domingo, 18 de noviembre de 2012

EL PIQUITO DE ORO






óleo de Federico Beltrán Masses


Olga y María sacaron la carrera juntas siendo siempre muy amigas, llegadas de sendos pueblecitos en la sierra, pizpiretas y cabales, listas, simpáticas y alegres. Parecían hermanas, pequeñas y redonditas, acompañadas de sus "chevaliers marchants" altotes y flacos, con una sana bondad del tamaño de sus piernas interminables.
Un día a Olga, cuando su novio ya estaba haciendo la mili, se le cruzó en el camino otro muchacho, bajo y corriente, con la única particularidad de que era estrábico y nunca sabías bien si te miraba  o desmiraba, que era lo suyo, pues solo veía a quién quería ver. Eso sí, era muy "brillante", tanto que llegó a juez del Tribunal Supremo en menos que canta un gallo.
En las tertulias de café no dialogaba, monologaba, daba mítines, donde él estaba estaba él y alrededor todo era silencio...
Deslumbró a tal punto a mi querida compañera, que un día ella me dijo que "si no lo hubiese conocido nunca sabría lo que era la pasión". 
Se casaron y tuvieron dos hijos, igual que su amiga María, con la que iban también de vacaciones, los ocho siempre juntitos, de acampada en sus caravanas respectivas.
Fue precisamente al final de un verano en que Olga no se apercibiera de nada extraño que su marido le comunicó sin calentamiento previo que se marchaba a vivir con María, que se amaban y que no había marcha atrás.
La pobre mujer no daba crédito a lo que estaba pasando mientras le veía empaquetar sus pertenencias con un doble puñal clavado, por el   rechazo brutal y sin parches de un hombre que creía que la amaba como ella a él y por la traición cobarde de su amiga del alma.
Salió como pudo de este mazazo, frustrada pero siempre con la esperanza de que él iba a volver en cualquier momento y allí estaría ella para recibirlo con los brazos abiertos (tal como le hizo saber más de una vez, para mi asombro).
Sin embargo el primero que tocó a su puerta todo empapado una tarde en que llovía a cántaros, fue su antiguo novio, suplicándole que volviese con él, que nunca había podido olvidarla ni superar el dolor de haberla perdido.
Olga le miraba perpleja, pasados más de veinte años, mientras notaba por dentro como se le iba apagando aquella soledad insoportable y el ruido de la lluvia en los cristales empezaba a sonar a calor y alegría.
"Si quieres podemos intentarlo de nuevo, rebobinar", le dijo,"aunque mi corazón siempre estará dividido".
Aquél día empezó a ser otra por dentro, aprendió qué es sentirse bien como mujer y tener de verdad un compañero con el que sacar partido a todas las pequeñas cosas de la vida. 
He aquí que pasado un tiempo el que se le acerca es el padre de sus hijos, ese hombre que le había robado el alma: ella le miraba como si le estuviese viendo por primera vez, gris, oscuro, prepotente, cruel, incapaz de amar, sin una conversación de puertas para dentro, autoritario y distante con los hijos, exigiéndoles siempre más, con esa mirada extraviada que de repente le dio frío. Aunque no se arrepentía de haberle amado tanto, en aquél momento se daba cuenta de que no era a él que había entregado su corazón, era a otro, a alguien que solo existía en su imaginación y al que seguía queriendo.
Solo acertó a decirle que era demasiado tarde, que no le guardaba ningún rencor y le deseaba lo mejor y que para ella siempre sería el padre de sus hijos.
Había estado soñando media vida con aquél momento y cuando llegó no sintió más que lástima, por él, por ella, no sabría decirlo, ¡ya qué mas daba!
Aún le quedaba otra visita, solo unos días después: abrió la puerta y se encontró con María, que quería su perdón antes de morirse. Lloraron de emoción, rieron de pena, revivieron lo bueno y lo malo, no volvieron a separarse hasta que a María le tocó partir, en sosiego, tan serena y pura como cuando llegó de la sierra y se hizo amiga del alma de Olga, y ambas eran dos alegres muchachas llenas de vida, pizpiretas y redonditas.



óleo de Renoir


7 comentarios:

  1. Me quedo con : " ella le miraba como si le estuviese viendo por primera vez"

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  2. Hoje a tua história comoveu-me e humedeceu-me os olhos.
    Não se pode obrigar ninguém a amar-nos, nem amores, nem amigos...e vamos caminhando na vida amando e perdendo. Mesmo quando parece que o coração já não vai ser capaz de voltar a amar, vem alguém que nos troca as voltas. E ainda bem, porque vale mais sofrer, mesmo que por alguém que não mereça o nosso amor, do que nunca ter amado.
    Tudo passa e sempre nos recuperamos e além disso, aprende-se muito bem a conviver com a solidão.
    Eu aprendi.
    Um beijinho grande e bom domingo.

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  3. Una gran historia, María, que solo su admirable capacidad de síntesis puede meter entera en tan pocas palabras, las justas y precisas para resumir muchas vidas.
    Al final las amigas se reencuentran y Olga, que se merece todo, solo tiene para dar a la amiga su inmenso cariño. Cada cual tiene lo que se merece, y el "piquito de oro" es el que sale más perjudicado. Como tenía que ser.
    Fué un placer leerla, como siempre.
    Un abrazo de su amigo Manuel

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  4. ¡¡¡¡Interesante historia María!!!!, parece increíble que en tan pocas líneas puedas escribir un relato tan intenso....Carmen Garrife.

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  5. A traição ainda me cai como um corte de faca afiada, talvez não pudesse perdoar, mas, dar a volta por cima e encontrar outras formas de amar é lindo.
    bjs e obrigada por escrever muitas das nossas verdades, das mulheres pelo o mundo a fora.

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  6. Venho tarde desta vez, mas tu sabes das minhas "distracções" súbitas.E de um pouco de confusão dos dias.
    Gostei muito porque é uma história contada com aparente desprendimento de um terceiro que "assiste" e conta, mas com um sentimento forte ao mesmo tempo!
    Histórias de mulheres? não só. Histórias das "monstruosidades vulgares" da vida (só me aparecem títulos do Régio!!)seria mais acertado!
    Do egocentrismo, do tal "piquito" (?)que "en las tertulias de café no dialogaba, monologaba" e que no fim de contas é -como teria de ser- um personagem "gris, oscuro, prepotente, cruel, incapaz de amar" como tu bem o descreves...
    As traições acontecem, mas o encontro das amigas perdidas é muito belo! Pobre María e pobre Olga...foi bom que se pudessem falar e voltar a ser as meninas "redonditas" de outros tempos.
    Cheia de verdade a frase :"y el ruido de la lluvia en los cristales empezaba a sonar a calor y alegría."
    Beijinhos

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