ternura, y por supuesto Penélope: sabia, prudente, fiel y sumisa, encarna los valores que el hombre más enalteció siempre en la amada. Mientras los héroes como el propio Ulises, van dejando un reguero de infidelidades e hijos en el camino de regreso a esa isla perdida que todos llevamos dentro.
Los hombres han organizado siempre el mundo a su conveniencia, y si bien algunos llegan a dar la vida por el sexo débil, necesitan que siga débil para que ellos sigan fuertes — débil y resignado. Al no otorgarle voz ni voto, le han negado sistemáticamente la oportunidad de crear su propio discurso y por lo tanto su identidad, la posibilidad de tener derechos y de poder defenderlos. 
Sin embargo detrás de muchos grandes hombres hay muchas grandes mujeres en la sombra. 
Las mujeres por lo general son inteligentes, creativas, observadoras, valientes, sensibles, prudentes, pragmáticas, pacientes, sacrificadas, generosas y con una capacidad inmensa de amar y perdonar. Eso sí, reclaman ser dueñas de si mismas de una vez por todas, han caducado definitivamente los ancestrales esquemas de personajes manejados y estafados, y ahora el papel de esposa, madre o abuela es solo uno de los apartados en un abanico de posibilidades de vida.
Las mujeres tienen mucho que aportar, en igualdad de condiciones que los hombres, al mundo nuevo y distinto que ya está allí: o arrimamos el hombro juntos para sacarlo adelante, o nos vamos todos al garete, los machos y las madres que los parimos a todos... 


óleo de Jean Despujols

miércoles, 12 de junio de 2013

lunes, 10 de junio de 2013

LA BURBUJA Y LA PRIMAVERA





óleo de Elliot Daingerfield


Un nubarrón muy negro tapó el sol de la alegría como un eclipse total que llegase para quedar dejando a oscuras a mucha gente. La baja estofa de los nuevos amos del mundo empañó en poco tiempo lo que se había conquistado poco a poco en cuarenta años de democracia. Recalificaciones y especulación, el boom y su desplome, la fiebre del ladrillo, el paro y la corrupción, las troikas y las primas de riesgo, las preferentes, los estafadores, la incompetencia, la estupidez, los salarios mínimos siempre en tela de juicio y los salarios máximos siempre a buen recaudo:
¡ Aujourd´hui tout ça m´est bien égal!
La primavera no falló a su cita, y esa es para mí la mejor noticia del día: luce espléndida y cálida como una caricia. Las plantas se despiertan alegres de su letargo, los mirlos cantan como enloquecidos, toda la naturaleza nos regala su esplendor. 
Porque me gusta la vida, la mimo y la cuido lo mejor que puedo y sé; cuando las cosas se me ponen cuesta arriba, intento trepar lo más aprisa que puedo hasta un horizonte de luz y armonía en el que quiero vivir y morir.
Cada uno decide como jugar su partida y a mí ya no me importan las metas, solo quiero disfrutar los momentos, uno por uno.


óleo de Jan Matulka

jueves, 6 de junio de 2013

martes, 4 de junio de 2013

DOSTOÏEVSKI, AYER Y HOY





foto de Robert Capa


Muchas cosas que el verano pasado se tenían por quiméricas, por imposibles o por exageradas, se han realizado literalmente. A poco tardar, tras los sueños de los idealistas aparecieron ya otras doctrinas simples y accesibles a todas las mentes, como por ejemplo ensangrentar el mundo, y luego todo se arreglará de nuevo por si solo y de algún modo". (Los Demonios)
Leer a Dostoïevski es percibir con espanto y tristeza sensaciones del presente, las mismas vidas plagadas de sueños rotos por la codicia y la carencia de principios de los mismos perros con otros collares, las mismas injusticias, el mismo abuso de poder y explotación de los más débiles, el mismo sufrimiento, el mismo fracaso que solo el amor y la dignidad personal hacen llevaderos;
las grandes ideas, las grandes oportunidades, caían entonces y ahora en manos de mentecatos que las reparten entre imbéciles como ellos, para quedar todo en familia. Por lo demás, la misma indefensión, la misma impotencia, la misma mierda hasta arriba.
En la Europa del sur las ideologías sociales han fracasado estrepitosamente una vez más, y ahora todo es oscuridad e incertidumbre ante un poder manipulador que solo vela por los intereses de unos pocos, también los mismos de siempre.
El Gran Inquisidor de Los Hermanos Karamazóv afirma con su maquiavélico cinismo que los hombres se dejan llevar por aquellos que son capaces de tranquilizar sus conciencias, que la religión sirve para controlar las masas. Le dice al mismo Cristo: "Nosotros hemos rectificado tu obra, basándola en el milagro, el misterio y la autoridad. Los hombres se han puesto muy contentos al verse conducidos otra vez como un rebaño".
Por desgracia sigue vigente su discurso, no así el del padre Zósima, quién estaba convencido de que "algún día el rico más depravado acabará por avergonzarse de su riqueza ante el pobre". (Un religioso ruso, de Los Hermanos Karamazóv)
El mítico escritor supo en sus propias carnes que no hay mal más devastador que el que se disfraza con la máscara del bien, con el Vaticano a la cabeza, convertido hace siglos en Estado en vez de Iglesia.
Hoy como ayer, nos toca hacer todo tipo de preguntas para luego aventurarnos en lo desconocido sin ningún tipo de respuestas; hoy como ayer, estamos aprisionados en una espiral de basura que nos atranca las puertas del futuro.
Nos echan al mar sin bote salvavidas desde un barco de vergüenza llamado Sálvese Quién Pueda, y agarrados a una tabla seguimos esperando todos que surjan en el horizonte mentes preclaras y honestas a quién apoyar en masa, que tengan soluciones razonablemente creíbles para liberarnos de este atolladero.
Lo que queremos, enfín, son países sin miseria ni fortunas indecentes.


óleo de Frits van den Berghe