domingo, 1 de marzo de 2026

MOMENTOS

 



                                             Anna Lea Merritt



                                             

Hay momentos maravillosos de armonía y bienestar, sin carencias ni excesos, donde nada falta ni sobra, en una desconexión con lo negativo hecha de paz y contentamiento: todo en su sitio, la vida, el mundo, el presente, el pasado, el futuro, una consonancia perfecta entre lo que se percibe y lo que se siente — que no es lo mismo comprender que experimentar. Es una plenitud extraña, un estado de gracia, una fuerza vital llegada no se sabe de donde ni porqué, acaso de un desafío superado, de un pequeño logro, de cualquier buena noticia o simplemente del íntimo y sencillo placer de la contemplación, de disfrutar en paz y sin problemas serios de un sol reconfortante, el canto de los pájaros, una buena música y así. Los instantes de calma dependen en gran parte de la madurez emocional, de la capacidad de reconocerlos con la mirada interior mientras están sucediendo. Como dicen los que saben: ¡qué bien se está cuando se está bien!
Igualmente puede aportar gran descanso y alivio  tener el valor de verbalizar algo que se lleva dentro, poner en consonancia lo que se dice con lo que se piensa y se siente. Por ejemplo.
El equilibrio mental implica aceptar las limitaciones y adaptarse a los cambios disfrutando del momento, valorar lo que se tiene sin expectativas poco realistas ni temor a la incertidumbre del mañana. ¡Que no tengamos que decirnos nunca eso tan desolador de que "entonces yo era feliz y no lo sabía"!
El entusiasmo mantiene el alma despierta, 
una colección de buenos momentos es nuestra mayor riqueza, y por veces los aparentemente menos aparatosos son los que nunca se olvidan. 
Vivir puede ser complicado, nos enfrentamos a tensiones externas e internas, pero reducir la cantidad de exigencias es siempre la salida más aconsejable. Como dijo Epicuro, "para hacer feliz a una persona no le des riquezas, quítale necesidades". Y también miedos... toquemos hasta el final mientras el Titanic no se hunda. 
Claro que igual puede surgir de repente una placidez sin sombras que un penoso desconsuelo: la vida unas veces es un milagro y otras una pesadilla, nos trata bien y mal, son más relevantes las situaciones que los días. Busquemos pues lo extraordinario en lo ordinario, el sentido de la vida en lo más sencillo, ya que al final todo terminará por pasar.

La felicidad depende de la calidad de los pensamientos. Marco Aure



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