jueves, 17 de marzo de 2011

A VECES LA TRISTEZA

                 


óleo de Karl Hofer



A veces es imposible evitar que la tristeza nos cale como un chaparrón sin paraguas, pero hay que buscar razones para la alegría, aunque sea bajo la cama o en una buena charla con café y cigarrillo que nos ayude a gestionar las emociones. Sufrir en compañía despeja muchas sombras.
Hay en el aire una preocupación y desencanto enormes, los tiempos no van fáciles, pero si en medio de una hecatombe los japoneses nos dan lecciones de entereza y disciplina, si los libios rebeldes sonríen y hacen la señal de la victoria camino de una batalla final ya sin fe en apoyos, si en Haití siguen bailando y amando sin casas y sin nada, a nosotros nos queda la obligación de ser felices: ahora,  mientras no nos toque ser noticia. Echar la casa por la ventana, liarse la manta a la cabeza, vivir con ganas y con brío, no dejar para mañana lo que podamos vivir hoy — eso sí, ayudando todo lo que esté en nuestras pequeñas posibilidades para que otros puedan disfrutar también, mirar alrededor y rascarse el bolsillo y el corazón, no ver solo lo que pilla lejos e ignorar el dolor que por veces nos está rozando. 
Por vía del entrenamiento y la disciplina interna, se produce una transformación de nuestra actitud y nuestro enfoque de la vida: la felicidad está más determinada por estados mentales que por acontecimientos externos. Cuanto mayor sea el nivel de calma y serenidad interiores, tanto mayor será nuestra capacidad para sentir un bien estar que permanezca a pesar de los altibajos de la existencia y de las fluctuaciones de nuestro estado de ánimo.
En la práctica budista existen métodos que enseñan a mantener la mente serena incluso cuando sucede algo muy perturbador, mediante un aprendizaje lento y riguroso.
El sufrimiento individual y colectivo forma parte de la existencia, es conveniente familiarizarse con él, pero hay que saber percibir la vida como un conjunto donde todo fluye, los momentos buenos y los malos, y donde la esperanza de liberarnos del dolor vendrá dada por la certeza de que nada es definitivo.
Afirma Dalai Lama que "cuanto más nos aferramos a algo, tanto más grotesca y distorsionada se hace la vida": al lograr una mente flexible podemos reforzar nuestra capacidad de resistencia incluso en las situaciones más duras (vuelvo a acordarme del pueblo japonés y de su ejemplar civismo y control mental).

"Aquello que no me destruye me hace más fuerte",  Luther King.


miércoles, 9 de marzo de 2011

DE POLÍTICOS Y DEL SIN SENTIDO







óleo de Picaso





En Palma de Mallorca hasta los trileros timan a los germanos en alemán...
Y una se pregunta porqué un pobre gitano, más listo que el hambre, chapurrea el alemán para quitarle la guita a los grandotes rubios, y esta gente que ha invadido la isla para pasar un retiro dorado es incapaz de decir algo tan elemental como gracias, por favor, hola, buenos días, lo siento, soy alemán, no le entiendo — ¡algo!
La verdad es que de cierta forma nos merecemos esta actitud prepotente por nuestro ancestral servilismo, porque somos un pueblo acomplejado, por mucho que "bla-bla-bla";  los deutsches  nos imponen porque son más altos y más guapos y más ricos y juegan al golf como nosotros a la petanca, y eso en el fondo nos encoge, nos acojona, por lo cual muchos negocios en la isla ponen los letreros solo en alemán, como si pesase más la ganancia que el orgullo.
Del hecho tristemente comprobado de que se puede tener residencia fija en territorio español sin decir una palabra en nuestro idioma, me pasé sin querer pasarme a nuestros políticos, esos responsables únicos de tantos desmanes, como de tantos servilismos y dislates que chirrían: los hay que directamente nos hablan como si fuésemos niños y niñas, gilipollos y gilipollas con una sola neurona, la única que a lo mejor les funciona a muchos que se piensan que nos camelan.
Si los entendidos no paran de destacar las conveniencias de aprender idiomas, que es muy saludable y enriquecedor, que desarrolla la inteligencia, previene el alzheimer y culturiza, nos preguntamos la mayoría porqué algunos senadores necesitan un pinganillo en la oreja que les traduzca el español (!). Es inadmisible e inexplicable que cosas así puedan ocurrir en el Senado con sus señorías y que para más inri cuesten una pasta, cuando miles de extranjeros vienen a nuestras universidades a aprender el idioma de Cervantes. Cualquiera mindundi como yo lee Rosalía de Castro, Castelao o Álvaro Cunqueiro en gallego, Josep Plá o Mercé Rodoreda en catalán, Ausias March en valenciano y se comunica con todos los españoles en castellano — lo que es absolutamente más exigible en un político.
El castellano es el idioma nacional y por lo tanto debería ser oficial en cualquier estamento público, independientemente de que cada región cuide y cultive su rica y hermosa lengua.
Lo que ocurre es que hay un servilismo y falta de sentido común en muchos y muchas, políticos y políticas, señorías y señoríosmiembros y miembrastodos y todas, nosotros y nosotras... Y así nos va.
El siempre recordado Tierno Galván decía que "tenemos dos casas, el hogar privado y la ciudad, que es el hogar público", donde por lo visto cada vez podemos menos entendernos y comunicarnos.






