sábado, 29 de octubre de 2011

LA MUERTE DE GADDAFI









En la vida real, la muerte suele ser menos espectacular que en literatura o en cine. Antes de que sencillamente se nos pare el corazón no solemos estar para grandes lucimientos, frases profundas, despedidas solemnes o miradas intensas — la gente se va sin despedirse, postrada en malas condiciones o tan aprisa y precipitadamente que no le da tiempo ni a enterarse de que se terminó la función, en un bendito final que ya quisiéramos todos.
Un buen morir se prepara en vida, cuando se está en forma y con ganas de pensar en testamentos y cosas varias. Todos aspiramos a una muerte digna, a dejar un buen recuerdo a los que queremos, a un pueblo o a la humanidad entera en el caso de ser persona que va a dejar huella.
Lo que todos evitamos mientras nos queda un soplo de razón es ser cobardes, por los demás, por nosotros mismos y por esos valores que hemos defendido a capa y espada.
No es lo mismo la realidad que la ficción pero todos sabemos de vidas que, bien contadas, no tendrían que envidiar a una tragedia griega o shakespeareana.
El sátrapa libio que acaba de ser asesinado es un personaje de esos que daba para una novela, la de las bajezas a que puede llevar el delirio de un megalómano histriónico y provocador, déspota, sanguinario disfrazado de príncipe beduino ataviado con ridículos uniformes con que quería ser el rey de los reyes de África, el imán de los musulmanes. 
Oprimió y saqueó a su pueblo hasta límites insoportables, ejecutó tríbus enteras, coqueteó con el terrorismo, robó y estafó; así es "fácil"mantener el orden, eliminando cobardemente a todos los que pueden representar el más mínimo peligro, aplastando a los desvalidos e indefensos.
También para un mandatario es de una vergonzosa cobardía esconderse en una alcantarilla y salir a rastras pidiendo compasión a los que desde el poder llamaba ratas y pretendía matar uno por uno. Salió como lo que era, un chulo de pacotilla con esa pistola dorada en la mano tan hortera como él.
Si Alá estaba por allá, acaso quiso recordarle algo al Muammar, enviarle un mensaje antes de que se quedara aturdido, que fuese aquello lo último que viese con ojos de ver: el déspota llevó su mano asesina a un ojo y luego la miró con espanto bañada en sangre, todo un símbolo de lo que fue su mandato. Solo que esta vez la sangre era la suya.
A continuación le quitó la vida un puñado de hombres cargados de cuarenta años de rabia y frustración.




