jueves, 1 de abril de 2021

CATARSIS






                                                                                obra de Louis Bouquet




El día en que la pandemia sea solo un mal recuerdo, algo habremos aprendido de todo lo que está  pasando y ojalá la "nueva normalidad" sea un poco mejor que la de antes. Mientras tanto, nos hemos adaptado a la preocupación de sobrevivir como si nos hallásemos en permanente estado de guerra, con el miedo y la incertidumbre haciendo mella hasta en los espíritus más fuertes y animosos. Hay mucha soledad, muchos sueños hechos pedazos, mucha preocupación por las mutaciones del virus y  esas "olas" ininterrumpidas con cifras inasumibles de muertos y contagiados, y también por desgracia hay mucho egoísmo, mucha falta de compasión y de civismo de no pocos.
La ya diagnosticada como fatiga pandémica se extiende por todo el planeta y la tasa de suicidios es alarmante. En medio de esta situación tan anómala y aterradora, muchas personas consiguen hacer una vida bastante normal y creen que controlan, que están fuertes, hasta que de repente, al mínimo resquicio de ternura y sentimentalismo se emocionan y se rompen, es como si hubiese algo dentro del alma a que no se está dando salida. 
Necesitamos con urgencia que después de las tinieblas vengan tiempos de luz, que se produzca una gran resaca, una catarsis colectiva, un grito unánime de la rabia tanto tiempo contenida, un romper las cadenas del pánico y la contención, una gran fiesta global, en memoria de los vivos y los muertos, los científicos, los sanitarios, la buena gente, todos en fin los que han contribuido a que la vida siga.
Es posible que algunos aspectos de la antigua rutina hayan cambiado para siempre, en el mundo en general y en cada uno en particular. Muchos habrán descubierto que ciertas cosas que creían imprescindibles no les hacían falta ninguna, que algunos amigos no lo eran tanto y otros lo eran más, o que lo verdaderamente importante es lo más sencillo. Estamos notando en carne propia que esa convivencia social con la que nos hemos convertido en humanos sigue siendo imprescindible para el equilibrio de nuestra mente, pero que tampoco sobra viajar hacia dentro de vez en cuando, y aprovechar un retiro forzoso para conocernos mejor a nosotros mismos...  

PLACERES
La primera ojeada por la ventana 
al despertarse
El viejo libro recobrado
Rostros llenos de entusiasmos
Nieve, el cambio de las estaciones
El periódico
El perro
La dialéctica
Darse una ducha, nadar
Música antigua
Zapatos cómodos
Comprender
Música nueva
Escribir,
Plantar,
Viajar,
Cantar
Ser amable.

Bertold Brecht

     

viernes, 12 de marzo de 2021

HASTA CUANDO, HASTA DONDE



 




                                                                         obra de Kandinsky     


Los más realistas-pesimistas no esperan que mejore en nada la preocupante situación del planeta después de esta terrible pandemia. Hay científicos que predicen, advierten o avisan, que la próxima será mucho peor. Desde la desidia y resignación en que vivimos instalados, nos parece normal e incluso estamos deseando que vuelva pronto lo único que le gusta y motiva a los empresarios y políticos de turno: el consumismo salvaje, el turismo salvaje, la deforestación salvaje, la plastificación salvaje, el individualismo salvaje, la ignorancia salvaje... Todo a lo bestia, incívico e inadmisible.
Cada año emitimos 51 mil millones de toneladas de gases de efecto invernadero, y la cifra irá creciendo a medida que aumente la población — se calcula que el mundo construirá el equivalente a una ciudad como Nueva York cada mes durante los próximos 40 años, en países emergentes como China, India o Nigeria. Aterrador, insoportable.
Quien sea capaz de encontrar una solución a este atolladero y llevarla a cabo, pasará a la historia como un héroe o heroína de la humanidad entera. Es hora de que empiece a resultar más interesante para los dotados de altas capacidades intelectuales "dedicarse a salvar la vida en la Tierra antes que hacer carrera financiera en Wall Street", tal como sugiere Bill Gates. O frenamos en seco y nos reinventamos, o todo saltará por los aires: ni ideologías, ni guerras, ni poder, ni gloria, ni nada, tan solo lucharíamos al unísono y a la desesperada por la supervivencia, como en barco que se hundiese sin remedio. En 1979, y han pasado muchos años, el gran escritor y naturalista Miguel Delibes publicó el libro Un Mundo Que Agoniza. Para entonces el panorama ya era alarmante.
Sin embargo se pudo comprobar durante el confinamiento, la capacidad de regeneración que todavía guarda la naturaleza. Todavía. Hagamos un esfuerzo colectivo por no llegar demasiado tarde a su salvación, que también es la nuestra.
                              ...
Una bandada de patos cruza el cielo inmensamente azul de la bahía. Alegres y libres, vuelan ajenos a las miserias humanas y sus consecuencias.                                        

