domingo, 21 de noviembre de 2010

CALIDAD DE VIDA









obra de Kandinsky



Somos casi siete mil millones de personas en el planeta rodando a una velocidad de mil setecientos kilómetros por hora alrededor del sol. ¡Da vértigo pensarlo! 
Venimos al mundo por un rato, unos lo pasan bien y otros mal, la mayoría bien y mal, subiendo y bajando en su particular noria — cuando se llega a lo más alto solo se puede ir hacia bajo y cuando se toca fondo solo queda ir hacia arriba. Personalmente prefiero la sensación de ir subiendo a la de ir bajando, aunque venga de muy arriba; me es más reconfortante moverme hacia la esperanza que hacia el vacío, por eso del miedo, el peor de los sufrimientos.
Venimos por un rato que a veces se hace largo pero que en general es corto, pasamos lo que nos toca, nos marchamos y al poco ya nadie se acuerda de nosotros: pero casi siempre la vida compensa, casi nadie tiene prisa de dejar esto, hay mucho para ver y sentir, y alguna posibilidad de pasarlo bien — guardándose de alimentar sueños imposibles, que es cosa de tontos.
Nuestro modus vivendi es ahora mismo muy variopinto, desde el de las tribus primitivas, aún estancadas en el túnel del tiempo, hasta el de los habitantes de megaurbes, en megaedificios con unos ventanales enormes que no se pueden abrir para tomar el fresco. Supongo que arrancar a alguien (con mucho dinero, eso sí) de una gran ciudad y meterlo donde vivo yo, por ejemplo, debería causarle un shoc tan brutal como si de repente a mí me colgasen de un piso número cien, sin pisar tierra, sin mi acacia y mis buganvillas, mi dama de noche y mi jazmín, mis rosales, mi trocito de césped, los pinos de en frente, los mirlos de pico amarillo, las gaviotas, el mar, los barquitos y las espectaculares puestas de sol al fin de cada atardecer. 
La calidad de vida tiene que ver con lo esencial, con la oculta armonía de la vida, con lo que cada persona valora y disfruta de verdad, que a la larga siempre viene a ser lo más sencillo y natural.
Para encontrar un lugar amable en el mundo basta con aceptarse y conseguir aceptar a los que nos rodean. El dolor, que contiene lecciones vitales, nos enseña que la calidad de vida es ese disfrute especial de un bienestar físico y psíquico. A cierta edad es bueno sentir que uno ha hecho los deberes y que ya no es esclavo del trabajo y las obligaciones. Los que dejan el pellejo y hasta el honor, en amasar grandes fortunas, olvidan que el dinero no vacuna contra la ignorancia, la estupidez, la ignominia, el miedo,  la soledad, el engaño, ni tantísimas cosas que nos hacen frágiles y pobres aunque forrados de millones.
La paz interior, la armonía, la satisfacción personal, la belleza de las cosas, todo está en nosotros.


                           Si muero,
                           dejad el balcón abierto.

                           El niño come naranjas
                           ( Desde mi balcón lo veo).

                          El segador siega el trigo
                          ( Desde mi balcón lo siento).

                          ¡ Si muero,
                          dejad el balcón abierto!

                                ( García Lorca)



óleo de Cezanne

4 comentarios:

  1. Me preguntaba yo, mientras contemplaba esa espectacular fotografía de Hong Kong, cuántos habitantes de aquella ciudad se sentirán en este momento solos en medio de tanta luz, ruído, gente y distracción...

    Desde mi ventana, sólo puedo ver en noches como ésta, un negro paisaje, apenas iluminado por lejanas lucecitas del campo....Y oir una tenue lluvia que relaja mis oídos.....

    Y mis dos amigos de la infancia que juegan conmigo al dominó...

    Y sin embargo, no me siento solo.....

    Un placer leerla, como siempre, querida amiga.

    Manuel.

    ResponderEliminar
  2. Que bom ter "mi arbolito y mis dos buganvillas, mi
    dama de noche y mi jazmín, mis rosales, mis ficus, mi trozito de césped, los pinos del parque de en frente, los mirlos de pico amarilllo, los jilgueros, las gaviotas, la bahía, la de Cádiz, que me tiene atrapada, con sus barcos lindos y sus espectaculares puestas de sol." Pensei: que bom que tu tenhas isto! E gostes!
    Eu vivo perto do mar e não me queixo do pequenino burgo onde estou, mas às vezes vem-me saudade desses pergumes... Vale-me a minha varanda enfeitada de tudo o que lá posso pôr! Até basílico e "pejos", erva fundamental para a açorda à alentejana.
    De acordo contigo e com a Rosa Montero: "hay que aceptarse y aceptar a los demás, descubrir la oculta armonía de la vida." Tento fazê-lo, nem sempre é fácil como deves saber por experiência própria...
    Gosto muito do que escreves!
    E que lindo o poema de Garcia Lorca...
    Continua, minha amiga! Um beijo

    ResponderEliminar
  3. Basilico e poejos, queria eu dizer...
    Boa viagem!

    ResponderEliminar
  4. Na casa da minha avó a açorda fazia-se com coentros.Há tempos uma amiga portuguesa que também vive aqui descubriu-os no supermercado com o nome de "cilantros". Adorei, só me falta aquele pão para voltar ao "temps perdu".
    Viajar com este tempo não é do meu gôsto, mas trata-se de um casamento, e não há mais remédio!
    Um beijinho

    ResponderEliminar