Hay momentos de armonía y bienestar, sin carencias ni excesos, donde nada falta ni nada sobra, de una desconexión con lo negativo hecha de paz y contentamiento: ni miedos ni pasiones, todo ideal, la vida, el mundo, el presente, el pasado, el futuro. Ni ansiedad ni malos recuerdos, un equilibrio ideal entre lo que se percibe y se siente, sin preocupaciones o expectativas que produzcan insatisfacción y temores. Es una plenitud extraña venida no se sabe de donde ni porqué: acaso de un desafío superado, de una buena noticia o simplemente del íntimo placer de la contemplación, del disfrutar sereno de un sol reconfortante, el canto de un jilguero, una buena música o así. Y como dicen los que saben: ¡qué bien se está cuando se está bien!
Igualmente puede aportar un gran alivio y liberación tener por ejemplo el valor de verbalizar lo que se lleva dentro, poner consonancia entre lo que se dice y lo que se piensa, buscando paz y concordia borrando malos recuerdos.
El equilibrio mental implica aceptar las limitaciones y adaptarse a los cambios, disfrutando del presente, valorando lo que se tiene sin expectativas poco realistas, aceptando la incertidumbre que rodea el mañana.. Una colección de buenos momentos es nuestra mayor riqueza, y los que aparentemente han sido más sencillos son los que a veces nunca se olvidan.
Vivir no siempre es fácil, el sosiego está reñido con las tensiones internas, por eso reducir la cantidad de exigencias hace la vida más llevadera. Como dijo Epicuro, "para hacer feliz a una persona no le des riquezas, quítale necesidades": y también miedos, toquemos hasta el final mientras el Titanic no se hunda...
Igual que puede surgir una placidez sin sombras, también ocurre todo lo contrario, que nos invada un inesperado desconsuelo, cómo si nada tuviese sentido. La vida parece un milagro o una pesadilla, unas veces nos trata bien y otras mal, todo es efímero y tienen más peso las situaciones que los días. Busquemos pues lo extraordinario en lo ordinario, ya que al final todo terminará pasando.
La felicidad depende de la calidad de los pensamientos. Marco Aurelio
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