jueves, 18 de febrero de 2021

HERIDAS Y CICATRICES

 

                                                                             obra de Leopold Gottlieb



La vida a veces hostiga, maltrata, machaca, nos hace caer y levantarnos muchas veces, surfeando las olas ineludibles del destino para intentar llegar a la orilla. Son los tropiezos y el entrenamiento constante los que mejor nos preparan para la supervivencia, las investidas del infortunio nos van fortaleciendo con mecanismos de defensa frente al dolor y al fracaso. Avanzamos con lo que tenemos y con lo que nos falta, con lo que se nos da y lo que se nos quita; subimos y bajamos de trenes en marcha, cambiamos de expectativas según circunstancias, miramos hacia bajo cuando vamos hacia arriba y al revés, al descender ponemos la vista en las alturas. Como no se puede evitar lo inevitable, se fija la atención donde se quiere, que viene a ser donde más conviene. (En el fondo estamos siempre contándonos historias, amañamos versiones mejoradas de nosotros mismos, celebramos a diario la fiesta virtual de la realidad maquillada... Vamos perdiendo el respeto a lo desconocido para dar sentido al sinsentido, nos maravillamos con el mundo para que cada día valga la pena). Las cicatrices son medallas de guerra, heridas sanadas, vacunas contra futuros golpes que aún formen parte del cuento. El mejor bálsamo y la mejor salida para el infortunio es mantener el corazón joven y predispuesto a dar y recibir amor: el amor y la fuerza mental curan, incluso a nivel genético y molecular, de la crueldad, la traición, el abandono, la injusticia, la miseria, la indiferencia y todas las agresiones, físicas y morales. 
Al final, como dice Kierkegaard, "querer ser aquél que uno es verdaderamente, es lo opuesto a la desesperación" — querer ser lo que se es, es el único camino posible para construirnos en lugar de destruirnos.
Por lo demás, incluso los muy fuertes son muy frágiles y todos los imperios terminan por derrumbarse...


jueves, 21 de enero de 2021

ESA MUJER

 

