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| obra de Kees Van Dongen |
Acabo de leer "Los engaños de la mente" de Stephen Macknik y su mujer Susana Martinez-Conde, brillantes neurocientíficos que estudiaron através de los trucos de magia características neurológicas de nuestro cerebro tan particulares como el engaño, algo inerente al ser humano que lo hace sobrevivir mejor. Por lo visto el hecho de asociar la neurociencia con la magia aumenta el conocimiento de los circuitos cerebrales que procesan la cognición y su funcionamiento: vemos y oímos lo que queremos, y no nos damos cuenta del 95% de lo que pasa a nuestro alrededor; cada ojo equivale a una cámara de 1 megapixel, lo que en materia fotográfica es una insignificancia, y de lo poco que la vista alcanza el cerebro solo selecciona lo que más le llama la atención, complementándolo, eso sí, con el conocimiento — las neuronas multisensoriales combinan las sensaciones que nos entran a través de todos los sentidos a la vez, y las famosas neuronas espejo "disparan" de la misma forma cuando hacemos algo que si lo hace otra persona, que es lo que hace que nos reconozcamos en los demás.
Me gustó mucho la idea de que el cerebro vive en un estado de perpetuo engaño, fue como si en el fondo ya lo supiera pero aún no hubiera caído en ello. Lo único que hacen los magos es demonstrar que nuestro cerebro es un gran mentiroso, y curiosamente me sentí feliz de que así sea, de que el cerebro nos engañe, de que veamos lo que queremos ver y sintamos lo que queremos sentir, soñemos lo que queremos soñar y pasemos por la vida como queremos pasar por la vida. Los magos basan sus trucos precisamente en el hecho de que el proceso de atención y conciencia del ser humano tiene un "cableado" muy fácil de piratear — cuanto más nos centramos en algo, más se nos escapa todo lo demás.
Me sentí libre porque me sentí mágica, porque es fantástico no ver el mundo como es, verlo como queremos que sea, con lo cual tenemos en nuestro interior una gran capacidad para ser felices e intervenir en el entorno desde nuestro propio bienestar, como los buenos magos, como cuando somos pequeños e inocentes y no distinguimos la realidad de la fantasía, o como cuando siendo mayores hay realidades que nos parecen incomprensibles y fantasías que nos llenan de felicidad: "¡Creer es crear¡", somos los artífices de nuestros sueños y nuestros sueños son nuestra vida: reivindico mi propia dosis de locura y auto engaño, quiero ser la maga de mi misma, quiero ver el mundo con mis ojos — y cuando ya no sea capaz de sacar un conejo de la chistera, quiero marcharme de puntillas sin que nadie descubra que he perdido los poderes ...
"El que no cree en la magia nunca la encontrará" Roald Dahl
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| Juan Tamarit, el más divino de los magos |

















