domingo, 20 de diciembre de 2020

SOLEDAD

 

                                                                      obra de Foujita                          

               


Vivi, estudei, amei e até cri.
E hoje não há mendigo que eu não inveje
só por não ser eu. 
  F. Pessoa, Tabacaria

Estar solo no es lo mismo que estar sin compañía, la soledad va más allá, es como un desierto interior que impide tenerse a sí mismo, es como no querer ni quererse, como vivir rodeado de muros infranqueables, sentirse un extraño en su propio espacio y en desconexión afectiva con todas las cosas. Hay personas que se quedaron aisladas en pueblos vacíos, rodeadas tan solo de casas deshabitadas y fantasmas del pasado, con su perro y su gato, y están más a gusto por dentro que otras que lo tienen todo menos la capacidad de entusiasmo y gozo con que llenar la existencia. Nos hace falta un proyecto de vida ilusionante, aunque sencillo, para enfrentarnos cada mañana a un nuevo día; trabajar nuestra propia arquitectura, reparar en la medida de lo posible los daños que deja el paso del tiempo y las investidas del destino; mantener la auto estima, fortalecer cuerpo y mente, ser empáticos, humildes y compasivos. Cuando no sea posible modificar las circunstancias, cambiarnos a nosotros mismos para poder seguir adelante. Sobre todo hay que amar hasta el final — nuestro único asidero son los afectos, la soledad y el amor son incompatibles, solo el amor y la belleza mantienen viva la esperanza. Nunca se está solo cuando se ama.
 

jueves, 26 de noviembre de 2020

SABER PERDER

 


                                                                          obra de Edward Middleton



Saber perder es un arte, una condición moral difícil de practicar, sobre todo cuando se viene de arriba, del poder o la gloria. Por eso es en la derrota que asoma la verdadera catadura moral de la persona, su estilo, su elegancia, su saber estar, su conocimiento y humildad. Saber perder dignifica, no saber ganar resta mérito al que triunfa. La talla de un individuo viene dada por la fortaleza con que se enfrenta a los problemas y contrariedades, porque a los éxitos todo el mundo les pone buena cara. A veces ganando se pierde y al revés, solo el tiempo es el gran justiciero que pone definitivamente a cada uno en el lugar que le corresponde.
Después de las últimas elecciones en los EEUU, al expresidente no le gustó el resultado, y como personaje inmaduro y peligroso, habló de trampas, queriendo dejar las instituciones de ese gran país al nivel de cualquier república bananera donde el sátrapa de turno siempre gana con un 90% de los votos. Hombre torpe, de moral dudosa e intelectualmente un simple, el que afirmó sin sonrojarse que el coronavirus se mataba inyectándonos lejía, intentó crear en su mandato una maquinaria diabólica de lacayos ignorantes y corruptos como él. No lo ha logrado porque felizmente para el mundo, aún quedan, de momento, algunos políticos con las ideas claras, no tan serviles como para dejarse embaucar por un descerebrado.
Las mentiras muy bien contadas funcionan, y más si hay en la sociedad desespero, desinformación y mucha gente necesitada de creer ciegamente en lo que le acaricie la oreja. ¡El planeta es un polvorín en equilibrio inestable, un campo minado, una bomba de relojería, un lugar lleno de peligros, incertidumbres, injusticias, miedos, rabias! A los ciudadanos de a pie solo nos queda intentar que en democracia ganen siempre los mejores y que luego se pongan al servicio de todos: el gobierno que no se dedica a unir es débil, como afirmó La Fontaine, y ningún poderoso puede permitirse la licencia de ofender y humillar. Los puestos de responsabilidad engrandecen a los grandes y empequeñecen aún más a los que ya de por sí son pequeños y grises. Por importante que sea el puesto, ha de ser mayor la persona.

