martes, 31 de diciembre de 2013

¡ ARRIBA LA BUENA EDUCACIÓN !





óleo de Gertrude Abercrombie

Hoy quiero hacer un brindis, en el último día de un año complicado, el nº 13 del siglo XXI, por la gente que pese a todo siempre mantiene la buena educación como una segunda piel, como un patrimonio del alma que no se tiene nunca o se tiene hasta morir, incluso en las malas horas, en las más desesperadas, pero también en las situaciones triviales de los días sin historia. No guarda relación con saber usar los cubiertos o hablar fino, la gente educada es la que nunca hiere aunque la hieran, la que es tolerante incluso con lo que no comparte, la que es siempre amable y sencilla, paciente, agradecida, capaz de reconocer sus fallos y las virtudes ajenas, dueña de un algo sutil que solo se mueve de corazón a corazón. Gente inteligente y sensible, muy fácil de tratar pero imposible de manipular. Esa gente.

óleo de Daniel Ridgway

jueves, 12 de diciembre de 2013

lunes, 9 de diciembre de 2013

ME, MYSELF AND I







óleo de Gertrude Abercrombie


He llegado a la triste conclusión de que me quiero mucho, de que nadie me quiere como yo me quiero, y por si me quedaba alguna duda, he leído al gran filósofo Thomas Hobes (Leviatán), que me las despejó todas: "bellum omniun contra omnes"....
Me amo cuando me gusto y cuando me detesto... Amo lo que es mío, mi mundo, mis gentes, mis cosas, mis días y mis noches, mi sol y mi luna...
Soy complaciente en extremo con lo que me atañe y muy crítica con los demás... 
Cuando doy, aunque sea una limosna, siempre espero recibir algo a cambio, aunque sea la auto aprobación...
Todo lo que hago tiene por fin satisfacerme, solo busco mi bienestar y aparto del camino todo lo que molesta..
Cuanto mayor es la discrepancia entre mi yo ideal y lo que siento que soy en realidad, mayor es mi herida narcisista...
Me gustaría que existiera un Dios para que me escuchase y me amase y no al revés...
A más inseguridad más egocentrismo, más anhelo de sentirme especial: ya no sé si es por quererme tanto que no me gusto nada o si es por no gustarme nada que me quiero tanto...
En las metamorfosis de la vida, voy amando sucesivamente lo que empieza y termina en mis propias contradicciones, siempre buscándome a misma sin encontrarme.......



óleo de Hans Feibusch

viernes, 6 de diciembre de 2013

martes, 3 de diciembre de 2013

LAS COSAS IMPORTANTES






óleo de Monserrat Gudiol

Un radiante sol de otoño calentaba sin abrasar, acariciando la piel con esa temperatura ideal que es la mejor de las energías. 
Ella había preparado una paella de marisco que casi sin proponérselo le había salido la más exquisita de su vida y estaba deseando ver la cara que pondría él cuando la probase. Pero António no llegó a probarla, lo encontró en la habitación haciendo aprisa una maleta y le comunicó con el rostro blindado de una esfinge que se marchaba, así sin más, sin calentamiento previo, que se iba, que se largaba, vamos, que todo se había acabado, y todo tenía que ver, casualmente, con la que ella creía su amiga del pecho.
Lo primero que le vino a la cabeza fue preguntarse en qué se había equivocado, qué había hecho mal. Se sintió doblemente gilipollas, por lo que estaba pasando y por lo que había pasado sin que ella se enterase. Notó como la autoestima la iba abandonando como el calor abandona un muerto, bloqueada, sin norte, sin mañana. 
Luego con el tiempo pasó página y supo que aquello fue lo mejor que había podido pasar, pero si algo se le quedó atravesado fue aquél arroz que le había salido el mejor de su vida y que echó enterito a la basura...




