domingo, 21 de abril de 2013

EL HOMBRE GRIS







El hombre gris tecleaba con soltura buscándome un avión y un hotel acorde a mi bolsillo, y mientras tanto yo le hacía una radiografía, impactada por la grisura que había detrás de aquél impecable traje negro de entretiempo, por la impresión que me causaba su elegancia tan pulcra y tan fría. Tenía unos cuarenta años que podían ser cien, podía haber nacido viejo o haber envejecido delante del ordenador, sin risas y sin caricias, sin haber sufrido ni haber amado, no ter mujer ni hijos ni gastarse en la barra de un bar con amigos arreglando el mundo, como hacemos todos. Podía. Parecía. Inspiraba rechazo pese a estar arreglado como un novio, con su camisa impoluta y corbata de raso muy combinada, pelo impecable, todo perfecto y sin embargo insuficiente, porque la mirada del hombre gris era plana como el encefalograma de un muerto, y su voz monocorde como una sola nota del pentagrama, sonando como la de un robot, sin expresión ni vida propia.
Mientras le veía tan ausente de sí mismo me preguntaba cuando habría perdido la imaginación, si antes o después de tener papada y almohadillas en las manos lechosas, si tendría algún problema o ninguno, si sencillamente se habría diluido por dentro viendo la vida pasar sin rozarla, moviendo solo los dedos, como quien ve los toros desde la barrera, sin mojarse nunca, sin atreverse, sin romper la envoltura, la redoma, la prisión.
Cualquier cosa es preferible al mar muerto de la fría insulsez.

"Quiero salir de este muerto que me asesina el alma. Tengo otras cosas que decir. Salte de mí. Déjame tranquilo. Pido otro nombre, otro payaso. Mucho bufón, mucho enano muerto. Yo quiero un gigante. No me quites al muerto, déjalo que camine. Muévete por los trapecios, deslízate. Hazme zapato e híncame la suela. Hazte media y cálzame. Tengo cinco centavos para el baile y la comedia. Mátame si quieres, pero hazme lo blanco, hazme lo negro, hazme lo vacío. Ausencia, como si fuera la muerte de la ausencia. Como si la ausencia se quedara muerta, muerta."
( Giannina Braschi, El imperio de los sueños.)


óleo de Emilio Petorutti

5 comentarios:

  1. Cá estou às voltas com a tradução...
    Se percebi bem, comento assim: às vezes não se vive porque a vida não deixa. Trabalho, trabalho, trabalho, para ganhar o sustento.

    Curiosamente, já deixei algo parecido num outro comentário de outro blogue, "é preciso que acima de tudo, não haja lugar para grandes arrependimentos".
    Não sei se te percebi e não sei se me fiz entender, mas numa coisa não há dúvidas, gostei das pinturas escolhidas!
    Um beijinho grande e boa semana!

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  2. Não entendeste bem, Chabela: conheci pessoas analfabetas e que não faziam mais que trabalhar, e estavam cheias de vida. Este homem impressionou-me porque parecia um "morto vivente", era muito inexpressivo e parado, fez-me impressão por isso. Não recordo conhecer a ninguém assim, impressionou-me. Não te sintas identificada, tu que és toda ternura e sentimento!
    Por acaso até era bonito de cara, apesar de estar gordito.
    Enfim, que durmas bem, que eu vou fazer o mesmo. Um beijinho grande

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  3. Há figuras que cruzamos e que são assim. A maior parte das vezes nem as olhamos, porque o frio deles nos assusta: mortos-vivos? Sim, porque nunca viveram, "viendo la vida pasar por la pantalla sin llegar a rozarla", como dizes...
    Há pessoas que nascem velhas, também é verdade: "cuarenta años que podían ser cien", e que não contaram para nada. O que pensarão? O que sentirão? saberão sentir?
    Não sei! Mas vivamos já que temos a vida começada, dizia um poeta...
    beijinhos

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  4. Todos conocemos personas que siendo fisicamente desagraciadas son muy seductoras y pronto olvidamos sus imperfecciones, mientras que a otras, aún siendo bonitas y pulcras, les falta vida, son amorfas como el señor de gris que la impresionó tanto, María. Me lo estoy imaginando, amorfo por fuera y por dentro, porque casi siempre ese tipo de personas que los jóvenes tienen por repelentes, antes de ser raritos por fuera, es que ya lo son por dentro. Un gesto de manos, una mirada, una sonrisa, una palabra, de mil maneras vamos diciendo como somos. El físico es tan solo un envoltorio que habla por sí mismo, igual que no se envuelve nunca un buen regalo en papel de periódico. ..
    Le deseo que el hombre de gris por lo menos le haya organizado un buen viaje.
    Fuere abrazo,
    Manuel

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