¡Oh, yo! ¡oh, vida!
De sus preguntas que vuelven,
del desfile interminable de los 
desleales,
de las ciudades llenas de necios,
de mi mismo que me reprocho
siempre...
.... Walt Whitman

       

domingo, 1 de noviembre de 2020

LA CONDICIÓN HUMANA

 





obra de John Bellany                         



Nacemos y morimos sin ser capaces de entender el universo, el porqué y para qué de sus 93 000 millones de años luz de extensión en un tiempo de únicamente 13 000 millones de años — "porque las galaxias se separan a una velocidad más rápida que la luz, cuando es el espacio entre ellas el que se dilata". Allí queda eso.
Sin embargo podemos comparar la tierna pequeñez de un niño o de una flor con la inmensidad del cosmos sin quitarle ni un ápice de delicadeza a la fragilidad de lo pequeño y breve, ni de grandeza a lo ilimitado y eterno. Tan diminuto como nosotros es nuestro mundo, al que damos sentido y calor para poder ser razonablemente felices, cada cual a su manera, siempre que nos sean favorables las coyunturas. Cada uno vive su insignificancia como lo más importante que le puede pasar, por eso mejor que tener mucho fuera es tenerse a sí mismo. En el hipotético caso de que no hubiese otro planeta como la Tierra ni otra condición como la humana, seríamos los guardianes privilegiados, protagonistas principales de una realidad única, grandiosa, unas veces apasionantemente bella y otras desesperadamente fea, sabia e ignorante, heroica y miserable en su complejidad. No sabemos nunca qué nos puede esperar a la vuelta de la esquina, pero sí sabemos hacia donde caminamos todos y nuestro destino final, más tarde o más temprano. Envejecer no es agradable para nadie, con la decadencia física no encontramos por fuera a la persona que seguimos sintiéndonos por dentro, aunque puede llegar a ser cómodo e incluso gratificante, si la vida nos compensa con otras cosas que solo se pueden alcanzar cuando llegamos a viejos. Lo importante es conocernos y querernos a nosotros independientemente de las circunstancias, encontrar interiormente nuestra verdadera esencia, única compañera que tenemos segura en todo el proceso vital. 

" Las personas necesitan la capacidad de dar sentido a la información que reciben, para ser capaces de diferenciar entre lo que es importante y lo que no es importante." 
  Yuval Noah Harari     

jueves, 1 de octubre de 2020

TIEMPOS DIFÍCILES






obra de Henri Matisse



En estos tiempos raros que estamos viviendo, con la sombra del sufrimiento, la impotencia y el miedo alargándose por todo el planeta, sale a relucir una cierta mentalidad que ha estado siempre allí desde cuando algunos humanos empezaron a volverse inteligentes, a tener consciencia del mundo y de sí mismos, a ser cuerdos, sensibles, solidarios, creativos y así: casi simultáneamente habrán surgido los que serían y siguen siendo todo lo contrario, los llamados hoy negacionistas, esos personajes que menosprecian la verdad, la ciencia, los hechos contrastados y el esfuerzo colectivo. Ahora "niegan" por ejemplo la pandemia y el uso de mascarillas, igual que han negado a través de la Historia todo lo que no les gustaba o no entendían.  Siempre odiaron los cambios que no les favorezcan personalmente y a los que se oponen con intransigencia y ferocidad en cada momento, en el presente como en el pasado. Pueden, han podido y así seguirán, cuestionar absolutamente todo, las vacunas, el cambio climático, el Holocausto judío o armenio, la esfericidad de la Tierra, el sistema solar y un larguísimo etcétera de despropósitos que siguen encontrando eco en un también amplio colectivo de descerebrados, prepotentes y provocadores. Nunca son teorías basadas en un mínimo de conocimiento y honradez, solo comportamientos distópicos, impresentables, con los que cambiar una realidad incierta e insegura por mentiras cobardes y más cómodas, hechas a su medida. Esa gente, a la que les encanta provocar y sentirse más lista, necesita a su vez, para propagar falsedades y enfrentamientos, una legión de seguidores de su misma calaña e ignorancia, carne de cañón para las sectas o incluso para dar voz y voto a algunos partidos políticos que deberían estar proscritos. No cabe duda de que en desastres tan devastadores como el COVID19, siempre emerge lo mejor pero también lo más bajuno de que cada ser humano es capaz.
Menos mal que cuando la vida se nos complica, la mayoría tenemos una capacidad de aguante muy superior a la que creíamos, dice Manuel Vicent que los problemas se ven más grandes de lejos que de cerca, y así es. 
En cualquier caso nunca deberíamos olvidar que no somos nada los unos sin los otros.

