miércoles, 31 de julio de 2013

domingo, 28 de julio de 2013

LA GRAN CAÍDA





óleo de F. de Goya



José Bretón es un cordobés con buenos modales y esmerada educación, un tipo de clase media ni rico ni pobre, ni guapo ni feo, canijo de aspecto pulcro que en los test de inteligencia dio un coeficiente intelectual medio alto (121), y que después de enamorar a una mujer hermosa, veterinaria de profesión, fue padre de una parejita de niños sanos, guapos y alegres.
Nunca se sabrá porqué ni cuando este hombre que no presenta, según los psiquiatras, ningún trastorno mental ni de personalidad, empieza la caída sutil y sin retorno hacia una psicopatía severa que lo lleva a sacrificar con premeditación y alevosía a sus dos hijos de tres y cinco años en una pira crematoria, con el fin de vengarse del abandono por parte de su mujer.
Nunca se sabrá qué es lo que viene a su mente cuando cierra los ojos en la oscuridad de la celda, una persona que depositó sus pequeños, sedados o ya muertos, en una hoguera, miró como iban ardiendo, respiró esa olor a carne quemada mientras impertérrito controlaba la operación hasta que no quedase rastro de las criaturas — creía él — para poder luego inventar fríamente una historia, ya con mirada de pasmo y ausencia, pero entero como si fuese de piedra, negando los hechos siempre con el mismo guión, hasta el día en que se rompa el guión, se rompa él, o su mente trastornada. 
Desde que Freud descubrió el inconsciente y el psicoanálisis, sabemos que es muy frágil el hilo que separa nuestras grandezas de nuestras miserias, que es como si tuviéramos dentro de la cabeza una sala llena de fantasmas cuya puerta debe permanecer siempre cerrada, y si alguna vez se nos escapa alguno de estos peligrosos intrusos, hay que pedir ayuda para volver a encerrarlo lo antes posible. 
Sabemos que todos estamos llenos de fallos y debilidades que apenas reconocemos, que es mucho más fácil reconocer las de los demás; sabemos que ante una situación límite es cuando damos la medida de lo que somos, valientes o cobardes, héroes o villanos.
Sabemos que la capacidad de cometer atrocidades es inversamente proporcional a la capacidad de empatizar con el dolor y la alegría ajenos, de ponernos en su lugar para lo bueno y para lo malo. Darwin nos previno de que el mal en un principio se hizo por un instinto de supervivencia, pero que al estar ésta cubierta, el mal se hace con más saña, simplemente por tedio o por una imbécil vanidad.
Cuando se nos encapota el cielo de nuestras pequeñas o grandes historias, lo valiente es aguantar el chaparrón y no dejar que una tormenta puntual nos rompa la vida para siempre.
El asesino de Córdoba nos viene despertando hace meses el morbo que llevamos dentro, un instinto fatal que hace que nos atraiga lo que a la vez nos espanta: por eso tienen tanto impacto social las noticias macabras.

"Quién se cierne sobre las más altas montañas, se ríe de todas las tragedias de la escena y de la vida" ( Así Habló Zaratustra)



óleo de Jules Tavernier

miércoles, 24 de julio de 2013

lunes, 22 de julio de 2013

LIBERTAD





témpera de Giovanni di Paolo



Si no hay libertad sin inteligencia, entonces se trata de un concepto exclusivamente humano, cada vez más difícil de concretar, por otra parte. Combinamos emociones de la Edad de la Piedra con instituciones medievales y una tecnología casi sobrenatural, por lo que lo único que avanza sin fisuras es la ciencia, mientras que la fascinación inocente por la vida va decayendo en las civilizaciones que se apartan de lo natural.
Todo va muy aprisa, los atajos de la técnica hacen que la percepción de lo que nos rodea se esté volviendo otra cosa que perjudica el desarrollo mental y anula ciertas emociones básicas, mientras se agudiza una ansiedad frustrante y la percepción del mundo como amenaza.
Somos un fruto de la evolución, y como afirma el físico Antonio Hernando, es ingenuo tener la idea de que el hombre es libre, cualquier neurocientífico sabe que tan solo el 5 % de las decisiones que tomamos en la vida son soberanas; para Epicuro el mundo era un conjunto de átomos que chocaban y chocaban continuamente, en un universo vacío y silencioso.
Como si el panorama no fuese ya de por sí bastante sombrío, vienen las religiones y ponen grilletes hasta al alma, se adueñan de los pensamientos, asocian la libertad a un don divino y al destino de la persona después de muerta, cuando tendrá de rendir cuentas de su paso por la vida. 
Por otra parte las personas y como no, el sistema, vigilan constantemente, en un intento de manipular y controlar. 
El Poder, la sociedad e incluso los más allegados, intentan siempre la sumisión del otro, no como persona única e irrepetible sino como ficha de un parchis inmenso e infernal donde apenas se hace visible el que se atreve a saltar una casilla, o dos, o el tablero entero, unas veces para bien general y otras no. 
Solo nos dejan libertad para ser estafadores o estafados, tontos, gilipollas, infelices, o también para olvidar lo que somos o no somos alienándonos con cualquiera de las drogas del mercado. 
Pero nos queda siempre un As en la manga que nadie nos puede quitar: la de ser dueños de nuestra vida para poder terminar con ella si no queremos seguir viviendo, ser capaz, llegado el caso, de escapar de todas las trampas a las que estamos sometidos.
Como dijo Epíteto, ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo ( o por lo menos de ese preciado 5% que nos conceden los científicos...).



