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| óleo de Salvador Dalí |
Sin embargo las miserias personales no quitan un ápice de grandeza e importancia a las obras maestras, claro, como dice Jean Genet: "mi vida debe ser leyenda, yo no soy nada más que un pretexto". Solo que sería maravilloso que alguien que admiramos mucho fuese, parafraseando a Pessoa, "del tamaño de lo que crea y no del tamaño de su altura", y que Woody Allen, por ejemplo, fuese un señor, un tipo lúcido y decente, un tímido atormentado y entrañable como sus personajes. Alvy Singer, ese héroe magistral que el mismo Allen interpreta magistralmente en su magistral película Annie Hall, afirma con pesimismo: "Uno siempre está intentando que las cosas salgan perfectas en el arte, porque conseguirlo en la vida es realmente difícil". Pues eso.
Ahora el inmortal cineasta se sienta en el banquillo de los acusados por la opinión pública, más demoledora que la propia Justicia.
Pero a los millones de admiradores suyos siempre nos quedarán sus películas, we´ll always have Paris...