                                                            obra de Jean Delville




Cuando en marzo de 2020 el gobierno decretó el estado de alarma con confinamiento obligado, en un pequeño quiosco de una pequeña playa paradisiaca entró una mujer muy atractiva, medio camuflada bajo la mascarilla, también obligatoria, que en su caso era de seda negra. Había escapado a tiempo de la capital, y en su refugio solitario empezó a comprar diariamente El País y alguna revista.
Se fue estableciendo poco a poco una gran complicidad entre ella y el vendedor, que se enamoró como un adolescente. Le invadió un sentimiento intenso y novedoso, dulce, gratificante, que aportaba a sus días pacatos una bocanada de aire fresco pese a todo lo que estaba ocurriendo: ni el corona virus, ni la caída de las ventas en picado ni nada pudo con aquella ilusión. 
A finales de octubre, con la "segunda ola" de la covid 19 al rojo vivo, la mujer reapareció después de una semana de ausencia, durante la cual el quiosquero sufrió gran desconsuelo. Le contó que había muerto su marido, el cual llevaba enfermo algún tiempo, y que no había tenido físicamente ninguna compañía por la pandemia. Entonces este hombre, que se alegró por dentro como un bellaco, hizo de pañuelo de lágrimas para que ella mitigase su pena y soledad. 
Pero ya en pleno invierno, al poco de una ola de frío con una nevada que hizo historia, en una mañana sombría de lluvia y viento, entró arrebolada en la tienda y le comunicó sin preámbulos que se iba, que volvía a su casa de Madrid...
Antes de marcharse para no volver, quiso sin embargo destapar la cara entera, a modo de despedida, pues le pareció lo más lógico y natural. Y fue así como él se encontró con un espléndido rostro en la plenitud de una belleza y sonrisa deslumbrantes, a juego con lo que ya conocía — sus ojos verdes de un intenso mirar, las manos de finos dedos, el cuerpo esbelto, el pelo suave, la voz cálida, sus risas, su conversación, como era, como pensaba, como sentía... En fin, resultaba ideal por fuera e interiormente.
Quedó tan impresionado y nervioso que no pudo ni quiso destaparse también: se sabía feo, anodino, desinteresante, poco viril y poco todo. Ella no insistió, con la delicadeza de siempre.
Cuando la vio alejarse supo que era el final de un sueño mágico, que perdía las alas, que nunca más le ocurriría un milagro semejante, que se terminaba para siempre el sentirse dichoso sin importarle otra cosa que no fuese aquél sentimiento que lo llenaba entero. 
No, no había podido quitarse las caretas: ni la de fuera, ni la que se había puesto por dentro y que le ayudó a tener más confianza en sí mismo, a sentirse más osado e imaginativo. Fueron esas dos tapaderas, junto con la de seda de ella al esconder tanto encanto, las que hicieron posible que todo lo que pasó hubiese pasado. 
Y regresó a la grisura de su día a día, de su calma monótona, después de haberse vuelto loco por esa mujer que no era para él: le ha valido la pena volar  alto antes de aterrizar resignado en lo cotidiano de una vida corriente y apocada, al lado de la persona con la que estaba cómodo hace más de treinta años. 
La verdadera pauta para una paz y armonía duraderas está seguramente en el equilibrio de fuerzas, inquietudes, capacidades, gustos, convicciones y así...
   

domingo, 20 de diciembre de 2020

SOLEDAD

 

                                                                      obra de Foujita                          

               


Vivi, estudei, amei e até cri.
E hoje não há mendigo que eu não inveje
só por não ser eu. 
  F. Pessoa, Tabacaria

Estar solo no es lo mismo que estar sin compañía, la soledad va más allá, es como un desierto interior que impide tenerse a sí mismo, es como no querer ni quererse, como vivir rodeado de muros infranqueables, sentirse un extraño en su propio espacio y en desconexión afectiva con todas las cosas. Hay personas que se quedaron aisladas en pueblos vacíos, rodeadas tan solo de casas deshabitadas y fantasmas del pasado, con su perro y su gato, y están más a gusto por dentro que otras que lo tienen todo menos la capacidad de entusiasmo y gozo con que llenar la existencia. Hace falta un proyecto de vida ilusionante, aunque sencillo, para enfrentarnos cada mañana a un nuevo día; trabajar nuestra propia arquitectura, reparar en la medida de lo posible los daños que deja el paso del tiempo y las investidas del destino, mantener la auto estima, fortalecer cuerpo y mente, ser empáticos, humildes y compasivos. Cuando no sea posible modificar las circunstancias habrá que cambiarnos a nosotros mismos para poder seguir adelante. Y sobre todo hay que amar, amar hasta el final — nuestro único asidero son los afectos, la soledad y el amor son incompatibles, solo el amor y la belleza mantienen viva la esperanza. Nunca se está solo cuando se ama.
 

jueves, 26 de noviembre de 2020

SABER PERDER

 