miércoles, 2 de marzo de 2011

EL PODER Y LA GLORIA




Napoleon, óleo de Jacques - Louis David

Luisa de Guzmán, duquesa de Medina-Sidonia, se casó con el duque de Braganza y apoyó en todo momento la revolución de 1640 con que Portugal recuperó su independencia después de 60 años de dominación española.
Se dice que cuando aclamaron a su esposo como nuevo rey portugués (D. Juan IV, 1640-1656), ella exclamó emocionada: "¡ Más vale ser reina una hora que duquesa toda la vida !"
Viene a ser lo mismo que decir eso de que más vale una vez rojo que ciento amarillo, ser cabeza de ratón que cola de léon, que es mejor un grito a tiempo que un sermón mal hilvanado, tierra en cuerpo que cuerpo en tierra...
Se ve que al hombre primitivo no le faltaban en la selva las emociones fuertes, y todavía hoy una vida plácida continúa pareciéndonos gris, nada comparable a esos momentos que suben la adrenalina y que absolutamente todos anhelamos.
¡Poder, Gloria, Triunfo!, alcanzar la cima, tener el mundo a los pies, sentirse fuerte e importante, ascender, volar, lograr metas y objetivos, estar por encima de la masa, destacar, pasar a la Historia, ser el mejor, cambiar el mundo.
El que no haya tenido algún sueño de grandeza, será porque carece de imaginación...
Hasta Sancho Panza confiesa en un momento dado: "Por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me dá un higo que digan de mí todo lo que quisieren" (a lo Eróstrato...)
La ambición de Julien Sorel, en EL Rojo y el Negro, hace de su vida una mentira interior, porque detesta lo que a la vez desea, ( lo mismo que el inolvidable padre José de la gran novela de Graham Greene), y por eso el protagonista de Stendhal encerrado en la cárcel esperando la guillotina, reconoce amargamente: "¿Pero porqué maldigo la hipocresía de los demás si yo soy también hipócrita? (...) Me encuentro a dos pasos de la muerte y soy hipócrita ".
Todos a menudo somos contradictorios, a veces no hay una conexión exacta entre lo que hacemos y lo que  pensamos; por  razones varias que en el fondo conocemos, el autoengaño es una forma de protección y de defensa que de algún modo practicamos, consciente o inconscientemente.
Solo el tiempo nos va enseñando a distinguir sueños y realidades, a valorar lo que tenemos y a no empecinarnos en lo imposible, a aprender el significado de las pequeñas cosas, y que lo importante no es la llegada sino el viaje.
A la hora del balance, es conveniente poder reconocer el peso de lo que valió la pena, y poner en su sitio los sueños imposibles.
Para que el saldo sea más positivo es  aconsejable  mirar para abajo, que en la mochila no falte nunca amor, humildad, sosiego y buena consciencia, y haber aprovechado el tiempo viviendo, no soñando la vida, antes de tener que marchar para siempre por donde marchamos casi todos, que es por la puerta del olvido.
Son contados los elegidos que alcanzan el olimpo de la gloria duradera, pero todos tenemos derecho a cabalgar en el caballo de la coherencia y la paz interior.
La belleza es de todo aquél  que la sabe encontrar, y el amor, tan esencial, de todo el que sabe amar.
Si miramos la vida como una oportunidad extraordinaria de Ser ( "to be or not to be"), todos podremos cantar como Louis Amstrong:
  "Wath a wonderful world!"