    No te rindas, aun estás a tiempo
    de alcanzar y comenzar de nuevo,
    aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
    liberar el lastre, retomar el vuelo.
    
    No te rindas que la vida es eso,
    continuar el viaje,
    perseguir tus sueños,
    destrabar el tiempo,
    correr los escombros y destapar el cielo.

       Mario Benedetti

sábado, 12 de septiembre de 2020

BODAS DE ORO







obra de Marc Chagall




 

Una persona es vieja cuando gran parte del mundo que ha sido el suyo ya no existe, cuando se ha ido para siempre la mayoría de su círculo vital y cuando uno propio ya no es lo mismo, ni por fuera ni por dentro: solo le queda para ser feliz o infeliz el aquí y ahora, porque futuro tampoco tiene.
Preparados para vivir pero también para morir como los buenos soldados, todos sabemos a cierta altura que cada balance depende de cada historia, de las batallas ganadas y perdidas, de cuanto se haya amado, perdonado, regalado, recibido, disfrutado y así. Nadie "dora" a nadie sus bodas de oro, que por cierto parecen estar en vías de extinción en estos tiempos raros. Cada cual las celebra como le nace o como puede, y más con una pandemia por medio, cuando todo es miedo e incertidumbre. Ni los ancianos son iguales, aunque tristemente sean vistos así por la mayoría de la sociedad, ni es el mismo el recorrido y el punto de aterrizaje de cada pareja longeva. Salvando las obvias e inevitables diferencias, es sin embargo natural que, si se ha remado la vida entera en la misma dirección y en el mismo barco, al final del trayecto se desee y se necesite, casi siempre, llegar juntos a la otra orilla.

Después de un tiempo...
Por William Shakespeare
        ----
Descubrirás que muchas veces
tomas a la ligera
a las personas que más te importan
y por eso siempre debemos decir a
esas personas que las amamos,
porque nunca estaremos seguros
de cuando será la última vez
que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y
el ambiente que nos rodea
tienen influencia sobre nosotros,
pero nosotros
somos los únicos responsables
de lo que hacemos.
           ----
Aprenderás que la paciencia
requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces
la persona que esperas que te pise cuando te caes,
tal vez sea una de las pocas 
que te ayuden a levantarte.

Madurar tiene más que ver con
lo que has aprendido
de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho mas de 
tus padres en ti
de lo que supones.

Aprenderás que nunca se debe decir
a un niño
que sus sueños son tonterías,
porque pocas cosas son tan humillantes
y sería una tragedia si lo creyese
porque le estarás quitando la
esperanza.

Aprenderás que cuando sientes
rabia,
tienes derecho a tenerla,
pero eso no te da el derecho a ser cruel.
Descubrirás que solo porque alguien
no te ama
de la forma que quieres, no significa
que no te ame
con todo lo que puede, 
porque hay personas que nos aman,
pero no saben como 
demostrarlo.