martes, 25 de octubre de 2011

sábado, 22 de octubre de 2011

EL CULTO A LA BELLEZA FÍSICA





óleo de Degas



Siempre pensamos que "l´enfer c´est les autres ", siempre vamos de víctimas de la sociedad, siempre la culpa fue de las injusticias, los estereotipos, la mala suerte, la incomprensión, la sequía o el chachachá... y sin embargo la sociedad es un sustantivo abstracto, la sociedad es plural, un conjunto, la sociedad somos todos en general y cada uno en particular, por lo que hay que asumir nuestra parte de responsabilidad, según en qué cosas, por supuesto.
Por poner un ejemplo recordaré que es de uno en uno que nos miramos al espejo con ojo crítico, es cada uno de nosotros el que se sentencia físicamente, solo ante sí mismo (el espejo no es un enemigo, es un reflejo): a la nariz, un tajo; a los pómulos, relleno; a los labios, botox; a los pechos, silicona; para todos los pelos del cuerpo, laser; para las arrugas, lifting; para la blancura, rayos UVA; para la celulitis, liposucción; para la calvicie, implantes; para las canas, una mano de pintura...
¿Que extraña fuerza ajena a nosotros nos obliga a entrar en los quirófanos y a mutilarnos para no sentirnos desgraciados?
Da mucha ternura ver a la gente con morritos de besugo o boca de pato, la piel estirada como un tambor, los mofletes con dos flemones, los calvos sin dinero para implantes con  imposibles ensaimadas de cabello tapando la verguenza de su calvície, o la gente machacándose literalmente en los gimnasios para estar cachas.
Da mucha ternura pensar que todo esto tiene la misma finalidad, que no es otra que agradar, ser querido, triunfar, no ser un bicho raro, no quedar fuera de la tiranía de las modas.
No somos conscientes de que antes que nos hayan rechazado los demás por nuestro aspecto, nos hemos rechazado nosotros mismos,  hemos practicado sin piedad un harakiri estético porque nos faltó coraje para ser tal como éramos.
Muy poco puede aportarnos la persona que no nos acepte físicamente, pero da ternura ver hasta dónde podemos llegar para que nos quieran, aunque luego tengamos que descubrir que el camino no era ese, que nuestras vidas no cambiaran con los cambios físicos, que siguen por los mismos derroteros, para bien o para mal, y que cuando se hacen cosas raras para ser más guapo o más joven, a veces se entra en una dinámica peligrosa y sin retorno que no llevaba a ninguna parte.
Más tarde nos daremos cuenta de que era en nuestro interior que había cosas que hacer que quizás no se hicieron, que teníamos otra materia prima llena de potencialidades, la mente, la personalidad, los sentimientos, la conciencia bien tranquila, múltiples habilidades. Tantas cosas.
Soñamos con ser guapos, de jóvenes hemos sufrido obsesionados por nuestras imperfecciones, para luego mirar las fotos del pasado y llegar a la conclusión de que estábamos mucho mejor de lo que creíamos entonces.
Cuando envejecemos seguimos cometiendo errores, nos camuflamos, nos enmascaramos, nos quitamos años, como si a alguien le importase nuestra edad, ¡cuando es a nosotros que nos sigue importando, una vez más!
Estar viejo y arrugado no le gusta a nadie, estar viejo y arrugado es una putada muy gorda, pero curiosamente se resignan menos los que tienen la suerte de permanecer jóvenes por dentro, el "desajuste" complica la adaptación al envoltorio...
Envejecer es duro pero es lo que hay, y si nos mantenemos implicados con la vida, el otoño puede ser tan gratificante o más que la primavera.
No es de recibo sentirse mal por estar ajado, tener miedo al rechazo o rodearse de gente más joven con la esperanza de que la juventud se nos "pegue".
Siempre habrá quién comente compasivo "lo mayor que estamos, el bajón que hemos dado", y qué, lo mismo pensarán de ellos cuando lleguen a viejos, si tienen la suerte de llegar.

Pavo real albino, foto sacada del blog Pelas Estradas do Mundo 

martes, 18 de octubre de 2011

sábado, 15 de octubre de 2011

EL PLANTÓN













Primero fue la televisión la que se adueñó de nuestras vidas, acabando con las tertulias veraniegas a la luz de la luna o las horas de lectura y mesa camilla en las largas noches de invierno. Después vino el divorcio, (por lo menos en España): 1981, gracias al ministro Fernández Ordoñez que Dios tenga en su gloria y que no pudo ese año presidir la procesión del Corpus, como era tradición, por ser el autor de "una ley anticristiana" (sic); por entonces fueron los dramas románticos a lo Madame Bovary o La Regenta los que dejaron de tener sentido, ha pasado a la historia hacer una tragedia de dos personas que se enamoran por el hecho hoy irrelevante de que ella sea de otro o él de otra.
Luego llegaron los ordenadores a nuestras casas y hemos pasado a estar menos tiempo en el salón comentando en familia las jugadas de la vida que salen en la caja tonta. Las redes sociales nos atrapan y dispersan, hoy son mayoría los que quieren tener un millón de amigos como Roberto Carlos, o de seguidores, o de lo que sea que nos suba la autoestima e iluda la soledad, aunque los facebook y los twitters sean como el vino, que a grandes dosis emborracha...
A la vez que los ordenadores llegaron los móviles a todas las orejas, y hubo otra evolución en nuestras frágiles mentes: se volvieron inviables las grandes escapadas, las ausencias sin dar explicaciones, las pérdidas que ocasionaban insospechadas aventuras y también de paso se acabaron esos desencuentros antológicos — basta con que haya cobertura para que no haya ninguna excusa para dejar a alguien esperando!
Ha pasado a mejor vida fue el suspense con que terminaban muchos amores, esos desencuentros que hicieron historia en el cine, esa última cita, esa última oportunidad, alguien que esperaba como un iluso detrás de unos cristales o en la mesa de un café, bebiendo y fumando, mascando con el alma en vilo un tiempo espeso de angustia e incertidumbre, mientras aguardaba a esa persona que nunca ha tenido intenciones de llegar... El tiempo se paraba, se ponía atención a unos pasos en la noche o en la puerta del bar cada vez que se abría, con la esperanza de ver aparecer esa persona
a la que se odiaba por el desplante pero que en el fondo se seguía esperando.
Al final se volvía al vacío de la rutina con una sonrisa congelada y el orgullo muy herido.
Ahora esto ya no tiene porqué pasar, a los diez minutos de espera se pisa un número,   "¡¿vienes o qué, que me van a dar aquí las uvas?!”

