![]() |
| Miniatura de Jean Fouquet |
Vamos aprendiendo a base de golpes que una condición imprescindible para ser felices es la ausencia de miedo, y por eso aborrecemos a la gente agresiva y sin sosiego, a la que sostiene que no hay mejor defensa que un buen ataque, a la que insulta y ofende, a la que declara guerras unilateralmente y encima piensa ganarlas, a la gente con vidas poco modélicas en la práctica que pretende dar lecciones de moralidad y honradez, a las altas esferas con silencios cómplices en asuntos oscuros, que van de paladines de la transparencia.
Hoy los Mandamientos los pone nuestra propia conciencia, hoy queremos ser libres, pensar con nuestra cabeza, elegir nuestros líderes y nuestro destino.
Manifestarse a favor de la familia tradicional, es como reivindicar la heterosexualidad o el derecho a ser católico, cosas que nunca fueron cuestionadas en sociedad democrática alguna: se puede libremente tener un hogar tradicional y casarse para toda la vida, tener veinte hijos que a su vez pueden hacerse todos curas y además hacer y decir lo que les dé la gana.
Está claro que la cultura y la ciencia nunca gustaron a sus reverendísimas, porque se fundamentan en verdades demostrables, porque son el polo opuesto del oscurantismo, la hipocresía y la estupidez, porque es gracias a la ciencia y a la cultura que la Humanidad avanza, y cada avance del Hombre significa siempre un retroceso de las "doctrinas".
La Historia nos enseña que solo permanece el pensamiento iluminado.
Ahora sus eminencias aspiran, con el poderío de una indiscutible e incomparable capacidad económica, a participar en política directamente a través de un fuerte y aguerrido partido propio, ya no se pueden fiar ni de sus ovejas, repartidas a derecha e a izquierda: España se les va de las manos y hay que enderezar "esta viña desvastada por los jabalíes del laicismo" (Benedicto XVI).
La jerarquía católica sueña con volver a los gloriosos tiempos de la dictadura franquista y hacer de su capa un sayo, siempre en nombre de la verdad absoluta de que tienen la exclusividad, campar a sus anchas y a su estilo — con sus infiernos, sus demonios, sus amenazas apocalípticas, sus castigos, sus chantajes.
¡ Qué duro debe ser vivir en el rencor, anclado en nostalgias y frustraciones!
![]() |
| óleo sobre tabla de Jean Fouquet |






