No siempre es suficiente ser
perdonado por alguien,
algunas veces tendrás que aprender
a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma
severidad con que juzgas,
también serás juzgado
en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa
en cuantos pedazos tu corazón se partió,
el mundo no se detiene para 
que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo
que pueda volver hacia atrás,
por lo tanto, debes cultivar tu propio 
jardín y decorar tu alma,
en vez de esperar que alguien
te traiga flores.

martes, 25 de agosto de 2020

A PROPÓSITO DE NADA

obra de Joy Hester


Desde la inocencia reconocida por la Justicia, desde el poder subversivo del humor y la ironía, desde la lucidez socarrona de viejo zorro y con la frescura de siempre, a los ochenta y tantos años Woody Allen nos hace el gran regalo de su autobiografía. Pese a que tardó algún tiempo en encontrar una editora que se atreviese a publicarla, por el auge arrollador y no siempre acertado del #MeeToo, está siendo un éxito de ventas en todas partes.
El autor de Annie Hall se muestra un todoterreno de esta vida donde "nunca se sintió cómodo", según dice, siempre en continua huida hacia delante, siempre ocupado y preocupado, pero siempre en la buena dirección hacia el éxito: magia, poker, beisbol, cocina, jazz, clarinete, y por fin humorista, guionista, actor y director. Nada menos. Sus neurosis, sus fobias, el miedo a la muerte y así, son el material pesado de que echa mano para caricaturizarse haciéndonos cómplices, desde una reconfortante y sanadora sonrisa, de sus paranoias que también son las nuestras. Le interesa especialmente y casi en exclusividad el mundo intemporal de los sentimientos y toda su parafernalia, desde la perplejidad por existir al amor más loco — amor con sexo, sexo sin amor, amor sin sexo, amor por el amor... Todo lo analiza a fondo desde su peculiar ingenio, quitándole solemnidad a las hazañas de cualquier índole. Después de una prolífica carrera sembrada de títulos importantes y de que una destacada lista de talentos hayan trabajado en sus películas, habla de los que son sus verdaderos ídolos desde una modestia que suena sincera, no considerándose a la altura de ninguno de ellos. Afirma que "no tiene una sola neurona de intelectual", que empezó a leer para impresionar a las chicas que quería seducir, que además de bonitas eran cultas... Como persona inteligente sabe que la humildad viste mucho, que en su caso es un plus que combina con su figura canija y sin embargo interesante, con la que llena la pantalla y le gana a muchos guaperas: hace gala de "esa superficialidad chic tan profunda" de que habla Berto Romero. Quitándose méritos crece, mientras quién se los pone a sí mismo encoge automáticamente. También confiesa, entre otras muchas curiosidades, detestar el postureo intelectual o la cultura oficial por obligación.
Luego se enfrenta con claridad y mesura a la pesadilla que le ha  acompañado casi treinta años, que no es otra que las acusaciones de Mía Farrow y dos de sus catorce hijos. Eso sí, destroza de pasada la imagen de la actriz, dejándola en un pésimo lugar después de manifestar lo desequilibrada y sádica que puede llegar a ser. Más que un ajuste de cuentas, de servir la venganza en plato frío, se trata de ponerla  en su sitio con hechos demostrables: vamos tropezando con un culebrón lleno de ingredientes truculentos, pero manejados siempre desde la contención y la elegancia. A parte del relato de esa historia nefasta donde frivolizar es imposible, nos encontramos con un hilarantísimo Woody Allen en estado puro.
También supo elegir como y con quién envejecer, al lado de su joven amada Soon-Yi con la que comparte todo desde hace veinte y tres años, y de sus dos hijas adoptivas con las que ejerce de padrazo. 
Termina por confesar que le importa un bledo ser recordado como cineasta, como pedófilo, de las dos formas o de ninguna. 
Al día de hoy sigue tan productivo como siempre, a la vez que ejerce de buena persona y que disfruta de la vida. A su manera. Claro está. 