pintura ( técnica mixta) de Gina Intveen

miércoles, 27 de noviembre de 2013

lunes, 25 de noviembre de 2013

ESTAMOS HARTOS








fragmento de El Grito de Edvard Munch



Hablo poco de política — procuro no aburrir ni aburrirme, pero de tanto bandearnos entre la estupefacción y el tedio, llega un momento en que todos necesitamos gritar algo, a modo de quejido, desahogo, protesta o catarsis, qué sé yo.
Hay que vivir sin rencor, que es la única forma de vivir, pero no podemos evitar sentir repugnancia, vergüenza, rabia, impotencia, humillación. Lo que está ocurriendo en España es incalificable, la falta de decencia de la clase política es más propia de una dictadura del tercer mundo. 
Se nos dinamitó la confianza en todas las instituciones, todo son tramas, estafas, embustes, tomaduras de pelo, en poco tiempo se han defraudado millones de euros en un país de pobres, y en medio de este cataclismo se parchea una Ley de Transparencia claramente "mejorable", según la Organización de Transparencia Internacional. El cinismo de los que nos gobiernan y han gobernado es demoledor, la corrupción que venía cociéndose hace años sin salir a la luz, desconcierta y preocupa: ¿en qué manos estamos y hemos estado?
Sospecho que la tolerancia entre políticos no tiene límites, que se tapan los unos a los otros y que han sido las redes sociales, al abrigo o no del anonimato, las que han destapado la Caja de Pandora y están ayudando a ventilar este país que apesta. 


óleo de Marianne von Werefkin

viernes, 22 de noviembre de 2013

martes, 19 de noviembre de 2013

LA NEGRA SOMBRA DEL MIEDO







óleo de Bernard Buffet


El miedo a lo desconocido, atávico y absurdo, nos impide disfrutar de lo que tenemos. Somos nuestros miedos, que nos atrapan, nos corroen y consumen, que se confabulan para que sintamos la vida como un lugar peligroso, un riesgo permanente donde no hay que bajar la guardia y vivir confiado jamás. 
Algunos miedos son los mismos que nos vienen angustiando desde el australopithecus, otros varían con las épocas y van surgiendo con las circunstancias, como el pánico reciente a la autodestrucción, al final de la especie humana.
El miedo paraliza, lo tiñe todo de negro, solo presta atención a las cosas malas, es demoledor y angustioso. La selva quedó atrás, de nada sirve abrir los ojos como platos para aumentar el campo de visión o que el corazón bombee a cien por hora preparándonos para la huida: el peligro más letal ya no son las fieras o las tormentas, es la soledad, la injusticia, la miseria, la estupidez, la maldad... tantas cosas.
Con la experiencia se va perdiendo el miedo al miedo, plantando cara a la vida y a la muerte para poder gozar el momento, que es la única forma de gozar. 



óleo de Erik Werenskiold


jueves, 14 de noviembre de 2013

martes, 12 de noviembre de 2013

LADRONES DE PRIMERA Y DE SEGUNDA







óleo de Ramón Casas



No es lo mismo ser un pringao y robar para comer que tener fuste y ser un amoral, robar muchos millones para ser cada vez más rico: no es lo mismo ser que parecer, señalarse que señalar, mirarse que mirar, exigirse que exigir, hacer que criticar.
No es lo mismo opinar que imponer, trabajar que mandar, informar que mentir; no es lo mismo coleccionar arte que ser un artista, no es lo mismo un pájaro que cien, ser gris que ser de colores, ser sombra que ser luz, ser maleza que ser trigo, ser manso que ser visceral, ser malo que ser bueno, ser cobarde que ser valiente, oírse que escuchar, amarse que amar, ofender que sonreír, ser piedra que ser río........

