jueves, 26 de noviembre de 2020

SABER PERDER

 


                                                                          obra de Edward Middleton



Saber perder es un arte, una condición moral difícil de practicar, sobre todo cuando se viene de arriba, del poder o la gloria. Por eso es en la derrota que asoma la verdadera catadura moral de la persona, su estilo, su elegancia, su saber estar, su conocimiento y humildad. Saber perder dignifica, no saber ganar resta mérito al que triunfa. La talla de un individuo viene dada por la fortaleza con que se enfrenta a los problemas y contrariedades, porque a los éxitos todo el mundo les pone buena cara. A veces ganando se pierde y al revés, solo el tiempo es el gran justiciero que pone definitivamente a cada uno en el lugar que le corresponde.
Después de las últimas elecciones en los EEUU, al expresidente no le gustó el resultado, y como personaje inmaduro y peligroso, habló de trampas, queriendo dejar las instituciones de ese gran país al nivel de cualquier república bananera donde el sátrapa de turno siempre gana con un 90% de los votos. Hombre torpe, de moral dudosa e intelectualmente un simple, el que afirmó sin sonrojarse que el coronavirus se mataba inyectándonos lejía, intentó crear en su mandato una maquinaria diabólica de lacayos ignorantes y corruptos como él. No lo ha logrado porque felizmente para el mundo, aún quedan, de momento, algunos políticos con las ideas claras, no tan serviles como para dejarse embaucar por un descerebrado.
Las mentiras muy bien contadas funcionan, y más si hay en la sociedad desespero, desinformación y mucha gente necesitada de creer ciegamente en lo que le acaricie la oreja. ¡El planeta es un polvorín en equilibrio inestable, un campo minado, una bomba de relojería, un lugar lleno de peligros, incertidumbres, injusticias, miedos, rabias! A los ciudadanos de a pie solo nos queda intentar que en democracia ganen siempre los mejores y que luego se pongan al servicio de todos: el gobierno que no se dedica a unir es débil, como afirmó La Fontaine, y ningún poderoso puede permitirse la licencia de ofender y humillar. Los puestos de responsabilidad engrandecen a los grandes y empequeñecen aún más a los que ya de por sí son pequeños y grises. Por importante que sea el puesto, ha de ser mayor la persona.

¡Oh, yo! ¡oh, vida!
De sus preguntas que vuelven,
del desfile interminable de los 
desleales,
de las ciudades llenas de necios,
de mi mismo que me reprocho
siempre...
.... Walt Whitman

       

domingo, 1 de noviembre de 2020

LA CONDICIÓN HUMANA

 





obra de John Bellany                         



Nacemos y morimos sin ser capaces de entender el universo, el porqué y para qué de sus 93 000 millones de años luz de extensión en un tiempo de únicamente 13 000 millones de años — "porque las galaxias se separan a una velocidad más rápida que la luz, cuando es el espacio entre ellas el que se dilata". Allí queda eso.
Sin embargo podemos comparar la tierna pequeñez de un niño o de una flor con la inmensidad del cosmos sin quitarle ni un ápice de delicadeza a la fragilidad de lo pequeño y breve, ni de grandeza a lo ilimitado y eterno. Tan diminuto como nosotros es nuestro mundo, al que damos sentido y calor para poder ser razonablemente felices, cada cual a su manera, siempre que nos sean favorables las coyunturas. Cada uno vive su insignificancia como lo más importante que le puede pasar, por eso mejor que tener mucho fuera es tenerse a sí mismo. En el hipotético caso de que no hubiese otro planeta como la Tierra ni otra condición como la humana, seríamos los guardianes privilegiados, protagonistas principales de una realidad única, grandiosa, unas veces apasionantemente bella y otras desesperadamente fea, sabia e ignorante, heroica y miserable en su complejidad. No sabemos nunca qué nos puede esperar a la vuelta de la esquina, pero sí sabemos hacia donde caminamos todos y nuestro destino final, más tarde o más temprano. Envejecer no es agradable para nadie, con la decadencia física no encontramos por fuera a la persona que seguimos sintiéndonos por dentro, aunque puede llegar a ser cómodo e incluso gratificante, si la vida nos compensa con otras cosas que solo se pueden alcanzar cuando llegamos a viejos. Lo importante es conocernos y querernos a nosotros independientemente de las circunstancias, encontrar interiormente nuestra verdadera esencia, única compañera que tenemos segura en todo el proceso vital. 

" Las personas necesitan la capacidad de dar sentido a la información que reciben, para ser capaces de diferenciar entre lo que es importante y lo que no es importante." 
  Yuval Noah Harari