Felipe IV, óleo de Velázquez


jueves, 24 de febrero de 2011

FRIDA KAHLO








Hay tres pintores que sin  tener nada que ver aparentemente entre sí, me provocan una emoción parecida, no sabría explicar porqué ( lo mismo me pasa con los sueños, a veces surrealistas sin saber el motivo...)
Me refiero a Van Gogh, a Toulouse Lautrec y a Frida Kahlo.
Me fascinan, y bien mirado sí que tienen algo en común: sus vidas amargas, dolorosas, sus frustaciones constantes — y al mismo tiempo una inmensa pasión por la belleza que habita ese existir que les maltrata y mortifica.
De su cataclismo vital surgen formas de expresarse que me llegan  muy dentro, tanto por los temas como por los colores, como si de un estallido de rabia se tratase, como si no hubiese lugar para la suavidad y la armonía, como una fiebre, una angustia soterrada, un grito, un refugio, una pintura sin paz pero llena de fuerza.

Vicent Van Gogh se convierte en genio cuando empieza a mirar lo de siempre con ojos de locura. Desde las ventanas posibles de un manicomio o de su propia prisión, convierte en único y eterno soles y lunas, campos de cuervos, girasoles o personas;  detrás de todo lo que pinta, siempre él y sus demonios.
Con 37 años se suicidó, no tenía ningún dios a quién pedir o dar explicaciones.

Toulouse Lautrec fué un aristócrata criado sin padre, con una enfermedad congénita que le impidió el crecimiento normal de las piernas, además de causarle la rotura de los dos fémures.
Se refugia en el mundo del alcohol y los cabarets, convirtiendo en sus musas prostitutas y otros  marginados, como gente grotesca y al mismo tiempo profundamente humana.
Dibuja figuras inconfundibles, estilizadas, cálidas, vitalistas, de colores rotundos con predominio de amarillos, rojos y  negros.
Muere retirado y solo en su castillo de Gironde con 37 años.

Frida Kahlo se pinta obsesivamente a sí misma, y pintándose se suporta y se supera para poder seguir soportándose y superándose, prisionera de un cuerpo mutilado que le causa horribles sufrimientos. Nos observa desde sus cuadros con poses desafiantes y mirada rebelde, la suya, la que copia del espejo que le sirve de modelo cuando tiene que permanecer postrada en una cama.
Su talento es el sostén con que dice al mundo "ésta soy yo, y no mi cuerpo y mi dolor".







De pequeña la poliomielitis le deja una pierna lisiada, pero es un accidente de autobús que le destroza el cuerpo definitivamente con apenas dieciocho años. Un pasamanos de metal le entra por el vientre y le sale por el hombro, destrozando todo a su paso, incluida la columna vertebral.
Volvió a caminar por su tesón y capacidad de aguante, después de treinta y dos dolorosas operaciones, y volvió también a amar, a gozar y a vivir intensamente la vida.





Se separó del marido, el gran pintor Rivera, infiel por vocación, tuvo amantes de ambos sexos, abortó del hijo que tanto anhelaba, lo que le supuso el dolor que más hondo la hirió.
Mereció esta confesión de su famoso ex-marido: "Lo más maravilloso que me ha pasado en la vida ha sido mi amor por Frida".








Se rindió, tiró la toalla cuando decidió que ya había tenido suficiente, en el momento que le amputaron una pierna. Después de dos intentos de suicidio frustrados, murió en 1954 con 47 años, después de dejar una huella imborrable de su paso por el mundo con una pintura personalísima.





La capacidad creativa es como subir un peldaño más que la media hacia la liberación del espíritu, es una victoria sobre la mediocridad que nos enriquece también a los mediocres.
Por el arte se subliman las miserias de nuestra pequeña condición, el arte es catarsis, grito, descubrimiento, sorpresa, liberación del cuerpo, del tiempo, del miedo, del dolor y de la muerte. El arte logra niveles supremos de belleza y de pasión.
Muchas veces el artista es un gran sufridor, como si para tener el don supremo de la creatividad le hubiese hecho falta ser muy desgraciado.



