martes, 28 de diciembre de 2010

AÑO NUEVO

   


Charlie Rivel





Los balances de fin de año son como la limpieza de armarios, cada temporada hay que quitar viejo para meter nuevo.
Los balances de fin de año no gustan porque "da cosa" pensar en lo que nunca volverá, en el tiempo ya quemado con sus aciertos y sus errores, y en lo que está todavía por llegar, cargado de incertidumbres. Es mucho mejor centrarse en el presente que andar por las ramas de un futuro incierto.
Convivimos con el peligro igual que con la esperanza, pero nunca podemos saber como se va deshojar la margarita del destino — me toca... no me toca...
Unas veces tenemos el cielo al alcance de las manos y otras no.
En  Nochevieja a las doce, brindamos por los próximos 365 días, y a veces detrás de una gran sonrisa escondemos una gran preocupación. Levantamos la copa de champagne siempre  esperando que lo bueno dure y lo malo pase pronto.
¿Quién no ha sufrido alguna vez, quién no ha dudado de todo, quién no ha sentido miedo, quién no ha tenido frío, quién no se ha sentido nunca solo, perdido, pequeño, inseguro, quién no ha tenido que esconder amargura detrás de una mueca de payaso?
En Nochevieja siempre brindamos por la Vida, sin dejar que lo visto y lo vivido pudran la alegría de existir — las Torres Gemelas en el suelo, Nueva Orleans inundado,  las costas del pacífico anegadas por un tsunami gigante, mil tragedias escalofriantes vividas en directo nos van robando la capacidad de asombro, pero nos llevan a comprender que la vida siempre sigue con los que siguen en ella y también es capaz de deslumbrarnos a veces con hechos tan hermosos como el rescate de los mineros chilenos o tantos otros que no son notícia pero están en todas partes — peripecias vitales que unas veces nos estremecen pero otras nos conmueven y enseñan: con los años vamos sabiendo de la medida de las gentes y las cosas, y solo el tiempo nos va dando respuestas definitivas.
Por ejemplo es bueno saber que en la última década 2500 millones de personas mejoraron su renta per cápita en el mundo, o que  la respuesta solidaria en las grandes catástrofes supera las necesidades (otra cosa son las políticas desastrosas como en Haití).
Soy consciente de que es más fácil criticar que hacer algo, por poco que sea, y que como dice Elvira Lindo "hay algo  obsceno en recrearse presagiando la caída al abismo de un pueblo entero", pero estamos a fin de año, momento de buenos deseos, y por eso yo, desde la seguridad de que no tengo nada seguro, pido para el próximo año, además de mucha salud para todos, que es lo más importante, un político iluminado para España, ¡un Curchill, un De Gaule, un Willy Brandt,  un Mitterrand, un Mandela, un Lula da Silva!...
Arreglar las cosas no siempre es fácil, todos sabemos que esto está complicado, pero considero que cuando un Presidente de Gobierno, aunque elegido democráticamente, es superado por los acontecimentos y no es capaz de sacar el país del atolladero, tiene la obligación moral de asumir toda la responsabilidad de lo que está pasando, aunque no la tuviera, y propiciar la posibilidad de ser relevado para que otro intente hacerlo mejor. Agarrarse al sillón del poder cuando millones de ciudadanos no levantan cabeza, me parece indecente.
Ojalá este año pueda resurgir la esperanza colectiva,  la merecemos, y como el tiempo todo lo cura, seguro que estamos más cerca de ver la luz al final del túnel.

"Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad" ( Winston Churchill).
¡ FELIZ AÑO !



Pintura de Cimabue

sábado, 18 de diciembre de 2010

MÓVILES Y LÍOS







1965
En la deliciosa serie "Super Agente 86" Max está en una misión secreta contra las fuerzas del KAOS, junto con su inseparable agente 99. Saca su zapatófono y la llama, le habla muy bajito y sigue caminando hacia atrás. Ella hace otro tanto de lo mismo, hasta que están espalda contra espalda, y siguen hablando por teléfono. Fué una escena que no olvidé, por lo mucho que me reí.
— Al día de hoy, esa situación hace parte de nuestra vida cotidiana: nos citamos en un lugar concurrido, y al no ver a la otra persona inmediatamente echamos mano del móvil, la localizamos, al lado o en frente mismo de nuestras narices y mientras le hacemos algún gesto seguimos con el móvil en la oreja, aprovechando para saludarla...