lunes, 27 de julio de 2020

LA MUJER DE ROJO




obra de J. A. G. Acke 


En un viaje con amigos por España, Arthur conoció a la que es su esposa de toda la vida — nunca mejor dicho, porque llevan juntos cincuenta añacos. Ella se le acercó en un bar de copas, un poco "lanzada" por algo de alcohol y en compañía de una amiga que les sirvió de intérprete. Se mostró muy atraída por él y a la despedida le pidió la dirección. Cuando recibió su primera carta no lograba ponerle cara, recordaba mejor a la otra, una muchacha de mirada profunda, un inglés perfecto con un suave acento, el pelo recogido y medio despeinado, con unos ricitos sueltos por el cuello y un vestido de seda roja que se le ajustaba al cuerpo con sencillez y sensualidad. (En aquél momento le vino algo parecido a la nostalgia, de esa noche de verano, de ese pequeño bar andaluz, de ese breve encuentro y sobre todo de esa chica de sonrisa enigmática y vestido de seda...).
Estuvieron dos años carteándose: las cartas siempre han estado ahí hasta caer drásticamente en desuso con el boom de internet. Las de amor eran un tesoro, lo único que en la distancia llenaba ausencias, todo un ejercicio de espiritualidad y conocimiento mutuo, una forma muy hermosa de descubrir al otro y a uno mismo, en su faceta personal más íntima y auténtica. En realidad, Arthur se enamoró de una correspondencia que le aportó mucho, incluso le ayudó a conocerse mejor, a ser más abierto y cariñoso, convirtiendo sus días en un tiempo de plenitud, lleno de grandes expectativas. 
Y se casaron. Fueron felices y comieron perdices, a ratos, como todos, con altibajos, como todos, estableciendo sus códigos privados cuando la pasión va dando paso al cariño, a la costumbre, al sosiego, al amparo, al miedo de la soledad y eso. Curiosamente él nunca ha encontrado en su compañera de vida aquella vena sensible que ponía en la escritura y que le había llegado tan adentro.
Pasada ya una eternidad juntos, un día ella le confesó entre risas que la autora de esas cartas que le habían hecho subir a las cumbres más altas de la ilusión y la esperanza, había sido su amiga, que ella no supo hablar inglés bien, hasta mucho después... 
...La mujer de rojo. 
El anciano no daba crédito, sintió interiormente como un pellizco con sabor a vacío, a pena, a desencanto, a estafa, a broma pesada del destino. Se preguntó qué habría sido de ella desde que la perdieron de vista, al poco de vivir en Londres. 
Esa sensación tan amarga le duró el tiempo justo de encoger los hombros del alma vieja y cansada y decirse a sí mismo "qué más da ya todo, los sueños imposibles se esfuman, no tienen final porque no tienen ni principio, son solo utopías. Lo que pudo haber sido y no fue no tiene ningún recorrido. El tren que cogemos es el que de verdad nos lleva en nuestro único viaje".       

sábado, 27 de junio de 2020

I STILL HAVE A DREAM








obra de Horace Pippin



Si dejamos de soñar es porque ya estamos muertos por dentro, quién nada espera nada porfía. Mantengamos pues viva la esperanza de que el mundo aún tiene arreglo, de que vamos avanzando en medio de los tropiezos, de que dentro de cien años todo podrá ser más hermoso, más sano e incontaminado, más seguro, más justo y solidario, que para entonces aquí ya no sobrará nadie y que a cualquier buena persona le valdrá la pena haber nacido.
Es urgente acometer una revolución de las mentalidades antes de que seamos como en la pesadilla de Huxley "todos esclavos y resignados de nuestra esclavitud gracias al consumo y a la diversión", y que la humanidad entera, con sus grandes conquistas y miserias, se vaya al carajo entre la apatía de una manada de borregos y la estupidez de los grandes hermanos de turno. 
Es la ciencia que puede y debe cambiar la política, la investigación y el conocimiento pueden y deben hacer de la Tierra un lugar sostenible, ya solo la inteligencia y el talento de gente con elevados principios puede salvarnos de un desastre universal. Todos tenemos la obligación de aportar nuestro granito de arena, pero para avanzar hacia un nuevo orden mundial hay que entregar el poder a personas preparadas y valientes: preparadas, que sepan distinguir lo importante de lo superfluo y potencialmente nefasto; valientes, que sean capaces en un momento dado de tomar medidas imprescindibles aunque resulten controvertidas e impopulares. Las soluciones drásticas no son viables, pero hay que avanzar gradualmente y con alternativas sobre la mesa, hacia la dirección correcta, la única posible y deseable que queda ahora mismo — y no en el sentido contrario, equivocándose siempre como la paloma de Rafael Alberti... Los grandes errores suelen pagarse muy caros. 