martes, 22 de febrero de 2011

AHORA LIBIA

Muammar al-Gaddafi, después de cuarenta años siendo el amo del país, ni siquiera tiene la dignidad de dar la cara.
Es su hijo, aspirante a más de lo mismo, un niñato con porte chulesco, el que por televisión levanta el dedito amenazador intentando amedrentar al pueblo con la decisión de provocar un baño de sangre a cuenta de su ejército de mercenarios, si la gente no vuelve inmediatamente a casa, de orejas gachas.
Y uno se pregunta hasta cuando.
Hasta cuando, ahora que el mundo late al unísono a través de la Red, van a quedar matarifes que se sientan dueños de los pueblos — todo es mío, todo para mí y mis secuaces, mis compinches, mis pelotas, mis marionetas. Puedo hacer con todos vosotros lo que me parezca y me salga de los mismísimos.
Hasta cuando el espectáculo esperpéntico de ver algunos prometer lo que siempre negaron, en un último gesto de indignidad de oferecer lo que pudieron dar y no quisieron, para intentar quedar donde siempre: ahora es Tarde, tu mismo estás reconociendo que podías haber hecho lo que no hiciste,¡ cobarde, cobarde y cobarde!
Hasta cuando el espectáculo grotesco de verlos salir por la puerta de atrás cargados de tesoros, saqueando por última vez a los que terminan de llamar hijos, "todos sois mis hijos", o sea mis lacayos, mis esclavos.
¿Hasta cuando vamos tener que soportar estos espectáculos que nos denigran a todos, antes que la DEMOCRACIA se imponga en todo el planeta?
Abajo las prebendas vergonzosas mientras quede un solo ser humano explotado en todo el mundo.
El efecto dominó ha empezado ya, luego vendrán otros efectos dominó que muchos ya no veremos, pero moriremos con la esperanza de que " Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veamos una tierra que ponga Libertad y Justicia"
Unidos y enrabietados, cansados de humillaciones e injusticias, ya no vas a poder con ellos, Gaddafi. Ya no.¡Espero!

miércoles, 16 de febrero de 2011

EL GRAN HERMANO









óleo de Salvador Dalí




En la novela "1984"  George Orwell divulga (que no inventa) el concepto del Gran Hermano, que pasó al lenguaje coloquial como una técnica macabra de vigilancia colectiva.
Es la historia de un mundo cruel y demencial que acaba con la esencia del hombre, de un sistema demoledor de pensamiento único y todopoderoso que vigila a los ciudadanos  las veinticuatro horas del día, en sus propias casas y en sus propias mentes. La mayoría de la población solo trabaja y obedece órdenes, ya no tiene capacidad ni de pensar ni de amar. El Partido está por encima de la família, los hijos denuncian hasta a sus padres si lo traicionan. El mecanismo represor anula las voluntades a tal punto que la pareja de enamorados Winston Smith y Julia acaban por claudicar de su rebeldía a base de torturas de toda clase, dejan de amarse y de creer en nada que no sea el Gran Hermano.
Lo más triste de esta historia triste, considerada uno de los libros más influyentes del siglo XX, es que el mundo orwelliano estuvo inspirado en prácticas vividas en la Unión Soviética estalinista, en la Alemania nazi y en la guerra civil española.
Lo más triste de esta historia triste es ser una llamada de atención sobre lo que puede llegar a ocurrir si las ideas totalitarias y globalizantes echan raíces y se adueñan de nosotros, física o mentalmente, o las dos cosas.
Comentó el autor sobre lo que vivió en España, que le parecía aterrador que la mentira pasase a la Historia y acabase por ser aceptada universalmente como verdad.
El mundo sigue como siempre acechado de peligros, convertido en una bajada a los infiernos para millones de personas, por una razón o por otra. El mundo sigue como siempre ha sido, difícil de organizar a contento de la mayoría, y como siempre también " l´enfer sont les autres", la codícia de algunos, la estupidez, la maldad, la soberbia y el deseo de controlar todo y todos. Y el fanatismo.

Como dice John Kampfoner en El País, veinte años de creación de riqueza globalizada han transformado el concepto de libertad en los gobiernos y los individuos, haciendo de la economía la " libertad sublime" — ganar dinero y conservarlo consumiendo.
El resto de las libertades se han sometido a este fin, e Internet hizo lo demás: crear una homogeneidad cultural sin precedentes, un mundo uniforme, con los mismos diseñadores, las mismas marcas, los mismos destinos vacacionales.
"Ha nacido una mentalidad gregaria, el neoliberalismo pontifica que globalización es riqueza".
Yo no sé si esto va a ser bueno o malo, siempre tiendo a creer que casi  todo tiene ventajas e inconvenientes, lo mejor que veo en la Red y la globalización es un mayor control del poder, de ese Gran Hermano que por fin tiene quién le vigile a su vez, lo que debe ser un motivo de esperanza en un mundo más tranparente y más justo.
Sin embargo la tendencia a las macrourbes y al pensamiento único es preocupante y asustadora.
Nuestra vida particular se empequeñece y deshumaniza, estamos más controlados que nunca, pero como un número, salimos en todas las estadísticas, la de consumidores, de enfermos, de vivos o muertos, de los que sufren accidentes, de los que tienen hijos (uno y medio), de los que beben, de los que fuman, de los que viajan, de los que hacen deporte, de los que leen, de los que ven la tele, estamos en todas partes y en ninguna, somos solo un número en todas ellas.
Si no nos juntamos en pequeños grupos para existir, corremos el riesgo de perder el alma.
Si no sabemos hacia donde nos dirigimos, corremos el riesgo de volvernos anodinos incluso en relación con nosotros mismos.
Que no me impongan un modelo de vida y de pensamiento, no quiero ser capitalista, consumista, modernista, racista, sexista,pacifista, perfeccionista, deportista, ecologista, altruista, vanguardista, egoista, narcisista o ecologista...
¡Solo quiero ser yo!