1983
Se comercializa el primer teléfono celular, que tiene una autononía de media hora hablando y ocho en modo de espera, siendo necesarias diez horas para recuperar la batería; pesa cerca de 1 kg. y cuesta un riñón  El primer mensaje SMS se envió el 3 de Diciembre de 1992 en Inglaterra, de un ordenador a un móvil, ponía sencillamente "Feliz Navidad".
— Al día de hoy,  combina telefonía, música e Internet. Permite navegar y reproducir contenido multimedia, tiene una pantalla táctil que gira 90 grados, cámara fotográfica y de vídeo , apenas ocupa espacio y pesa 114 gramos.


1995
Paseando por el tontódromo de Murcia, mi marido hace este comentario de antología: " Hace falta ser snob para ir hablando por teléfono en plena calle" (¡ Qué visión de futuro, hijo!)
— Al día de hoy, toda oreja tiene su aparato a partir de los doce añitos. La popularización de la telefonía móvil ha supuesto una de las grandes revoluciones de los últimos diez años, facilitando la comunicación y la movilidad como nunca había ocurrido. En España, sin ir más lejos, el parque de móviles sobrepasa con creces el número de habitantes; en África el 90% de las comunicaciones se hace con estos teléfonos, su número en el mundo ya supera los 5000 millones.
Se habla por la calle, a veces a grito pelado, se habla en el metro o en cafeterías y restaurantes, a veces a cajas destempladas, como todos bien sabemos y sufrimos, a tal punto que se puede decir tranquilamente que el teléfono móvil tiene también otra función no menos importante: medir el nivel de educación y modales del personal...


2010,
Tengo una gran amiga que odia la tecnología punta, es enemiga declarada de todo artilugio mecánico, que por otra parte no tiene más remedio que utilizar, en una relación de "amor- odio" que me troncha, pués tiene un gran sentido del humor.
Otro día me quedé en llevarla al aeropuerto y para ello dormí en su casa porque el avión, otro trasto que detesta, salía muy pronto. Por la mañana mientras ella terminaba sus cosas bajé la maleta al coche,  fuí a una gasolinera cerca y  fumé un cigarrillo. Parece ser que tardé más de lo que ella  había calculado y empezó a ponerse muy nerviosa pensando si me habrían atacado , pués era todavía noche oscura.
  Cogió su móvil y marcó mi número y casi simultaneamente oye sonar el mío propio, que había dejado encima de la cómoda. Cuelga el suyo y atiende el mío, que mientras para de sonar... Lee: llamada perdida. Vuelve al suyo, que había puesto encima de la mesita de noche para coger el mío, e intenta hablar comigo otra vez, pero vuelve a sonar el mío encima de la cómoda, por lo que vuelve a colgar el suyo y a coger el mío ( no sé si me siguen), el cual deja de sonar otra vez, con las mismas palabras en pantalla, las de llamada perdida...Se pone atacada de los nervios y piensa (sepan que lo cuento con su permiso):" María está intentando decirme algo y no puede, está claro que está en peligro".
Vuelve al suyo corriendo y ahí es cuando entro yo por la puerta, la noto azorada, teléfono en mano, y le pregunto a quién está llamando. Pone una cara como de gran preocupación y me contesta ensimismada: "soy gilipollas".
Cuando me contó la escena, más preocupada con su salud mental que divertida, me fui riendo hasta el aeropuerto, mientras ella murmuraba que "se le habían cruzado los cables y que no le extrañaba, porque ella no había nacido para móviles y líos "...
Y así protestando se metió en el avión, muy a su pesar y muerta de miedo como siempre.


Y ahora una confesión personal,  una pesadilla, cosa a la que no soy muy dada, y que se me repite de vez en cuando: me encuentro completamente sola en una ciudad desconocida, enorme y fría, se está haciendo de noche y estoy llena de miedo y ansiedad. Llamo a Enrique desesperadamente pero mi móvil no da señales de vida, no sé su número de memoria y entonces siento que estoy perdida para siempre. ¡Menos mal que en ese momento despierto!
He buscado en La interpretación de los sueños de Freud y algo me aclaró, aunque este es un sueño del siglo XXI, no de hace más de cien años. 
Lo cierto es que cada vez somos más dependientes, y por encima lo que hoy es lo último en tecnología mañana ya está anticuado, muchos no podemos ni queremos ir tan aprisa, nos mareamos, nos negamos a engancharnos a toda esta parafernalia de la modernidad, y cada vez nos atrae más lo antiguo, lo sosegado, lo que está en vias de extinción, las personas tal cual, las de toda la vida, en una convivencia  auténtica, personal, cercana, amable, generosa, amiga, noble, solidaria, discreta, educada, sincera, sencilla, divertida, creativa, interesante, sensible ( no creo que sea mucho pedir), esa gente que " hace camino al andar", pero sobre la tierra — no hacia las galaxias...