" Algún día te encontrarás a tí mismo, y esa puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas."
 Pablo Neruda


óleo de Michael Ancher

jueves, 7 de noviembre de 2013

martes, 5 de noviembre de 2013

OPINIONES DE UN PAYASO






óleo de Valentín Thibon de Libian



Como libro imprescindible entre mis lecturas favoritas, me apetece comentareste libro, pero no encuentro mejor forma que transcribiendo algunos párrafos — pocos porque debo ser breve: mejor eso que hablar de lo que todos sabemos de la obra, de la melancolía y la ternura de un payaso irrepetible, arruinado física, material y emocionalmente a sus 27 años, que una tarde sin perspectivas ningunas se pone a repasar su vida al lado de personas queridas y detestadas, mientras les comunica, entre la amargura y el desparpajo, que necesita dinero, y mientras comprueba como todas le dejan en la estacada, por unas razones o por otras. 
Hans es tan solo un artista, puro, incontaminado, que vive para su arte y para el amor a María, la cual acaba de abandonarlo por un católico para no vivir en pecado.
Se nos presenta la triste realidad de un tiempo oscuro de la posguerra de la Alemania Federal, donde Henrich Böll manifiesta como en toda su obra una tolerancia cero con la perversión de las doctrinas cristianas, que nada tienen que ver con esa auténtica religión ni con la hipocresía con que unos pocos manejan el poder a base de criterios de dudosa ética, elásticos según a quién se aplican, poniendo parches a unas heridas aún abiertas y utilizando eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre. 
Todo lo contrario de la verdad llena de ironía y ternura del payaso Schnier, perteneciente a una importante familia de oscura trayectoria:

" Uno de mis números se titula: la partida y la llegada, una larga pantomina en la cual el espectador acaba confundiendo la llegada con la partida."

" En un intervalo de cinco años se alcanza un ritmo con escasas posibilidades de variación, que de ordinario se puede tomar como una cierta armonía interior."

" Tengo que divertirme con lo que hago, si me aburro de mí mismo me pongo enfermo".

" Cuando se empieza a tomar por artista a los temperamentos artísticos, surgen los más irritantes equívocos.Una cosa es indudable, que un coleccionista de arte no es un artista."

" Que los críticos critiquen no es malo, sino que para sí mismos pierdan el sentido crítico y del humor".

" Estaban conmovidos por todo aquél arrepentimiento y aquella adhesión a bombo y platillo al credo democrático. No comprendían que el secreto del horror residía en los detalles."

" Pensé en las incontables muchachas cuyo destino es hacerlo sin tener ganas, o bien por dinero con tipos como Kalick, o gratis con su marido."

"Los momentos hay que dejarlos pasar, nunca repetirlos".

" Solo me quedan la jaqueca y la melancolía, pero me son tan familiares como el pensamiento de la muerte."

" Tendido en la bañera pensaba en Marie. Cuantas veces desayunamos juntos, con pobreza y con opulencia, precipitadamente y sin prisas, muy temprano por la mañana, tarde a medio día, con mucha mermelada y sin ninguna."
 (Opiniones de un Payaso)




óleo de Paul Gauguin

viernes, 1 de noviembre de 2013

martes, 29 de octubre de 2013

AHORA





óleo sobre hojalata de Francisco de Goya


"Ahora más que nunca es el momento de creer en nosotros mismos", dice un anuncio para vender no sé qué cosa. Da tanta vergüenza oír estas monsergas como a los políticos de turno, que empiezan a vender la piel del oso antes de cazarlo y nos quieren convencer de que "lo peor ya pasó", que somos un ejemplo ( ¡¡??!!) para el mundo mundial, que somos grandes, que somos la leche. Como dijo alguien con mucha sorna, la luz que vislumbran radiante allá al fondo, puede que sea un tren que viene por el mismo carril para acabar de rematarnos...
Ahora solo hay desasosiego, pesimismo, impotencia, rabia y rencor. Hemos vuelto a perder el tren de un desarrollo sostenible, inteligente y digno, como llevamos siglos perdiendo todos los que nos pasan por delante, pesadilla de la que no despertamos nunca.
Ahora cabalgamos por carreteras llenas de peligros y de baches con las ruedas sin dibujo como nuestras vidas, las que nos van conformando políticos de pacotilla y caraduras de diversa procedencia, gente sin ideas y sin escrúpulos.
Ahora hay hartazgo, sufrimiento, pesimismo, rencor, ganas de insultar y pisotear, necesidad de un ajuste de cuentas, sed de justicia. Ahora hay ganas de que las mejores cabezas del país intenten arreglar este desaguisado y que, como dice Elvira Lindo," nuestros hijos no hereden los mismos titulares de los periódicos". 
Ahora hay que perder el miedo, atreverse a apostar colectivamente por el cambio, no preguntarnos desde el sofá como es posible que no pase nada en un país con seis millones de parados y cuarenta millones de estafados. El miedo lo deben de tener ellos, porque los que no cumplen las leyes escrupulosamente han de ser punidos con contundencia, pues en caso contrario llevan el pueblo a la rebeldía, siguiendo su ejemplo, y por lo tanto al caos. 
Queremos recuperar la esperanza, la dignidad y la autoestima individual y colectiva: Ahora. 