"Una y otra vez debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerza física con la fuerza espiritual"
 Martin Luther King, 1963

jueves, 21 de mayo de 2020

SOLO SE MUERE UNA VEZ







obra de Guim Tió



Estamos entre los animales más feos y que peor envejecen, pero somos el único que piensa y razona, para bien y para mal.
No existen dos personas que sean exactamente iguales ni completamente distintas, hay un gran surtido dentro de la uniformidad de la especie, todos únicos y sin embargo todos parecidos.
No hay psicópata que no presente algún rasgo de coherencia ni persona considerada normal sin una pizca de locura.
El poderoso puede albergar grandes miserias morales o llegar a sentirse muy solo y carente de afecto y el indigente ser feliz dentro de su sencillez y alegría de existir.
La gran mayoría vivimos vidas independientes y anónimas pero nos reconforta saber que estamos rodeados de otros humanos y que si necesitamos ayuda seguramente la vamos a tener: pasaremos desapercibidos siempre y cuando no salgamos del círculo existencial donde nos movemos, pero sí "pisamos la raya" enseguida llamamos la atención y somos señalados, rechazados o aplaudidos, según caso. En catástrofes de grandes dimensiones quedamos atrapados en un mismo vínculo, fuerte aunque sutil, donde se nos atiende o ignora, dependiendo siempre de los sentimientos de la manada hacia nosotros. 
Cada uno muere su propia muerte, una sola, aunque mueran  miles de personas a la vez en el mundo. Luego el tiempo casi siempre es lejanía y olvido.
No solo contagian los virus, también la estupidez, el odio, la violencia, la mentira, la ambición, el egoísmo y así. Pero no hay mascarillas que protejan de la contaminación de la mente, la más letal de las pandemias.  

martes, 28 de abril de 2020

¿UN MUNDO NUEVO MAÑANA?



obra de Camille Bombois



Desde el confinamiento forzoso en casa o en la cama de un hospital, desde la soledad, el miedo, la incertidumbre y la impotencia, sintiéndonos más pequeños que nunca, desorientados y oscuros, deseando que esto termine pronto, nos preguntamos, al día de hoy, si el mundo tiene arreglo, si seremos capaces de impulsar ese cambio imprescindible para evitar el naufragio. No sabemos ni cuando ni como va a terminar lo que está pasando, pero ansiamos que salga algo positivo de una crisis de estas dimensiones, alguna mejoría de las muchas tan necesarias y urgentes. Para bien o para mal la Covid-19 va acelerar la historia. El sociólogo Jeremy Rifkin, que lleva décadas defendiendo el inaplazable cambio del sistema basado en los combustibles fósiles, está convencido de que estamos ante una amenaza real de extinción, que necesitamos una nueva visión de futuro y que los líderes de los principales países no la tienen en absoluto. Líderes: el quid de la cuestión. O sea, tenemos que exigir gobernantes con las mejores cabezas, las más preparadas, las más brillantes, creativas, valientes, eficaces, capaces de asumir decisiones transcendentales y que sean a la vez personas honestas, justas y solidarias. Que no entreguemos nunca más el poder, por escasez de vocaciones válidas para organizarnos, a gente que no merece tamaña responsabilidad y se dispersa en batallitas de egos estériles, bajunas e interesadas. La clase política es en su mayoría de una mediocridad desesperante y los ciudadanos estamos aún más agobiados ahora que hace tan solo un par de meses, cuando no soñábamos lo que estaba por llegar y vivíamos la vida dentro de incidencias "normales", sin mascarillas ni guantes ni distancias de seguridad, ni la amenaza de otro crack económico devastador. Cuando todo esto acabe vamos a necesitar un Green New Deal efectivo y global, si queremos evitar todavía el gran desastre a escala planetaria y podamos reconocer la pequeña felicidad que se sigue a la desgracia. Es una urgencia: el talento al poder.
"Es la política la que impone los cambios o la que no está a la altura de la ocasión" Marc Bassets 