¡Feliz Navidad!


Pintura atribuida a Nicolas Froment



 

lunes, 13 de diciembre de 2010

VIVIR , MORIR





obra de Carroll Cloar






Ha muerto mi amiga de la niñez, la primera, la de la inocencia incontaminada, la de cuando reímos tanto, aún sin saber porqué. 
Hace nueve años nos abrazamos con el cariño de una vida entera, sin sospechar que aquel abrazo de reencuentro era también de despedida — casi nunca sabemos si lo que estamos haciendo es definitivo, decir adiós, visitar un lugar, hacer el amor o bailar un tango, sentirnos jóvenes o fuertes,  contentos o ilusionados — para todo hay una última vez, pero solo lo sabemos más tarde. Cuando perdemos a un amigo se nos encoge el corazón de frío, nuestra historia  va cambiando poco a poco hasta llegar a echarnos de menos a nosotros mismos...
Mi amiga había perdido su único hijo en un accidente de coche, y cuando la desolación la tenía prisionera, un día tocaron a la puerta para cambiarle la vida: una chiquita menuda y triste le dijo que estaba embarazada de su hijo, pero que no podía hacerse cargo de la situación, a lo que mi amiga le contestó, sin pensar, como si alguien hablase por ella: "Ten ese niño, que si es de mi hijo lo adoptamos, y si no lo es...también".

No temo a la muerte que simplemente está, es la otra cara de la moneda, llevarse bien con ella es aceptarla como el seguro final del viaje, la solución lógica para la lógica irrefutable de la vida.
Sé de su presencia, oculta detrás de una cortina  del salón de mi subconsciente, está pero la ignoro, no dejo que me perturbe paseando por los pasillos de mis días y mis noches; porque no la temo, la olvido. Sin embargo me tranquiliza conocer donde está la salida si un día la vida deja de interesarme: entonces iré hacia ella como si la felicidad estuviese a su lado, descorreré la cortina y le diré "¡llévame y acúname, quiéreme, acaríciame, sosiégame, sonríeme, hazme sentir niña otra vez antes de quedar dormida para siempre!"                 

       


fresco de Odilon Redon





jueves, 9 de diciembre de 2010

EL QUINTO PODER







El quinto poder surge con la posibilidad de comunicarse globalmente a través de la Red, de poder informar o desinformar y también de poder ser informado o desinformado sin límites ni censura, dando la cara o anónimamente.
Todo usuario de Internet tiene acceso a la cultura universal y por otra parte todos podemos también expresar nuestras propias ideas o sentimientos sin traba alguna, lo que es fantástico, pero por eso mismo también peligroso — se pueden difundir calumnias, superar entidades, condenar inocentes, intoxicar la opinión pública, manipular, especular, hacer demagogia, conspirar, estafar…
¡Nunca un medio de comunicación estuvo tan fuera de todo control ni fue tan usado por las masas! Nunca un medio de comunicación gozó de una función tan esencial de contrapoder.
En 1940 Orson Welles denuncia en Ciudadano Kane un magnate de la prensa propietario de algunos periódicos en Estados Unidos. ¡Eso hoy no es nada, comparado con lo que está pasando con un Silvio Berlusconi, con Wikileaks, etc. etc.! La realidad supera con creces la ficción de novelas tan exitosas como las de Millennium, que tanto entusiasmaron a los lectores de medio mundo.
Se accede a fuentes, y a las fuentes de las fuentes. Como escribe Manuel Vicent este domingo en El País: “Fondos reservados, la doble vida de reyes o tenderos, laberintos de la política, informes confidenciales, amores nefandos, crímenes y conjuras, preparativos de guerra, todo ese acerbo maldito será molturado por la informática en un disquete que podrá adquirirse en los grandes almacenes. Al final seremos libres cuando estemos todos atrapados”
Quizá seremos todos libres cuando seamos capaces de separar el trigo de la paja, cuando seamos un conjunto de personas perfectamente capacitadas para enfrentarnos en igualdad de condiciones a los retos del desarrollo. En la nueva era global, los medios de comunicación son utilizados como un arma de combate, la función no ha hecho más que empezar: solo nos queda un camino, aprender y aprender, no consentir que sigan embruteciéndonos, saber pensar y saber discernir por nosotros mismos, no dejarnos manipular, no dejarnos utilizar. Unidos y educados somos la mayor fuerza, el quinto poder tenemos que ser todos, y no los de siempre.
Estamos ante un mercado gigantesco de verdades y de mentiras, de especuladores, de visionarios y psicópatas, de piratas, de virus y ciber ataques, de posibles guerras virtuales: hay que estar alerta y exigir a los dirigentes códigos éticos que impongan la decencia y la cordura en esta feria de pasiones. Andamos muy escasos de referentes válidos, de lideres carismáticos que nos inspiren entusiasmo y confianza, y sobrados de tontos encantados de sí mismos.
¡Enfin! Tenemos dentro de casa, al alcance de nuestros dedos, todo un mundo de grandezas y miserias — pero también somos muchos millones los que, en cualquier lugar de la Tierra, solo vamos buscando algún buen amigo.