óleo de Byam Shaw

jueves, 24 de octubre de 2013

martes, 22 de octubre de 2013

EL CUERPO QUE HABITAMOS





óleo de Laurence Stephan Lowry


Vivimos atrapados en un cuerpo de futuro siempre incierto, un cuerpo humano, frágil, caduco. Con él escalamos cimas y bajamos a pozos sombríos, vemos y escuchamos lo sublime y lo deleznable, gozamos, acariciamos, sufrimos y morimos. El cuerpo nos delimita y nos condiciona.
Muy temprano nos miramos al espejo con ojos de vernos y ya sabemos de por vida si somos guapos o feos, si nuestro envoltorio nos hace fuertes o por el contrario va a necesitar un empujón para llegar donde otros llegan sin esfuerzo.
Lo más normal es aceptarse y quererse pese a las taras, y cargar resignados con los complejos, pocos o muchos, que una vez pasada la edad del pavo suelen ir a menos.
Luego viene el éxito o el fracaso, o ni una cosa ni la otra, que es lo más común: ni ganar y vivir entre algodones, ni perder y aparcar el cuerpo en la calle entre cartones para su descanso obligado, mientras la mente se escapa a lugares más amables, aunque sea durmiendo.
Si llevamos en el cerebro, según la escala popperiana, un mundo 1, de los objetos materiales, que interactúa con el mundo 2, el de los procesos mentales, y el mundo 3, el del conocimiento objetivo, donde se analizan los procesos mentales del mundo 2, también es cierto que el mundo 2 encuentra en el uno, el de la materia, los símiles para expresarse metafóricamente, a falta de un lenguaje más contundente para el mundo abstracto de las emociones: las heridas del alma también sangran y solo cicatrizan con el tiempo; hacen daño las espinas clavadas, las puñaladas traperas, las zancadillas; hay lágrimas de sangre, carnes abiertas por el espanto y el dolor, frío en el alma, manos vacías, etc.
Con fortaleza interior se van superando todas las barreras físicas, pues solo quién se reconoce al otro lado del espejo puede quererse y reinventarse. 

      "O que é preciso é ser natural e calmo
        Na felicidade ou na infelicidade,
        Sentir como quem olha,
        Pensar como quem anda,
        E quando se vai morrer,
        lembrar-se de que o dia morre,
        E que o poente é belo e é bela a noite que fica..."

                      Fernando Pessoa ( Albero Caeeiro)