óleo de Salvador Dalí


viernes, 11 de febrero de 2011

LA PLAZA DE LA LIBERACIÓN

Hoy solo hay un tema posible: ¡Egipto !
No se puede intentar echar un pulso a una multitud llena de rabia y de hambre.
No se puede querer seguir pisoteando la dignidad de un pueblo que se une para decir BASTA.
Es como la ola perfecta, ya no hay marcha atrás, ya solo los puede callar la muerte, y ellos lo saben, y a lo mejor lo van hacer, lo van a conseguir, delante del mundo, con las metralletas ( yo no quiero verlo), o uno a uno, en la oscuridad e ya solos, terriblemente solos y desamparados.
Y la vida seguirá como siempre.
Todavía no sabemos (son las once y media de la mañana ) como va acabar este día, pero yo no quiero un final que nos avergüenze una vez más a todos los que necesitamos libertad — la nuestra y la de los otros, para poder soportar la  película de la Historia en directo.

martes, 8 de febrero de 2011

DE LA DISCRIMINACIÓN Y LA HIPOCRESÍA








óleo de Ensor


                  





Voltaire habló de una estupidez colectiva, más lesiva que la individual: puede llegar a ser muy grave tener la cabeza llena de tópicos y estar totalmente condicionado por el medio.
Hemos dejado atrás casos horrendos de intolerancia generalizada pero por desgracia, en mayor o menor grado, seguimos viviendo instalados en ella. Las leyes van abriendo caminos y esperanzas mientras las conductas sociales siguen sin resistir un análisis objetivo.
Todos sabemos que por regla general las personas no son valoradas por sus virtudes sino por características secundarias, todos sabemos que vivimos en una sociedad injusta y cruel: se discrimina a los feos, como si la belleza fuese un mérito propio e imperecedero; se discrimina a los viejos, como si no fuesen un espejo donde todos tenemos que mirarnos; se discriminan los discapacitados, como si alguien estuviese libre de serlo en cualquier momento; se discriminan los homosexuales, como si no pudiésemos haberlo sido o tener hijos que lo sean; se discrimina a la mujer por un oscurantismo atávico que viene de muy lejos; se discrimina a las personas por el color de la piel o por su raza; se discrimina a los que tienen según que enfermedad; se discrimina a los gordos, a los bajitos, a los torpes, a los bizcos, a los que no tienen dinero, a los que no tienen cultura, a los que no tienen elegancia, a los que no tienen nuestros pensamientos o nuestras creencias, se discrimina, en fin, a todo lo que no participe de nuestro modelo ideal y absurdo. 
Tenemos una visión distorsionada de la esencia del hombre y nos atribuimos virtudes que nos ubican en un escalón más arriba cuando lo único que nos distingue es nuestra pobreza interior. El respeto hacia todo lo respetable es una forma de dignidad, la sabiduría es humilde. "Donde no hay coexistencia hay codestrucción" (Rabindranath Tagore).
Por otra parte, practicamos el doble rasero de exigir a los demás cualidades de que carecemos: hacemos lo que condenamos, defendemos con hipocresía lo que en el fondo no pensamos ni sentimos, mentimos con cinismo sobre conceptos que no tenemos intención de poner en práctica jamás: lacras abominables de una sociedad viciada donde jugamos todos con las cartas marcadas. 