    Cai o silêncio nos ombros e a luz
    impura, até doer.
    É urgente o amor, é urgente
    permanecer.

    Eugénio de Andrade .

sábado, 28 de marzo de 2020

CRÓNICA DE UNA PESADILLA ANUNCIADA








obra de Clifford Eric Hall




La paz interior es una condición mental en la cual has aceptado lo peor. Lin Yutang

Súbitamente el invierno pasado, un virus mutante invadió el planeta saltando de persona en persona como asesino en serie, invisible, silencioso. Los gobiernos han decretado el "estado de alarma" y las calles, plazas, jardines y playas se quedaron vacías como en una película de terror. Cada casa se volvió isla y hubo gente que se quedó muy sola y desamparada. En millones de circunstancias se perdieron millones de oportunidades y de sueños, tal y como funciones a punto de estrenarse y que ya no se van a estrenar nunca. Mucha gente ha sentido en carne propia como los planes a veces se derrumban, por muy sólidos que parezcan: pensamos que lo tenemos todo bien atado y en menos de un suspiro se nos puede desmoronar la vida entera.
Nunca había pasado nada parecido desde que los que estamos en el mundo tenemos memoria: los niños y su alegre inocencia apartados del paisaje urbano por posibles transmisores silenciosos, confinados en sus domicilios como pájaros en jaulas; solo los perros, al día de hoy, con derecho a paseo acompañados del dueño, que aprovecha para estirarse las piernas y respirar aire puro. Eso sí, el aire ahora es mucho más puro, en medio de un silencio casi místico, algo inquietante pero lleno de paz, matizado por una algarabía de pájaros que parecen cantar con renovado brío.Toda esta belleza, para los que tengan la suerte de poder disfrutarla aunque sea desde la ventana de la incertidumbre y el miedo, bulle en medio de una primavera magnífica, la cual nos viene a recordar, indiferente y alegre, que la naturaleza es nuestro mejor refugio y consuelo. Mientras tanto muchos hospitales están al borde del colapso, los sanitarios, que no dan abasto, se han convertido en los nuevos héroes y los moribundos, en las UCI, en las residencias de ancianos o donde les pille, se mueren solos por decreto. A los que permanecemos encerrados no nos falta de nada porque otros no paran de trabajar y arriesgar la salud, por desgracia desprovistos, también al día de hoy, de las medidas de protección necesarias.
Siempre hemos sabido que somos frágiles, que todo pende de un hilo, pero esta vez lo sabe de golpe la humanidad al completo, las pandemias no distinguen estatus o condición: ahora mismo nadie está a salvo si no lo estamos todos. Ningún país había previsto que esto era previsible, el Covid pilló al mundo con el pie cambiado, ocupado en sus cosas, que de repente han pasado a un segundo plano. Quizás por eso la mayoría de los mortales está más solidaria y decente — la mayoría, con las notas chirriantes inevitables en todas las situaciones.
Este desastre pone a prueba nuestra fuerza mental, que muchos tenemos oxidada por una vida demasiado fofa, engrasa las bisagras del pensamiento y de las emociones, nos hace reajustar las expectativas, algo que con la edad se hace sistemáticamente, en tiempos de cólera y de bonanza.
Debemos estar preparados para morir con dignidad y resignación, pero sin embargo vivir con entusiasmo. Hasta el final. La vida es un gran reto. 