óleo de Amedeo Bocchi

jueves, 17 de octubre de 2013

martes, 15 de octubre de 2013

ARROZ CON COSTRA





lienzo de Tintoretto


Ayer fuí a un funeral muy difícil, el de un joven de cuarenta años con mucho por vivir y tres hijos detrás, y hoy para despejar las ideas, unos amigos me llevaron a comer un arroz con costra exquisito a un paraje de ensueño, una Venta anclada en una playa virgen, ahora desierta, lejos de aquí, camino de Tarifa. El agua era un espejo, azul como el cielo sin una nube, sonando como una nana el monótono romper de una ola pequeñísima mientras de vez en cuando bandadas de patos volaban en V hacia el sur.
Sabiendo que yo estaba de resaca de un día complicado, a alguien se le ocurrió preguntar, mientras esperábamos la manduca que olía a gloria bendita, que "¿porqué nos gusta tanto la vida, si a veces es tan dura?".
Supongo que el único sentido de todo esto es la capacidad para amar y gozar, ya sea de una persona, un perro, una caricia, un árbol, una sinfonía, una puesta de sol, una idea, incluso un dolor. O simplemente comiendo un arroz con costra con amigos en un día espléndido de otoño.
Para Erich Fromm, cuando tememos no ser amados, en realidad nuestro temor inconsciente es no poder amar: también cabe la posibilidad de que cuando tememos tanto a la muerte, nuestro temor inconsciente sea a la vida.
Para el destacado psicoanalista alemán cada hombre es al mismo tiempo el artista y el objeto de su arte, el escultor y el mármol, el médico y el paciente: la vida humana es arte y es sentimiento, siendo todo ello fruto de un aprendizaje, un proceso que se desarrolla y se auto alimenta hasta alcanzar un grado de madurez que se manifiesta en toda clase de amores que hay, incluido el amor a uno mismo.
Cada cual con su arroz, solo o en compañía...


fresco de Giuseppe Bertini


miércoles, 9 de octubre de 2013

lunes, 7 de octubre de 2013

ORGULLO Y PREJUICIO






óleo de Ferdinand Hodler


Hay pueblos que confían en sí mismos, que siempre caen de pie porque no temen al futuro, que cada vez que son devastados por la derrota o el infortunio se ponen de nuevo en movimiento, se rehacen pronto y vuelven al lugar que quieren ocupar en el mundo, entre los mejores y las economías punteras, porque hay pueblos que siempre pisan fuerte, cuando ganan y cuando pierden. Por contra hay otros siempre encogidos, acomplejados y serviles cuando pierden y cuando ganan, distraídos e inseguros, viendo pasar de largo los trenes de la prosperidad.
Hay pueblos emprendedores, disciplinados, con sentido de la entrega y del compromiso, que trabajan unidos como nación por el bien común, y por contra hay otros que solo buscan a quién culpar de todos los fracasos, de los que al final nadie se siente responsable.
Hay pueblos con un concepto de Justicia que no admite el mal gobierno y la corrupción sin castigo, pueblos donde las leyes se aplican y los políticos solo pueden ser eficientes y honestos. Por contra hay otros que son caldo de cultivo de gente apocada y derrotista, que agacha la cabeza y acepta los desastres evitables como un destino, mientras sigue viendo una televisión cada vez más tonta o fomenta en las redes sociales el narcisismo estéril y la estupidez colectiva — como en un regreso al pasado, en un eterno retorno, mientras en el resto del mundo muchos avanzan sin pausa.
Hay pueblos donde el esfuerzo y el talento siempre tienen un sitio, y otros donde hoy por hoy lo mejor de la patria se tiene que marchar, como antaño la mano de obra barata para los trabajos sucios. 
Por eso no termina nunca la misma maldición: sigue habiendo pueblos de primera y pueblos de segunda, los unos con su orgullo y prejuicio, y los otros con sus complejos ancestrales. A veces juntos, pero nunca revueltos.
Solo cabe averiguar el porqué, el desde cuando y el hasta cuando.