Porque esto ya no tiene que pasar, fue por lo que me chocó tanto el plantón de que fui testigo el último domingo.
Salí pronto a caminar y ahí estaba este hombre en la esquina de mi casa, unos cincuenta años muy bien llevados, tipo George Clooney, traje negro de corte impecable, camisa rosa y corbata negra, estrecha como de Loewe. Resultaba chocante, tan guapo y vestido como de boda a las nueve de la mañana de un día de descanso.
A la hora volví a casa y me lo encuentro en la misma esquina, chaqueta en mano, acalorado y con cara desencajada, abatido, mirando sin ver. Abrí la cancela sin prisa y pude oír que le decía a alguien por el móvil, quizás a su mujer, en tono vencido, que se iba a marchar pero mientras seguía fijándose con ansiedad en todo coche que pasaba, ciertamente con la esperanza de que aun pudiese escampar aquella pesadilla.
Le vi ponerse en marcha siempre mirando hacia atrás, por si acaso.
Me quedé pensando en como hace falta ser un gran hijo de su madre para hacer esto a una persona en los tiempos que corren, me puse en el lugar del hombre de traje negro como su mañana y la camisa tan rosa.
Lo adiviné sin trabajo, con la que está cayendo, imaginé que hubiese soñado con esta cita como su tabla de salvación al hilo del naufragio, lo vi llegando a casa y desabrochando la camisa de seda que de madrugada había puesto con tanta esperanza. Me cuesta entender como se hace pasar a alguien gratuitamente una hora tan larga, ahora que con los móviles los desencuentros de película han dejado de tener sentido.


óleo de René Magritte

sábado, 8 de octubre de 2011

GITANOS

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La Danza del Fuego ( Película El Amor Brujo) 






El que siente desprecio hacia otra civilización, otra clase social u otra forma de pensamiento se hace un flaco favor a sí mismo, deja en evidencia su escasa valía intelectual y moral, su estúpida intransigencia.
SOS RACISMO alerta en su último informe que si disminuyen con la crisis las garantías jurídicas de los más desvalidos, se está allanando el terreno para que penetre en España la ola de odio y populismo que se ha desarrollado antes en otras partes de Europa. ¡Tenemos que permanecer vigilantes para no tener que avergonzarnos de la sociedad en que vivimos!
La diversidad no hace más que enriquecernos a todos, ejercer el respeto es dignificarnos como personas.
Entre las etnias más extendidas por todo el mundo representando la mayor de las minorías, está el pueblo gitano, el pueblo Rom ( o Rhom), la raza calé u otros denominativos según el lugar. 
Turquía es el país con mayor número de gitanos del mundo (3-5 millones). La palabra gitano procede de egiptano, porque se pensaba en España que los gitanos procedían de Egipto.
En los años setenta tuvo lugar en varios paises el proceso de constitución de la Nación Rhom, con sus símbolos (bandera e himno), el Día Internacional del Pueblo Rom (8 de abril), el Congreso Mundial del Pueblo Rom, el establecimiento en Europa del Foro Europeo del Pueblo Rom, y la organización internacional de mayor alcance con personalidad jurídica, La Unión Romaní Internacional, IRU en inglés.
Dijo García Lorca: " El gitano guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza universal".
El caló es la lengua de los gitanos españoles, que llaman payos a los que no son de su raza. Se afirma en la Unión Rumaní, federación de asociaciones dedicada a la defensa de la comunidad gitana: "En nuestra conciencia nacional está el deseo colectivo de ser como somos. Debemos mantener y desarrollar nuestra cultura y forjar un futuro de acuerdo con nuestro estilo de vida y nuestras creencias".
La historia de este pueblo es de supervivencia y de coraje, de aventuras y caminos,  de caravanas coloridas, de cucharas de palo y colchas de retales ( tres inventos suyos), de imaginativa y sabrosa cocina  (ver el blog Cozinha dos Vurdóns),  de tierno y hondo saber, (ver el blog Cozinha dos Vurdóns...), de faldas volando alegres alrededor de una hoguera, de brazos erguidos entre cantos y risas, de una vida negra tan blanca, de amor y pasión,  de largos cabellos prendidos en claveles, y siempre el canto y el baile, entre la incertidumbre y las inmensas ganas de vivir.
Es un pueblo orgulloso de ser, que exige integrarse a la sociedad sin renunciar a su esencia, un pueblo distinto, sin el cual el mundo sería más pobre y más gris.