miércoles, 26 de febrero de 2020

BIOGRAFÍA DE LA HUMANIDAD








óleo sobre tela de Maurice de Vlaminck 

   

El penúltimo libro de José Antonio Marina, escrito con la colaboración del historiador Javier Rambaud, es un interesantísimo recorrido por la historia de la humanidad a través de toda la geografía planetaria: desde el pasado más profundo de hace 250.000 años, cuando un homínido levantó del suelo las patas delanteras y caminó con la cabeza erguida por primera vez, hasta los movimientos "artístico-filosófico-culturales" del postmodernismo y transhumanismo (siguiendo la línea de la psicología evolutiva iniciada por Jean Piaget).
Nuestra apasionante e increíble andadura, con sus inmensas conquistas y sus inmensas miserias, es así mismo en cada momento solo el preámbulo de todo lo que vendrá a continuación. Mientras no podemos olvidar nunca de donde venimos, nuestro patrimonio intelectual y emocional, nuestra trayectoria, para saber quién somos, para no perder el norte y a ser posible para no tropezar tanto en la misma piedra. Concluye el ilustre escritor y filósofo que tenemos un colosal dinamismo, una gran capacidad creativa pero también destructora; que nos define con igual objetividad una obra de arte que un instrumento de tortura. 
Cada vez nos desarrollamos más aprisa, un niño de hoy aprende en poco tiempo lo que la humanidad tardó miles de años en inventar.  No se conoce exactamente cual es nuestro destino. Seguiremos evolucionando, incluso la ciencia de la evolución de las culturas puede dar origen a un nuevo humanismo capaz de interpretar el porqué de nuestras luces y de nuestras sombras. Avanzamos. A veces retrocedemos. Cometemos muchos errores, muchas locuras. Somos capaces de increíbles heroicidades y de grandes bajezas: "Nadie nos asegura un final feliz".
No pecando de catastrofistas ni de utópicos, sabemos que el futuro del sapiens es ambicioso y apasionante pero también complejo, plagado de dificultades, de incertidumbres y de riesgos.
"Antes que dominar el mundo, se trata de darle sentido, (...) de afirmarnos como animales muy especiales, dotados de una propiedad transcendental, casi mágica por los efectos que esperamos que produzca: la hemos llamado dignidad". (Epílogo)

  

miércoles, 29 de enero de 2020

LA BUENA GENTE








 Giovanni di Paolo, témpora y oro sobre tabla, fragmento





Cuando ya se llevan trillados muchos caminos y se está de vuelta de muchas movidas, uno al final se queda con la gente buena, la que lo es de verdad, no la que finge serlo de vez en cuando o la que quiere más a un gato que a una persona necesitada de ayuda. La bondad es el mejor de los bálsamos contra el malestar interior, la depresión, la ansiedad, la angustia o el miedo. El sosiego del que disfrutan y proporcionan a los demás las personas buenas es esencial para poder llevar una vida sana, y para conseguir mantener el autocontrol y la paz en cualquier situación. Solo ser generoso y compasivo rompe la estrecha y claustrofóbica geografía del ego, por eso nadie se arrepiente de serlo, incluso con las personas equivocadas. De la misma forma que es mucho mejor amar que ser amado, es más feliz el que da que el que recibe. La bondad inteligente y el talento bondadoso son los ejes fundamentales de una humanidad siempre en crisis, sirven como los descontaminantes indispensables para el núcleo más oscuro de la condición humana. En medio del run run infernal de un planeta superpoblado, ahogado en tecnicismos y capitalismos cada vez más salvajes, la buena gente, que no es noticia, ni vende, ni tiene morbo, es el abono más natural y fecundo para que de algunas almas sigan brotando frutos sanos todavía.

Pocas cosas abrigan tanto como la amistad de los seres nobles. Arturo Pérez Reverte.