                                                                          obra de Edward Middleton



Saber perder es un arte, una condición moral difícil de practicar, sobre todo cuando se viene de arriba, del poder o la gloria. Por eso es en la derrota que asoma la verdadera catadura moral de la persona, su estilo, su elegancia, su saber estar, su conocimiento y humildad. Saber perder dignifica, no saber ganar resta mérito al que triunfa. La talla de un individuo viene dada por la fortaleza con que se enfrenta a los problemas y contrariedades, porque a los éxitos todo el mundo les pone buena cara. A veces ganando se pierde y al revés, solo el tiempo es el gran justiciero que pone definitivamente a cada uno en el lugar que le corresponde.
Después de las últimas elecciones en los EEUU, al expresidente no le gustó el resultado, y como personaje inmaduro y peligroso, habló de trampas, queriendo dejar las instituciones de ese gran país al nivel de cualquier república bananera donde el sátrapa de turno siempre gana con un 90% de los votos. Hombre torpe, de moral dudosa e intelectualmente un simple, el que afirmó sin sonrojarse que el coronavirus se mataba inyectándonos lejía, intentó crear en su mandato una maquinaria diabólica de lacayos ignorantes y corruptos como él. No lo ha logrado porque felizmente para el mundo, aún quedan, de momento, algunos políticos con las ideas claras, no tan serviles como para dejarse embaucar por un descerebrado.
Las mentiras muy bien contadas funcionan, y más si hay en la sociedad desespero, desinformación y mucha gente necesitada de creer ciegamente en lo que le acaricie la oreja. ¡El planeta es un polvorín en equilibrio inestable, un campo minado, una bomba de relojería, un lugar lleno de peligros, incertidumbres, injusticias, miedos, rabias! A los ciudadanos de a pie solo nos queda intentar que en democracia ganen siempre los mejores y que luego se pongan al servicio de todos: el gobierno que no se dedica a unir es débil, como afirmó La Fontaine, y ningún poderoso puede permitirse la licencia de ofender y humillar. Los puestos de responsabilidad engrandecen a los grandes y empequeñecen aún más a los que ya de por sí son pequeños y grises. Por importante que sea el puesto, ha de ser mayor la persona.

¡Oh, yo! ¡oh, vida!
De sus preguntas que vuelven,
del desfile interminable de los 
desleales,
de las ciudades llenas de necios,
de mi mismo que me reprocho
siempre...
.... Walt Whitman

       

domingo, 1 de noviembre de 2020

LA CONDICIÓN HUMANA

 





obra de John Bellany                         



Nacemos y morimos sin ser capaces de entender el universo, el porqué y para qué de sus 93000 millones de años luz de extensión en un tiempo de únicamente 13000 millones de años — "porque las galaxias se separan a una velocidad más rápida que la luz, cuando es el espacio entre ellas el que se dilata". Allí queda eso.
Sin embargo podemos comparar la tierna pequeñez de un niño o de una flor con la inmensidad del cosmos sin quitarle ni un ápice de delicadeza a la fragilidad de lo pequeño y breve, ni de grandeza a lo ilimitado y eterno. Tan diminuto como nosotros es nuestro mundo, al que damos sentido y calor para poder ser razonablemente felices, cada cual a su manera, siempre que nos sean favorables las coyunturas. Cada uno vive su insignificancia como lo más importante que le puede pasar, por eso mejor que tener mucho afuera es tenerse a sí mismo. En el hipotético caso de que no hubiese otro planeta como la Tierra ni otra condición como la humana, seríamos los guardianes privilegiados y protagonistas principales de una realidad única, grandiosa, unas veces apasionantemente bella y otras desesperadamente fea, sabia e ignorante, heroica y miserable en su complejidad. No sabemos nunca qué nos puede esperar a la vuelta de la esquina, pero sí sabemos hacia donde caminamos todos y cual es nuestro destino final, más tarde o más temprano. Envejecer no es agradable, con la decadencia física no encontramos por fuera a la persona que seguimos sintiéndonos por dentro, aunque puede llegar a ser cómodo e incluso gratificante, si la vida nos compensa con otras cosas que solo se pueden alcanzar cuando llegamos a viejos. Lo importante es conocernos y querernos a nosotros independientemente de las circunstancias, encontrar interiormente nuestra verdadera esencia, única compañera que tenemos segura en todo el proceso vital. 