Ilustración de Gustav Doré




miércoles, 2 de octubre de 2013

lunes, 30 de septiembre de 2013

ADICCIONES





óleo de Armand-Rassenfosse


Si el mundo jamás ha cambiado tanto ni tan aprisa como en los últimos cincuenta años, no es de extrañar que los psiquiatras, antaño solo requeridos para la esquizofrenia, ahora sean constantemente solicitados por la gente normal y corriente, y que incluso la gente guapa (= belleza con poder, fama y dinero) tenga "su psiquiatra" particular: ¡qué no daría yo por echarme en un diván hablando de mí misma a una persona que me prestase atención, y que por encima al final me dijese con conocimiento de causa quién soy realmente! 
El trazado de la línea divisoria entre lo normal y lo patológico se ha afinado tanto que, si en mi juventud había un par de adicciones, las de toda la vida, hoy prácticamente toda actividad tiene su adicción patológica correspondiente, fruto de un desorden mental y emocional cada vez más desordenado...
Se puede ser adicto al trabajo, al gimnasio, al sexo, a lo ajeno, a la religión, al consumo, a la comida, a la cirugía plástica, a los bolsos de marca, a la tele, a otra persona o a la soledad, al rock an´roll, a la piña colada o a miles de cosas distintas, pero hay una adicción que es ya la madre de todas las adicciones, más accesible que el poder o el dinero, más barata que el tabaco, el alcohol u otras drogas duras, y que no para de extenderse por todo el mundo, a edades cada vez más tempranas, amenazando con cambiar para siempre los hábitos esenciales de nuestra manada — ¡es la producida por las nuevas tecnologías, con Internet a la cabeza, acompañada, claro está, de sus correspondientes tecnofilias, tecnoadicciones y ciberadicciones!
Consideradas productos altamente adictivos, las redes sociales son utilizadas por más de 4 mil millones de posibles yonkies, siendo Facebook la número uno, al superar ya los dos mil millones de seguidores.
¿Se ha vuelto con esto el mundo más pequeño y unido, o por el contrario, nos hemos difuminado aun más los individuos, en un hormiguero global de dimensiones dantescas?
Uno de los peligros de enganche, según los sociólogos, viene por los "autoconceptos devaluados que quieren empezar de nuevo en el ciberespacio", creando un personaje a medida para convertirnos en el yo ideal de nosotros mismos, e incluso moviéndonos el deseo de sentirnos más reconocidos, más valorados y más queridos.

Hoy llueve mansamente sobre el verde intenso de las plantas, bajo una luz muy gris que resulta acogedora, igual que hace 50 años, cuando el mundo aún no había empezado a cambiar tanto y tan aprisa. 
Sabe bien volver a algún lugar perdido, con la misma lluvia menuda de la infancia.



óleo de Avtandil Nakharoblidze

jueves, 26 de septiembre de 2013

martes, 24 de septiembre de 2013

ESPERANDO A GODOT






óleo de Anne Margit

Ya llevamos sesenta años elucubrando sobre el mítico personaje fantasma de Samuel Beckett, supongo que si dejamos de buscarle significados algún día, será porque tendremos por fin las respuestas a todas las preguntas...
Dijo el autor que si supiera quién es Godot lo diría, y que de paso no hubiese escrito la obra. Lo que sí ha sabido siempre es que el tal Godot no iba a llegar nunca, ni a las absurdas vidas de Vladimir y Estragon, ni a la suya propia.
Todos esperamos a Godot cuando soñamos, y para quién como él confesó "no tener talento para la felicidad" y reconoció apenado su incapacidad de amar cuando rechazó a Lucía Joyce, el sueño imposible podía ser encontrar un verdadero sentido a la existencia, nada más y nada menos.
"Nada ocurre, nada viene, nadie va, es terrible": el escritor construye un drama único en la literatura universal, retratando simbólicamente a los humanos como títeres desvalidos que manejan con patetismo un destino incontrolable, vagando con la vida a cuestas por un mundo sin coherencia donde siempre es media noche. 
Había terminado la II Guerra Mundial, las ideologías estaban reducidas a chácharas vacías y la gente se movía entre el espanto de lo ocurrido y la incertidumbre de lo que vendría después. Como casi siempre. Por eso esperar a Godot, hacer de mañana la palabra clave, es una tragedia clásica e intemporal con la que todos nos podemos identificar a menudo. Esperar a Godot es asomarse a la ventana de la frustración, esperando que pueda pasar alguien o algo por ahí que rompa en mil pedazos un tiempo estancado sin remedio — Dios o el Diablo, la Justicia o la Utopía, la Fortuna o el Azahar, la Belleza, la Alegría, o la misma Muerte. 
Al fin y al cabo todos estamos solos, eslabones de una cadena humana que empezó desde el principio a encadenar grandezas y miserias, ¡pero que sigue sin romperse pese a todo!