            Soy gitano y vengo a tu casamiento
            A partirme la camisa
            La camisita que tengo
            Yo soy gitano
             ...
            (Canción de Camarón de la Isla)


Camarón de la Isla



sábado, 1 de octubre de 2011

LA CRISIS DE LAS CRISIS





óleo de Chagall

A veces vivimos momentos de plenitud cuando el mundo está patas arriba, y otras sin embargo es en el mundo que todo va como un reloj, corren tiempos de bonanza y progreso, los datos del PIB son inmejorables, pero es nuestra vida la que se está derrumbando, estamos padeciendo nuestra crisis particular, la que de verdad nos jode la vida. Si además se juntan las dos tormentas, la personal y la del mundo, entonces nos enfrentamos a la crisis de las crisis, a "la ola perfecta", a la madre de todas las crisis, como dirían los árabes...
¿Qué toro es más duro de torear, el que toreamos todos juntos, o ese que nos azota solo a nosotros, sin el consuelo de ninguna compañía?
Con los años y las sucesivas crisis, individuales y colectivas, vamos aprendiendo que la palabra significa eso: situación temporalmente complicada que implica cambios, mutaciones; que no tiene nada que ver con lo apocalíptico, que las crisis son inevitables y muchas veces necesarias, que mientras dura la vida duran los altibajos, que la vida es una noria, que después de las vacas gordas siempre vienen las flacas...
Por eso con los años sabemos relativizar y no ponernos nerviosos antes de tiempo, vivir los éxitos y los fracasos con la misma filosofía, la de la temporalidad de todas las cosas, sabiendo distinguir las que podemos solucionar de las que no dependen de nosotros, por más vueltas que les demos.
¿Si por el tamiz implacable del tiempo solo se va a colar lo que realmente tiene un interés universal, para qué tomar a pecho todas las insignificancias de lo cotidiano?
Con los años vamos aprendiendo que todos somos frágiles, quebradizos, dependientes, que el invierno solo es menos frío con el calor  de los afectos y las alegrías, que se envejece mejor cultivando la paciencia y la tolerancia, que la arrogancia es una de las emociones básicas del sufrimiento.
Ante las contrariedades del día a día, los pueblos orientales nos dan lecciones de fortaleza mental, de positivismo y de humildad. Las crisis, las de fuera y las de dentro, ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia, nuestra inteligencia y sentido del humor, imprescindible en tiempos difíciles. Séneca consideraba destructivas todas las emociones que atentan contra la serenidad, algo que muy pocas veces ponderamos.
Lo que no podemos poner en cuestión es que, apesar de todos los desastres habidos hasta ahora, la humanidad no dejó de avanzar, hay menos miseria, menos injusticia, menos violencia, menos tiranía, menos abusos de poder, menos enfermedades, menos ejecuciones públicas, menos quema de inocentes en nombre de Dios: admitamos que de cada crisis sale algo bueno, y no permitamos nunca que en nombre de ninguna se pierdan conquistas sociales ya alcanzadas. 
Como dice el refrán, cuando el cielo se pone muy oscuro hace falta una gran tormenta para que vuelva a brillar el sol: ¡pero volverá a brillar!
Y mientras escampa, ya Horacio nos indicó la salida, hace más de dos mil años: CARPE DIEM.

Al vent, la cara al vent,
el cor al vent, las mans al vent,
els ulls al vent, al vent del món. 
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                        (Canción de Raimon)



óleo de Botero