" Las personas necesitan la capacidad de dar sentido a la información que reciben, para ser capaces de diferenciar entre lo que es importante y lo que no es importante." 
  Yuval Noah Harari     

jueves, 1 de octubre de 2020

TIEMPOS DIFÍCILES






obra de Henri Matisse



En estos tiempos raros que estamos viviendo, con la sombra del sufrimiento, la impotencia y el miedo alargándose por todo el planeta, sale a relucir una cierta mentalidad que ha estado siempre allí desde cuando algunos humanos empezaron a volverse inteligentes, a tener consciencia del mundo y de sí mismos, a ser cuerdos, sensibles, solidarios, creativos y así: casi simultáneamente habrán surgido los que serían y siguen siendo todo lo contrario, los llamados hoy negacionistas, esos personajes que menosprecian la verdad, la ciencia, los hechos contrastados y el esfuerzo colectivo. Ahora "niegan" por ejemplo la pandemia y el uso de mascarillas, igual que han negado a través de la Historia todo lo que no les gustaba o no entendían.  Siempre odiaron los cambios que no les favorezcan personalmente y a los que se oponen con intransigencia y ferocidad en cada momento, en el presente como en el pasado. Pueden, han podido y así seguirán, cuestionar absolutamente todo, las vacunas, el cambio climático, el Holocausto judío o armenio, la esfericidad de la Tierra, el sistema solar y un larguísimo etcétera de despropósitos que siguen encontrando eco en un también amplio colectivo de descerebrados, prepotentes y provocadores. Nunca son teorías basadas en un mínimo de conocimiento y honradez, solo comportamientos distópicos, impresentables, con los que cambiar una realidad incierta e insegura por mentiras cobardes y más cómodas, hechas a su medida. Esa gente, a la que les encanta provocar y sentirse más lista, necesita a su vez, para propagar falsedades y enfrentamientos, una legión de seguidores de su misma calaña e ignorancia, carne de cañón para las sectas o incluso para dar voz y voto a algunos partidos políticos que deberían estar proscritos. No cabe duda de que en desastres tan devastadores como el COVID19, siempre emerge lo mejor pero también lo más bajuno de que cada ser humano es capaz.
Menos mal que cuando la vida se nos complica, la mayoría tenemos una capacidad de aguante muy superior a la que creíamos, dice Manuel Vicent que los problemas se ven más grandes de lejos que de cerca, y así es. 
En cualquier caso nunca deberíamos olvidar que no somos nada los unos sin los otros.

    No te rindas, aun estás a tiempo
    de alcanzar y comenzar de nuevo,
    aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
    liberar el lastre, retomar el vuelo.
    
    No te rindas que la vida es eso,
    continuar el viaje,
    perseguir tus sueños,
    destrabar el tiempo,
    correr los escombros y destapar el cielo.

       Mario Benedetti

sábado, 12 de septiembre de 2020

BODAS DE ORO







obra de Marc Chagall




 

Una persona es vieja cuando gran parte del mundo que ha sido el suyo ya no existe, cuando se ha ido para siempre la mayoría de su círculo vital y cuando uno propio ya no es lo mismo, ni por fuera ni por dentro: solo le queda para ser feliz o infeliz el aquí y ahora, porque futuro tampoco tiene.
Preparados para vivir pero también para morir como los buenos soldados, todos sabemos a cierta altura que cada balance depende de cada historia, de las batallas ganadas y perdidas, de cuanto se haya amado, perdonado, regalado, recibido, disfrutado y así. Nadie "dora" a nadie sus bodas de oro, que por cierto parecen estar en vías de extinción en estos tiempos raros. Cada cual las celebra como le nace o como puede, y más con una pandemia por medio, cuando todo es miedo e incertidumbre. Ni los ancianos son iguales, aunque tristemente sean vistos así por la mayoría de la sociedad, ni es el mismo el recorrido y el punto de aterrizaje de cada pareja longeva. Salvando las obvias e inevitables diferencias, es sin embargo natural que, si se ha remado la vida entera en la misma dirección y en el mismo barco, al final del trayecto se desee y se necesite, casi siempre, llegar juntos a la otra orilla.

