viernes, 13 de mayo de 2011

¿QUIÉN SOMOS?



litografía de Peter Birkhäuser


Para Carl Yung la psique consta de la conciencia, el inconsciente personal y el inconsciente colectivo. En el inconsciente personal residen los aspectos de la mente que han sido olvidados o reprimidos y en el inconsciente colectivo residen experiencias que vienen de tiempos inmemoriales y que él denomina "arquetipos".
Arquetipos pueden ser por ejemplo la idea de Dios, la sabiduría del Mago, la valentía del héroe, la inocencia del niño, la maldad de la bruja, la fuerza de la bestia, la solidaridad ante el peligro que nos hizo avanzar como especie, los miedos atávicos, etc.

La salud mental se juega en el proceso de integración de los elementos del mundo inconsciente a lo que es la “personalidad”, o sea, en el equilibrio entre lo consciente y los inconscientes, el personal y el colectivo ( existen hechos que influyen tanto más en nuestra vida cuanto más ignorados son).
Para los psicólogos yungianos la única posibilidad que tiene el hombre de salir de la angustia y vacío del materialismo de hoy es volver a esas verdades universales que residen en el inconsciente colectivo: si las funciones del ego son demasiado preponderantes y no sintonizan con los elementos del inconsciente, provocan las neurosis.
Otra forma de asomo de un inconsciente no resuelto son los complejos y otros síntomas, porque toda forma de vida humana proviene de la tensión entre fuerzas antagónicas, el yin y yang, el bien y el mal, lo masculino y lo femenino, lo consciente versus lo inconsciente.
El psicólogo suizo llama “sombra” a la parte del inconsciente personal que contiene los deseos y necesidades de la mente que no pueden ser aprobados por el yo consciente: su rasgo fundamental es la “proyección”, que consiste en atribuir a otras personas las cualidades negativas rechazadas en nosotros mismos, o sea, aspectos de nosotros que conscientemente no reconocemos.
En medio de tamaña complejidad psicológica, todo indica que es el ego que incorpora la globalidad y no la globalidad la que incorpora el ego, motor particular de cada ser humano. 
Así pues la búsqueda de la propia identidad es el único camino para sosegar esa angustia y ese vacío de que habla Yung.
Es esa procura de uno mismo que nos empuja al “retorno” para poder reencontrarnos: cuando perdemos nuestra identidad perdemos el alma, nuestra verdadera esencia, y pasamos el resto de la vida buscándonos por las esquinas de la soledad como un perro sin dueño.

Lo mismo da que haya mucho por medio o que no haya nada, si nos perdemos a nosotros mismos es porque no encontramos el camino de vuelta a nuestra esencia, es porque se apaga ese faro que ilumina nuestra desorientación y al que Yung llama el inconsciente colectivo.
Se trata pues de encontrar las llaves del salón deshabitado y lleno de sombras de nuestro desconsuelo. 


óleo "yungiano" de Pollock








3 comentarios:

  1. Me quedo con esa necesidad de volver a lo esencial para no perder el "alma".

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  2. Gostei, Maria. Li bastante Yung que preferia a Adler ou Freud, que me parecia excessivo, quase assustador.
    É bom ver escrito aquilo que nos preocupa. Quem sou? Sou para mim ou para os outros?
    Toda essa angústia ("a única posibilidad que tiene el hombre de salir de la angustia y vacío del materialismo de hoy, es volver a esas verdades universales que residen en el inconsciente colectivo") sabe-se lá de onde virá! E como "voltar" ao tal inconsciente colectivo? Depende de nós apenas?
    Vais sempre buscar temas que são profundos. De hoje e de sempre...
    Um grande beijo e bom domingo (e sábado...)
    Vou escrever-te.
    Jana

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  3. Muy cierto, querida María.
    El emigrante siempre regresa a su tierra para volver a encontrar la persona que fué y que por esos mundos de diós se dilujó en la nada.
    Me gustó mucho, un abrazo. Manuel

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