óleo de Toulouse Lautrec



jueves, 3 de febrero de 2011

LA GRAN EVASIÓN







óleo de Picaso


¡No se trata de evadirse de un campo de concentración como en la clásica película de John Sturges!, yo hablo de huir de uno mismo — la escapada más dificil.
Hablo del último libro de Nicholas Carr,  "Superficiales: ¿ qué está haciendo Internet con nuestras mentes?", donde analiza las ventajas y los inconvenientes del uso intensivo de la Red. Según él, sin un auténtico ejercício de lucidez y espíritu crítico, internet pasa de ser un medio de profundizar el conocimiento y la información a todo lo contrario: se pueden perder habilidades creativas, de análisis y reflexión, de pensamiento crítico y originalidad; debilita nuestra capacidad de atención, que es soporte imprescindible de la contemplación, la introspección, la lectura profunda y otras aptitudes mentales importantísimas.
Afirma que permanecemos frente a Facebook o Youtube sin un propósito determinado, a la búsqueda de algo que no encontramos...y que ni siquiera sabemos qué es (!) 
Habla de una posible alteración de nuestro mapa neuronal y de los procesos del pensamiento, "ya solo nos gusta el princípio de las cosas", siempre tenemos prisa, necesitamos efectos imediatos, se producen cambios químicos, adaptaciones físicas posibles por la neuroplasticidad de nuestro cerebro y que persisten al apagar el ordenador.
Por si fuera poco, parece ser que al recibir un mensaje producimos dopamina, la cual nos causa el mismo bienestar que cuando nos drogamos, y también como con cualquier otra adicción, "cada vez necesitamos más basura informática para sentir placer, lo que significa que con el tiempo puede sentirse un placer idiotizante" — dice.
Es obvio que estamos hablando del polo opuesto del uso de la Red con un conocimiento y un criterio seleccionadores, como una oportunidad asequible y valiosa de adquirir conocimientos.
¿ Estamos ante el eterno miedo a lo nuevo, o hay mucho de cierto en lo que afirma gente como Carr o Alessandro Baricco ("Los bárbaros")? 
Los efectos de la Red dependerán a la postre del uso que se le dé, como siempre, de la preparación y madurez de cada uno: está claro que no se puede pedir lo que no se conoce, ni a las Web ni a nada — lo importante va a ser no acabar perdiéndose intentando encontrarse...
Lo que no se puede, o no se debe hacer es convertir en un fin en sí mismo lo que no deja de ser una herramienta.
Manuel Vicent, siempre cáustico, dice que media humanidad mira sentada como la otra media " hace el payaso" (también sentada, supongo...).
¿ Vamos de verdad camino de la deshumanización y la uniformización?
El mundo de la imagen es una hidra de mil cabezas, solo existe lo que impacta visualmente, las tragedias de todo el globo ruedan por las pantallas como nubes de algodón que se van deshaciendo para que vengan más y más; vivimos todas las desgracias del mundo, mientras ignoramos el vecino de siempre, la mano tendida en un semáforo o la mirada desvalida de un mendigo, por ejemplo.
Estoy convencida de que la dopamina on line se libera más que nada por ese " narcisismo posible" de que habla Carr, porque de cierta forma, aunque evadiéndonos, también nos estamos buscando, como siempre, y que su éxito abrumador radica en la ilusión de que nos autoafirmamos, de que no nos diluimos en el vorágine de la vida donde nadie escucha más que su propia voz: en mi ordenador  hablo yo, de lo que yo sé, de lo que yo quiero, de lo que yo sueño, y al final de todo, la soledad. Como siempre.

En medio de tanta información y de tanto bullicio, de tanta búsqueda y de tanto desencuentro, de tanto correr hacia ninguna parte, de no saber lo que se busca y no encontrar lo que se persigue, me quedo con este pensamiento hermosísimo del Bhagavad Gitä:

" La persona en la que todos los deseos se apaciguan como el océano que recibe mil aguas sin desbordarse, encuentra la paz".