Después de un tiempo...
Por William Shakespeare
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Descubrirás que muchas veces
tomas a la ligera
a las personas que más te importan
y por eso siempre debemos decir a
esas personas que las amamos,
porque nunca estaremos seguros
de cuando será la última vez
que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y
el ambiente que nos rodea
tienen influencia sobre nosotros,
pero nosotros
somos los únicos responsables
de lo que hacemos.
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Aprenderás que la paciencia
requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces
la persona que esperas que te pise cuando te caes,
tal vez sea una de las pocas 
que te ayuden a levantarte.

Madurar tiene más que ver con
lo que has aprendido
de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho mas de 
tus padres en ti
de lo que supones.

Aprenderás que nunca se debe decir
a un niño
que sus sueños son tonterías,
porque pocas cosas son tan humillantes
y sería una tragedia si lo creyese
porque le estarás quitando la
esperanza.

Aprenderás que cuando sientes
rabia,
tienes derecho a tenerla,
pero eso no te da el derecho a ser cruel.
Descubrirás que solo porque alguien
no te ama
de la forma que quieres, no significa
que no te ame
con todo lo que puede, 
porque hay personas que nos aman,
pero no saben como 
demostrarlo.

No siempre es suficiente ser
perdonado por alguien,
algunas veces tendrás que aprender
a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma
severidad con que juzgas,
también serás juzgado
en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa
en cuantos pedazos tu corazón se partió,
el mundo no se detiene para 
que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo
que pueda volver hacia atrás,
por lo tanto, debes cultivar tu propio 
jardín y decorar tu alma,
en vez de esperar que alguien
te traiga flores.

martes, 25 de agosto de 2020

A PROPÓSITO DE NADA

obra de Joy Hester


Desde la inocencia reconocida por la Justicia, desde el poder subversivo del humor y la ironía, desde la lucidez socarrona de viejo zorro y con la frescura de siempre, a los ochenta y tantos años Woody Allen nos hace el gran regalo de su autobiografía. Pese a que tardó algún tiempo en encontrar una editora que se atreviese a publicarla, por el auge arrollador y no siempre acertado del #MeeToo, está siendo un éxito de ventas en todas partes.
El autor de Annie Hall se muestra un todoterreno de esta vida donde "nunca se sintió cómodo", según dice, siempre en continua huida hacia delante, siempre ocupado y preocupado, pero siempre en la buena dirección hacia el éxito: magia, poker, beisbol, cocina, jazz, clarinete, y por fin humorista, guionista, actor y director. Nada menos. Sus neurosis, sus fobias, el miedo a la muerte y así, son el material pesado de que echa mano para caricaturizarse haciéndonos cómplices, desde una reconfortante y sanadora sonrisa, de sus paranoias que también son las nuestras. Le interesa especialmente y casi en exclusividad el mundo intemporal de los sentimientos y toda su parafernalia, desde la perplejidad por existir al amor más loco — amor con sexo, sexo sin amor, amor sin sexo, amor por el amor... Todo lo analiza a fondo desde su peculiar ingenio, quitándole solemnidad a las hazañas de cualquier índole. Después de una prolífica carrera sembrada de títulos importantes y de que una destacada lista de talentos hayan trabajado en sus películas, habla de los que son sus verdaderos ídolos desde una modestia que suena sincera, no considerándose a la altura de ninguno de ellos. Afirma que "no tiene una sola neurona de intelectual", que empezó a leer para impresionar a las chicas que quería seducir, que además de bonitas eran cultas... Como persona inteligente sabe que la humildad viste mucho, que en su caso es un plus que combina con su figura canija y sin embargo interesante, con la que llena la pantalla y le gana a muchos guaperas: hace gala de "esa superficialidad chic tan profunda" de que habla Berto Romero. Quitándose méritos crece, mientras quién se los pone a sí mismo encoge automáticamente. También confiesa, entre otras muchas curiosidades, detestar el postureo intelectual o la cultura oficial por obligación.
Luego se enfrenta con claridad y mesura a la pesadilla que le ha  acompañado casi treinta años, que no es otra que las acusaciones de Mía Farrow y dos de sus catorce hijos. Eso sí, destroza de pasada la imagen de la actriz, dejándola en un pésimo lugar después de manifestar lo desequilibrada y sádica que puede llegar a ser. Más que un ajuste de cuentas, de servir la venganza en plato frío, se trata de ponerla  en su sitio con hechos demostrables: vamos tropezando con un culebrón lleno de ingredientes truculentos, pero manejados siempre desde la contención y la elegancia. A parte del relato de esa historia nefasta donde frivolizar es imposible, nos encontramos con un hilarantísimo Woody Allen en estado puro.
También supo elegir como y con quién envejecer, al lado de su joven amada Soon-Yi con la que comparte todo desde hace veinte y tres años, y de sus dos hijas adoptivas con las que ejerce de padrazo. 
Termina por confesar que le importa un bledo ser recordado como cineasta, como pedófilo, de las dos formas o de ninguna. 
Al día de hoy sigue tan productivo como siempre, a la vez que ejerce de buena persona y que disfruta de la vida. A su manera. Claro está. 

