lunes, 1 de diciembre de 2025

EL MENDIGO

 



                                                                 
                         Edvard Munch



   

Una urbanización de gran belleza natural, calma y silenciosa, tranquila pero animada, con muchos deportistas, jóvenes, viejos, niños, perros, árboles, pájaros, mar y un clima óptimo, todo con la serena armonía de gente que vive en sosiego rutinas sanas y agradables: un mundo privilegiado, la grata sensación de que la vida funciona y se respira paz, en medio del caos que se ve a diario por los medios de comunicación.  
Ella se levantó de madrugada como siempre para hacer yoga, pero le sorprendió un bulto durmiendo al raso delante de la ventana de su habitación. Se escondía entero bajo un par de mantas, una abajo y otra arriba, en la acera entre la barandilla del parque y la pared de una pequeña churrería que solo abre los fines de semana (la casa hace esquina a una ancha avenida y a un frondoso parque, en una rotonda con la escultura de unas "olas" de acero y el sonido relajante de chorros de agua que bailan hacia arriba y luego caen en cascada a una enorme balsa redonda forrada de azul).  
Al tercer día de tan insólito hallazgo, metió en el bolsillo del chándal todo lo que tenía suelto, nueve euros, y se hizo la encontradiza cuando el hombre ya estaba sentado al sol en un banco delante del área infantil, con todas sus  pertenencias metidas en dos mochilas. 
Era alto, robusto, bien equipado para el frío, un cuarentón de ojos azules y voz de actor de cine... Le preguntó, enseñando las monedas, si podía invitarle a un café y contestó en inglés que no entendía el español, después de soltar una sonora carcajada, acaso fruto de la sorpresa, vergüenza u orgullo herido. Pero cogió el dinero con evidente interés y lo contó con disimulo, comentando a continuación algo así como "is much", antes de meterlo al bolsillo y decir "thank you". Luego llevó la mano derecha al corazón con una mirada agradecida y apuntando hacia el cielo le dijo que era " a very good person".
Se marchó emocionada, con unas lágrimas cálidas  en las mejillas que sintió como un bálsamo, algo de cierto modo grato para quien hace mucho tiempo no era de llorar en la vida. 
Luego alguien le vio comprando en el supermercado, nada más abrir, una botella de vino blanco. Alcohólico. Controlado, no un borracho que vaya por allí haciendo eses. 
¿Bebe para olvidar, ha tenido que olvidar porque bebe, ha claudicado, su vida ya no tiene sentido o como ha dicho Nietzsche, está "redefiniendo el significado de la existencia"? 
Lo que sí lleva consigo es un móvil, de madrugada  habla y gesticula pausado, incluso se ríe de vez en cuando: pero no hay nadie cerca que le ofrezca un techo para no dormir al relente en pleno invierno, y a eso se llama soledad y miseria. Sangrante pasar así noche tras noche rodeado del confort de todos los que tiene a su alrededor. 
¿Cómo llegó a esto, porqué, qué piensa, qué siente, 
de donde viene, adonde va, es víctima, es verdugo?  Si la adversidad contribuye al crecimiento del alma, ¿de qué tamaño es la del mendigo inglés?

Nuestra fuerza es la inconsciencia de nuestra debilidad, nuestra valentía la inconsciencia del peligro. Fernando Pessoa