óleo de Lesser Ury

lunes, 15 de julio de 2013

miércoles, 10 de julio de 2013

domingo, 7 de julio de 2013

EL NORTE Y EL SUR




óleo de Richard Diebenkorn



Siempre miré al Norte, desde los tiempos de Franco y de Salazar, cuando se comentaba que Europa empezaba en los Pirineos, hasta el día de hoy, caluroso y confuso, pasando por la adhesión a la CEE y a la moneda única, donde nunca hemos pasado de la mitad de renta per cápita de los países ricos.
Siempre miré al Norte, a los países que funcionan sin miseria ni fortunas indecentes, donde los políticos son fulminantemente destituidos al más mínimo desliz y donde todos los ciudadanos tienen garantizadas la dignidad y la justicia. Y siempre me pregunté el porqué, con nuestro clima, nuestro abril, nuestras playas y praderas, nuestra servil hospitalidad a los que vienen del frío, nuestro arte, nuestro salero o nuestros besos, que no se dan a cualquiera, nuestra alegría a flor de piel y nuestro todo, siempre nos enrocamos en problemas endémicos que nunca llegamos a resolver.
Cuando la presión de los medios, felizmente cada vez más fuerte, o las mismas puñaladas traperas que se dan entre ellos así lo aconsejan, entra un pájaro de estos en la cárcel como cabeza de turco, abduce de paso a los carceleros y encarcelados para salir hecho un héroe a lo Robin Wood, preparado para pasearse por los platós televisivos, escribir sus memorias y hasta tener una serie propia, llegado el caso. Mientras tanto, absolutamente todas las penas van prescribiendo por antigüedad, salvo las del alma, que tardan más en olvidar. 
Tenemos que asumir que Al Capone, un suponer, le gusta más al personal que La Casa de la Pradera.
Aguantamos todo lo que pasa, lo que pasó y lo que pasará, porque estamos programados hace siglos para aguantar lo que nos echen, bajo la sombra alargada de las familias, las que tienen el mando, el dinero o la salvación eterna en sus manos, lo mismo da quienes estén de turno en esta camorra a la española. ¡Qué sería Marlon Brando sin El Padrino o Berlanga sin La Escopeta Nacional!
Aquí los que saben vivir son los que viven del cuento :¿listos ellos?, sí. ¿"Tontos del culo los demás?", también. Aquí lo principal es tener un piquito de oro y una buena facha, ojo, la facha marca diferencia, y si es engominada, mejor.
Para muestra, un botón: la ministra del Trabajo se atreve a decir a los que tienen que emigrar para seguir comiendo, que eso de decir "emigrar" es muy extremo, que se trata sencillamente de "movimientos dentro de Europa" — ¡que no es lo mismo! Así de claro.
Y cuando nuestros políticos nos advierten, desde sus poltronas, desde sus sueldazos en blanco, en negro y en "diferido", a lo Cospedal, que hay que apretar el cinturón más todavía, que no es suficiente, le hacemos otro agujero, que cuando hay voluntad siempre queda holgura. Será por agujeros.
Por desgracia no es cierto lo que gritaron el 12 N los estudiantes de Roma, que "Tutti insieme famo paura": todos juntitos, sin faltar ni uno, jurando en arameo por las redes sociales y saliendo de vez en cuando a la calle a hacer ruido,
¡no les damos ni un puñetero susto! 



óleo de Robert Delaunay

miércoles, 3 de julio de 2013