lunes, 27 de julio de 2020

LA MUJER DE ROJO




obra de J. A. G. Acke 


En un viaje con amigos por España, Arthur conoció a la que es su esposa de toda la vida — nunca mejor dicho, porque llevan juntos cincuenta añacos. Ella se le acercó en un bar de copas, un poco "lanzada" por algo de alcohol y en compañía de una amiga que les sirvió de intérprete. Se mostró muy atraída por él y a la despedida le pidió la dirección. Cuando recibió su primera carta no lograba ponerle cara, recordaba mejor a la otra, una muchacha de mirada profunda, un inglés perfecto con un suave acento, el pelo recogido y medio despeinado, con unos ricitos sueltos por el cuello y un vestido de seda roja que se le ajustaba al cuerpo con sencillez y sensualidad. (En aquél momento le vino algo parecido a la nostalgia, de esa noche de verano, de ese pequeño bar andaluz, de ese breve encuentro y sobre todo de esa chica de sonrisa enigmática y vestido de seda...).
Estuvieron dos años carteándose: las cartas siempre han estado ahí hasta caer drásticamente en desuso con el boom de internet. Las de amor eran un tesoro, lo único que en la distancia llenaba ausencias, todo un ejercicio de espiritualidad y conocimiento mutuo, una forma muy hermosa de descubrir al otro y a uno mismo, en su faceta personal más íntima y auténtica. En realidad, Arthur se enamoró de una correspondencia que le aportó mucho, incluso le ayudó a conocerse mejor, a ser más abierto y cariñoso, convirtiendo sus días en un tiempo de plenitud, lleno de grandes expectativas. 
Y se casaron. Fueron felices y comieron perdices, a ratos, como todos, con altibajos, como todos, estableciendo sus códigos privados cuando la pasión va dando paso al cariño, a la costumbre, al sosiego, al amparo, al miedo de la soledad y eso. Curiosamente él nunca ha encontrado en su compañera de vida aquella vena sensible que ponía en la escritura y que le había llegado tan adentro.
Pasada ya una eternidad juntos, un día ella le confesó entre risas que la autora de esas cartas que le habían hecho subir a las cumbres más altas de la ilusión y la esperanza, había sido su amiga, que ella no supo hablar inglés bien, hasta mucho después... 
...La mujer de rojo. 
El anciano no daba crédito, sintió interiormente como un pellizco con sabor a vacío, a pena, a desencanto, a estafa, a broma pesada del destino. Se preguntó qué habría sido de ella desde que la perdieron de vista, al poco de vivir en Londres. 
Esa sensación tan amarga le duró el tiempo justo de encoger los hombros del alma vieja y cansada y decirse a sí mismo "qué más da ya todo, los sueños imposibles se esfuman, no tienen final porque no tienen ni principio, son solo utopías. Lo que pudo haber sido y no fue no tiene ningún recorrido. El tren que cogemos es el que de verdad nos lleva en nuestro único viaje".