óleo de Arcadi Mas i Fondevila

miércoles, 18 de septiembre de 2013

domingo, 15 de septiembre de 2013

OTOÑO





óleo de Katarina Ivanovic


"Tengo la amargura solitaria
de no saber mi fin ni mi destino"

F.G.Lorca ( A Manuel Ángeles)


Después de un verano siempre llega otro, pero cuando los hombres se visten de otoño, para ellos ya no volverá la primavera.
Aún así, el otoño de cada uno puede llegar cargado de belleza, de uvas maduras, castañas, buen vino y leña seca que calienten por dentro. También en el alma hay alfombras mullidas de hojas muertas, rojas, verdes y amarillas, lluvias con olor a hierba, risas y amores sosegados, nostalgias sin melancolías, una gran paz a estrenar y ganas renovadas de vivir antes de que llegue nuestro particular y definitivo invierno. 



óleo de Rita Angus

miércoles, 11 de septiembre de 2013

sábado, 7 de septiembre de 2013

EL TAMBOR DE HOJALATA








He vuelto a deslumbrarme con esta película pasados más de treinta años, una obra maestra del cine cuyo guión es una de las mejores novelas del siglo XX de la posguerra europea.
La magistral interpretación del actor David Bennet como el pequeño Oscar contribuye sin duda a que el resultado sea tan brillante.
Un joven veinteañero va desgranando, desde un psiquiátrico, las vicisitudes de su increíble periplo vital rodeado de personajes con vidas corrientes pero muy duras, con el telón de fondo del Tercer Reich.
La existencia de los adultos es a tal punto compleja y sórdida que resulta más sensato lo increíble, la lógica infantil de quien se niega a crecer desengañado del mundo nada más nacer, agarrado a un tambor desde los tres años y dueño de unos chillidos que rompen cristales, con lo cual se siente menos solo, más fuerte y protegido en medio de una vida muy perra.
Ingenuo a la vez que cínico y socarrón, capaz de querer u odiar a quien va desfilando como en una pesadilla por su vida de liliputiense, Oscar va coordinando de una forma llena de inventiva y espíritu crítico este drama bélico, esta historia posible en los tiempos ignominiosos del nazismo y en casi todos los tiempos, con las miserias de siempre y sin embargo genialmente diferente. 
Tocando con saña su tambor, encuentra el niño que él quiso seguir siendo un escape al sin sentido y a la soledad que tuvo por compañía desde los albores de la vida, espantando el miedo y la perplejidad, convirtiendo todo en una función donde no falta el humor y la crítica mordaz.
Pero su falsa fortaleza no le sirve para nada en esta bellísima historia cargada de símbolos, donde consigue ser más coherente el mundo de Oscar que el de los adultos con sus hipocresías y bajezas: finalmente el pequeño echa el tambor de hojalata a la fosa donde están enterrando al padre, al que odia porque le robó a María, y que él mismo llevó a la muerte por descubrir una insignia de su uniforme nazi delante de un soldado de las tropas aliadas.
Lo que Oscar siente en ese momento es que ya no puede seguir engañándose a sí mismo, que está irremediablemente atrapado en el mundo cruel de los adultos.
A raíz de la revelación de Günther Gass sobre su pasado juvenil en las SS, cobran un significado nuevo algunos párrafos de la novela, frases como esta, por ejemplo: ..."los días en que un sentimiento inoportuno de culpabilidad, que nadie logra desalojar del cuarto, me aplasta contra las almohadas de mi cama de sanatorio, me escondo en mi ignorancia, que entonces se puso de moda y aún siguen llevándola muchos, como un sombrero elegante que les sienta bien" — como el tambor que todos llevamos dentro para no escuchar lo que tan solo produce sufrimiento a cambio de nada.



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