sábado, 4 de diciembre de 2010

VOLVER A VALENCIA






oleo de Sorolla, pintor valenciano


Viví en Valencia toda mi treintena (1974-84), esa época de la existencia en que por lo general la noria de la vida nos tiene en lo más alto, por fuera y también por dentro: nos sentimos aún jóvenes pero más maduros, lo bastante para saber cuando decir , cuando decir no, cuando decir quizás, cuando decir nunca, cuando decir Ahora...
Ese tiempo tan interesante lo viví en la “ciudad del fuego”, de las Fallas y las mascletás que suben la adrenalina, en ese lugar donde sin duda volvería si algún día volviese a alguna parte.
Llevaba años sin visitarla y al poco de llegar me sentía aturdida, el G.P.S. nos iba conduciendo y yo no reconocía nada por el camino, ¡hasta que vi delante mía el edificio donde hemos vivido! Los años del boom inmobiliario lo cambiaron casi todo mientras yo me hacía más pequeña, más de pueblo, aunque se me ponen los dientes muy largos cuando pienso que al Palau de la Música vienen directores como Daniel Barenboim, Rudolf Buchbinder, Rafael Frühbeck de Burgos o René Jacobs, y que la temporada de Ópera  del 2010-2011 en el Palau de las Artes Reina Sofía, incluye  Aida y Manon, conciertos con Jesús Cobos y Plácido Domingo, Tosca y Fidelio con Zubin Mehta... 
Mucha envidia y también orgullo, sobre todo porque en el Centro de Investigación Príncipe Felipe gente tan brillante como Santiago Grisolía trabaja sobre el genoma humano. Son cosas como estas que hacen grande una ciudad y despiertan el deseo de vivir en ella.
Pero tengo que confesar que solo empecé a sentir la emoción del recuerdo y la nostalgia cuando pisé el Puente del Real hacia las vetustas Torres de Serranos, la calle San Vicente, la Plaza de La Virgen con el Micalet, la calle Colón, la Plaza del Ajuntament, lo de toda la vida, que es lo que siempre buscamos los nostálgicos — como el restaurante "La Marcelina", que sigue en la Malvarosa, donde nos deleitamos con una paella de conejo y pollastre hecha en fuego de leña, con sus verduritas, sus garrofones, sus caracoles, su pizca de pimentón, de azafrán y de romero. Exquisita.
Y así bien empapada de emociones me llegó el momento de visitar a una vieja compañera, bajo una lluvia menuda como un manso y cálido llorar para dentro: la Albufera, mi Albufera, donde tantas veces me perdí y me encontré, la de las cañas y barro, de las dunas y juncales, de las barracas, las barcas, los chorlitos, los tordos, los ruiseñores, los patos, las garzas reales, las puestas de sol... la de las novelas imprescindibles de Blasco Ibañez, del tío Barret, de los Paloma, de la Neleta y el Tonet.
Siempre llevaré dentro esta tierra que siento como algo mío: lo bueno que tienen las cosas que no son de nadie es que son de todos los que saben quererlas. 


obra de Jose Manuel Capuletti