Podemos sentirnos más solos rodeados de gente que sin nadie alrededor, la soledad es un estado de alma, reconfortante o penoso cuando lo que se necesita es huir de uno mismo — por no saber quererse, por falta de independencia emocional, de integración, sentido de pertenencia o así. Convivir con ella no es fácil, aunque hay quien le guste e incluso la disfrute, lo que suele ocurrir a personas muy selectivas con sus vínculos, que necesitan pocos amigos pero de gran calidad y confianza, para centrarse exclusivamente en lo importante — Fernando Pessoa, por ejemplo, consideró la poesía "su manera de estar solo".
Lo cierto es que en última instancia uno apenas se tiene a sí mismo. Hay incluso mucha gente que se encuentra mejor acompañada de perros o gatos...
Toda vida es una aventura, un proyecto donde nos construimos encontrando la razón de ser en lo que nos haya tocado: no se eligen las circunstancias pero sí la forma de hacerles frente. Normalmente lo que mejor nos sostiene y da sentido son los vínculos emocionales, un intercambio de calor y afecto, siendo incluso más enriquecedor amar que ser amado, dar que recibir, ser una buena persona sin esperar nada a cambio.
Para estar feliz en compañía hay que estarlo antes de manera individual, llevarse bien consigo, porque no se puede compartir lo que no se tiene. Luego están esas relaciones tóxicas que son la peor de las soledades: como haber perdido la brújula que nos conduce a la paz mental y equilibrio psicológico.
Las respuestas posibles a los enigmas de la existencia y de lo que somos se van encontrando con el tiempo y la madurez, en la calma y el silencio de una reflexión profunda, sin prisas ni ambiciones delirantes.
Al final vivimos y morimos solos, nadie lo va hacer por nosotros, el cometido es encaminarnos hacia una cotidianidad viable y sana, dentro de la materia prima de que dispongamos.
He aprendido a fortalecerme en los tiempos más difíciles, gracias a mis periodos de soledad. Nelson Mandela












