Hay momentos maravillosos de armonía y bienestar, sin carencias ni excesos, donde nada falta ni sobra, en una desconexión con lo negativo hecha de paz y contentamiento: todo en su sitio, la vida, el mundo, el presente, el pasado, el futuro, una consonancia perfecta entre lo que se percibe y lo que se siente — que no es lo mismo comprender que experimentar, el significado que damos a las circunstancias es lo que determina las emociones. A veces nos viene una plenitud extraña, un estado de gracia, una fuerza vital llegada no se sabe de donde ni porqué, acaso de un desafío superado, de un pequeño logro, de cualquier buena noticia o simplemente del íntimo placer de la contemplación, de disfrutar en paz y sin problemas serios un sol reconfortante, el canto de los pájaros, una buena música o así.
Los instantes de calma dependen en gran parte de la madurez emocional, de la capacidad de reconocerlos con la mirada interior y disfrutarlos mientras están sucediendo. Como dicen los que saben, ¡qué bien se está cuando se está bien!
Igualmente puede aportar gran descanso y alivio tener el valor de verbalizar algo que se lleva dentro, desahogarse poniendo en consonancia lo que se dice con lo que se es, se piensa y se siente. Por ejemplo.
El equilibrio mental implica aceptar las limitaciones, adaptarse a los cambios y valorar lo que se tiene sin expectativas poco realistas pero tampoco sin miedo a la incertidumbre del mañana. ¡Que no haya que pensar nunca eso tan desolador de que "entonces yo era feliz y no sabía"!
Solo el entusiasmo mantiene el alma despierta, nuestra mayor riqueza es una colección de buenos momentos, y los aparentemente menos aparatosos pueden ser los que nunca se olviden. Como dijo Gabriel Miró, "el recuerdo es el único paraíso del que no podemos nunca ser expulsados".
Vivir es complicado, nos enfrentamos a tensiones externas e internas, pero reducir la cantidad de exigencias es la salida más sensata. Aconsejaba Epicuro que para hacer feliz a una persona no le dieses riquezas, sino que le quitases necesidades: y miedos... toquemos hasta el final mientras el Titanic no se hunda.
Igual que puede surgir de repente una placidez sin sombras, puede ocurrir un penoso desconsuelo: la vida unas veces es un milagro y otras una pesadilla, nos trata bien y mal, son más relevantes las situaciones que los días. Busquemos pues lo extraordinario en lo ordinario y el sentido de la vida en lo más sencillo, que al final todo pasará.
La felicidad depende de la calidad de los pensamientos. Marco Aure
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