pintura de Ando Hiroshige


viernes, 28 de enero de 2011

AQUÉL MARAVILLOSO AÑO





                                                                    Heidi


Corría 1949 cuando yo cumplí cinco años. En casa ya había otra hermanita de un año aparte de la mayor, mi madre era profesora y en aquél entonces la vida en una casa de clase media portuguesa debía ser liosa, (aunque en contrapartida había mucho servicio a precio de vergüenza).
Con estos condicionantes domésticos, mi capacidad de maniobra estuvo bastante despejada, no había demasiado tiempo para centrarse en mi personita,  ¡felizmente!
Al año siguiente cambiámos a la casa nueva, que era en otro barrio, mi madre me metió en vereda y mi vida dió un giro de 180 grados, pero aquél año no me lo quita nadie, es mío y lo guardo como mi primer tesoro en un rincón de la memoria.
Mi padre me llevaba  puesta siempre que podía, creo que por eso hubo entre los dos una complicidad que duró toda la vida. Si le llamaban a horas de sol, me metía en el coche y me soltaba en el campo mientras hacía su trabajo de veterinario, y así descubrí la naturaleza, tocándola, oliéndola, empapándome de sensaciones y descubrimientos tal que una Alícia en el País de las Maravillas: riachuelos saltarines de agua pura y cristalina, árboles en flor o llenas de hojas verdes, de sinfonía de amarillos, ocres y verdes secos o completamente desnudas en el frío invierno; caminitos secretos donde solo cabía un niño, iluminados por la luz mágica de los rayos de sol filtrados por entre las ramas que se encendían con un color que ningún pintor puede pintar; silencios y trinos, cucos, mirlos, gorriones, ruiseñores, canarios, golondrinas que volvían puntuales a su cita con la Primavera; mariposas, grillos, chicharras, perros, gallinas, ovejas, caballos, burros, vacas, cerdos, hormigas, campos de trigo, amapolas y margaritas, lavanda, incienso, hierba buena, tréboles, ortigas, olor a hierba y a humo, paz, armonía, libertad — esto no es prosa poética, es la infancia posible en una niña de los años cuarenta de un pueblo de montaña, medieval para más señas, con castillo y calles de adoquines.
Como no paraba en casa y los juguetes (pocos!) me duraban el tiempo de destrozarlos, tuve otro paraíso para descubrir la vida: la calle donde vivíamos, estrecha, con la iglesia de San Pedro delante y la plaza del Rocío a continuación.
Yo entraba y salía por todas las puertas, el vecindario era como una gran familia, y el nacer y el morir, siempre en la casa de uno y con mucha gente alrededor, hacía parte del bullicio de la vida.
Comía donde me gustaba la comida, que era muy sana en todas partes. Almorzaba muchas veces en casa de la sra. Olinda, la del horno, viuda con seis hijos y un burro que prácticamente vivía con ellos y era como uno más.
Para conversar, me hipnotizaba el zapatero. Un día le convencí que mi madre había dado permiso para llenarme las suelas de las botas con tachuelas, como hacía a la gente que no quería o no podía gastarlas.
Para emociones fuertes estaba la muerte de los cerdos del Joaquín Cojo, que no era cojo, por cierto, y mataba a los pobres animales en plena calle de atrás: yo no me acercaba para ver como salía la sangre a chorros, porque con oír lo chillidos que soltaban tenía bastante — donde sí estuve fué en el velatorio de la sra. Basília, una anciana que solo tenía un diente que le salía de la boca después de muerta; (esa noche ví sombras bailando en el techo de mi habitación, mientras el viento, que nunca me ha gustado, silbó en las ventanas...).
Sabía muy bien que debía volver a casa cuando empezaba a oscurecer, lo que en invierno era prontísimo, pero lo iba dejando hasta que en un momento dado pensaba "de la regañina ya no me salvo", y entonces optaba por acercarme con el resto de la chiquillada callejera a la casa de los gitanos, un bajo enorme sin tabiques donde a esa hora encendían la chimenea y empezaba la juerga.
Por fin regresaba al hogar, con el pelo húmedo del relente, muy negro y muy lacio, las rodillas necesitando más mercromina en las costras de siempre y las manitas sucias y rasposas; abría la puerta que estaba solo entornada, subía las escaleras de madera, cruzaba el largo pasillo y me encontraba en la sala de estar con mi madre y mi hermana la mayor que nunca pisó la calle y siempre estuvo donde tenía que estar, con su enorme lazo en su enorme cabellera. Es curioso, lo único que recuerdo de ella en "la casa vieja", son sus rutilantes lazos.
Lo que nunca olvidé fué que mi padre siempre me abrazaba muy fuerte al llegar, aunque me pillase fea y sucia. 
Luego la criada me metía en la cama y yo todavía luchaba con el cansancio para suplicarle: "¡Cuéntame un cuento, Cesaltina!", y ella me contaba, noche tras noche, los más bellos cuentos que nadie me contó nunca.

Cuando murió António Machado — al otro lado de la frontera, huido y castigado con todas los males  de perdedor de una guerra civil brutal y despiedada, echado de un país, el suyo, que empezaba a lamerse las heridas y a recorrer un camino que sería muy largo y muy duro, de revanchas y ajustes de cuentas, de miedo y miseria — encontraron en el bolsillo de su chaqueta un papel arrugado que ponía simplemente

            este cielo azul y este sol de la infancia 





La casa y la calle de mi infancia

viernes, 21 de enero de 2011

CRÓNICA DEL DESAMOR


obra de Munch


He releído esta pequeña novela, la primera de mi admirada Rosa Montero, y me gustó tanto como hace treinta años.
Se trata de una periodista joven, madre soltera que intenta sobrevivir sola en una España que se despereza de la dictadura, pero que va descubriendo como el uso de la libertad tampoco la lleva a ninguna parte en el campo afectivo y hasta profesional: las mujeres no estaban preparadas para ser libres sin herirse, los hombres no estaban preparados para no herirlas, la sociedad en general estaba muy lejos de haberse quitado de encima los corsés de la época franquista.
Han pasado ya unas cuantas generaciones en libertad y sin embargo todavía no hay una receta para el desencanto, todavía demasiados hombres siguen llevando puesto el chip del machismo o de un feminismo de boquilla, que en la práctica viene a ser casi lo mismo. Hoy en día la mayoría de los matrimonios son la crónica de un desamor anunciado, se tambalea el concepto de casarse para toda la vida, algo está en crisis y no se sabe bien si es la institución, si somos nosotros o si son las dos cosas. Las relaciones de pareja siguen siendo el gran rompecabezas de la afectividad.
El paso del tiempo, las contrariedades de la vida, la mala comunicación (a veces hay un abismo entre las motivaciones de uno y la interpretación del otro), van desgastando la ilusión con que se empieza la andadura. Pronto surge la tentación de querer cambiar la otra persona, de no aceptarla tal como es, y ese error es el principio de un camino sin retorno. También es frecuente  pedir lo que no se está dispuesto a dar — hay que fijarse más en lo que no se da y menos en lo que no se recibe, aunque el amor bien entendido requiere reciprocidad.
Perez Reverte afirma que la mujer lúcida es el único personaje literario que queda: "La capacidad de sorpresa que ofrece el héroe masculino está agotada tras más de veinte siglos de literatura. El hombre, o lo que resta de él, se repite a sí mismo, mientras que la mujer entró en esta centuria haciendo frente a desafíos nuevos, todavía no escritos."
Hay que renovarse, resolver la convivencia de una forma inteligente, consensuada y sin auto engaños, siendo consciente de que la pasión dura poco pero que hay otras formas de querer, de compartir un tiempo amable, unos servicios mutuos, una complicidad sin palabras gastadas, un llegar a no poder imaginar la vida sin la otra persona, porque como dice Núria Chivas, a veces ocurre que "lo que buscaba en los demás era lo que no me daba a mí misma".
Lo que es bien cierto es que vale más querer y dejar de querer que no haber querido nunca.


                     Amor é fogo que arde sem se ver;
                     é ferida que dói e não se sente;
                     é um contentamento descontente;
                     é dor que desatina sem doer;

                     é um não querer mais que bem querer;
                     é solitário andar por entre a gente;
                     é nunca contentar-se de contente;
                     é cuidar que se ganha em se perder;
                     é querer estar preso por vontade;
                     é servir a quem vence, o vencedor;
                     é ter com quem nos mata lealdade.
                
                     Mas como causar pode seu favor
                     nos corações humanos amizade,
                     se tão contrário a si é o mesmo        
                     Amor?

                                                  Luis de Camões 

 
óleo de Marc Chagall


domingo, 16 de enero de 2011

EL BARQUITO DE LA VIDA







óleo de Ando Hiroshige



Cada vida es como una barca, un barquito o un navío, lo mismo da, lo que importa es el viaje.
Cuando se llevan muchos años de travesía y se empieza a divisar tierra a lo lejos, uno sabe que es mejor llegar a la otra orilla que haber naufragado.
Dice el filósofo Jose Antonio Marina que nuestro cerebro tal como es ahora se formó hace 500.000 años, para convivir con grupos reducidos de cien o doscientas personas, y que sin embargo ahora le hace falta desarrollar una inteligencia que sepa tratar con la complejidad sin perder el equilibrio y la estabilidad emocional.
En medio de la parafernalia de la vida actual hay un serio peligro de que la sociedad se encanalle si no hay buenos referentes, además de comunicación y ternura. ¡Y tiempo!
Hoy es tanto lo que requiere la atención de nuestras neuronas que los mensajes son cada vez más breves, más sintéticos, el pragmatismo se impone en todos los campos, se vive en un estado de prisa constante. Cada persona ha de que configurar el mapa de su particular viaje por el mundo bajo una cascada tan brutal de información, que terminará instalada en la duda y la incertidumbre permanentemente.




oleo de Odilon Redon